EUCARISTÍA Y SACERDOCIO

 

Punto de partida

Si la eucaristía es la fuente y cima de toda la vida cristiana (LG 11; Catecismo IC 1324), a fortiori tiene que ser la fuente y cima de la vida del sacerdote.

 

Lo que pretendemos

  1. Descubrir lo que la eucaristía puede significar para el sacerdote.
  2. Traducir su contenido en vivencia de espiritualidad eucarística hoy

 

EUCARISTIZAR LA VIDA DEL SACERDOTE

Introducción

  1. El aggiornamento
  2. El profetismo liberador (espiritualidad liberada y liberadora)
  3. El seguimiento de Jesús
  4. La nueva evangelización
  5. La pastoreitas con la caridad pastoral

  1. Pienso que la clave hermenéutica de la eucaristía comprende y abarca toda la existencia del sacerdote. Se evitan así las posibles dicotomías que pueden existir en una espiritualidad. Tendremos que verlo.
  2.  

  3. Ayuda a situarnos como sacerdotes dentro de la Iglesia ante posibles dislocaciones o vacíos (obispos y laicos)
  4.  

  5. Nos ayuda a expresar de manera global nuestra identidad sacerdotal desde su verdadera raíz

 

Eucaristizar nuestra vida sacerdotal

Situándonos

 

Puntos a tener en cuenta

El cuerpo de Jesús en función del Reino

El Reino

Cuerpo entregado Reino Soberanía del amor de Dios

Presente ya en Jesús Plenitud futura (esperanza)

Este es el proyecto fundamental de nuestra vida y de nuestra espiritualidad eucarística.

La diaconía del Reino

El misterio pascual

 

Contenidos de una espiritualidad eucarística

 

  1. la comensalidad con Jesús otorga de modo simbólico-real la participación en la salvación que él trajo
  2. con esta participación la "verdadera" comunidad de Jesús se reúne e identifica de forma visible

La eucaristía y la espiritualidad del sacerdote

 

La celebración de la eucaristía como memoria (anamnesis)

Banquete sacrificial

  1. Relación de origen: enraíza el sacerdocio ministerial en el misterio del único y sumo Sacerdote de la nueva alianza, Cabeza del Cuerpo, que es la Iglesia, a través de la continuidad ininterrumpida de la sucesión apostólica mediante la gracia de la ordenación.
  2. Relación de comunión: la relación de origen funda esta comunión del presbítero con el obispo, con los otros presbíteros y con todo el pueblo de Dios.
  3. Relación de misión: esta relación de comunión remite a la Iglesia y al mundo. El banquete no es exponente del ¡qué bien estamos!. Hagamos tres tiendas.

Prenda de la gloria futura

  1. En cuanto el banquete eucarístico se mueve entre el "ya" y el "todavía no", el ministerio de la presidencia comporta una inexcusable exigencia de continua purificación e incesante renovación. Su alimento diario del "pan de los peregrinos" estimula al sacerdote a vivir en constante reforma, a no cerrarse jamás en la seducción de lo alcanzado, de lo ya conquistado. Y todo lo que él tiene que vivir en primera persona está llamado a testimoniarlo y a enseñarlo a todo el pueblo de los peregrinos de Dios. La presidencia de la eucaristía hace del ministro ordenado el maestro y guía de la permanente conversión y reforma de la comunidad eclesial.
  2. Y es en este contexto en el que el ministro ordenado no deberá temer el hacerse voz incómoda e inquietante, ser vigía del venir de Dios, que la eucaristía anticipa y anuncia, y que remueve toda falsa seguridad y toda presunción tranquilizadora. El donec veniat de la celebración eucarística nos tiene que llevar a relativizar toda conquista, midiéndola siempre en relación al último y definitivo cumplimiento, del cual el banquete pascual es anuncio y anticipación, y por ello a reconocer en la pobreza la condición propia de los peregrinos de Dios, de la cual la pobreza del sacerdote debe ser estímulo y signo.
  3. Esta misma experiencia eucarística del "ya" y el "todavía no", lleva al sacerdote, por el hecho de su presidencia, a relativizar todos los presuntos absolutos humanos: la eucaristía es la contestación más fuerte de todo totalitarismo ideológico. Presidir la Cena del Señor exige un servicio de vigilancia crítica por parte del presbítero en las confrontaciones de todas las grandezas mundanas con las cuales el pueblo de Dios está en contacto en su vivencia histórica. Si el sacerdote no se hiciese conciencia evangélicamente crítica de la comunidad eclesial en nombre de la meta última, que la eucaristía anticipa y señala, no daría testimonio de su estar configurado con Cristo Cabeza, Crucificado y Señor de la historia.
  4.  

  5. Por idéntica razón, la denuncia se debe unir al anuncio. Aquél que ha vencido al mundo, y que en la eucaristía se hace realmente presente, es el totalmente Otro que se ha hecho totalmente cercano a la historia del hombre, para transformarla y conducirla a la patria de Dios "todo en todos" (1 Cor 15, 28). Presidir la eucaristía in persona Christi significa por ello que el sacerdote no puede estar fuera de la complejidad de las situaciones históricas, pero en ellas y para ellas tiene que anunciar creíble y significativamente la esperanza del Reino, y orientar hacia ella el caminar del pueblo de Dios.
  6. La santidad del presbítero, enraizada y nutrida por su ministerio de la presidencia en la eucaristía, es la forma más excelsa e irradiante de su anuncio de las realidades nuevas y que aparecen anticipadas y prometidas en el memorial pascual del Señor (Leer LG 41)

 

Francisco Lansac

Seminario de Cáceres 1999

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