PRESUPUESTOS
TEOLÓGICOS Y ECLESIOLÓGICOS
EN
LA PASTORAL VOCACIONAL
- Se me ha
pedido que exponga algunas directrices teológicas y
eclesiológicas que habría que integrar hoy en la
comprensión e itinerario de la promoción de las
vocaciones en la Iglesia y, en general, en la PV. Tengo
que deciros que no me ha resultado en absoluto fácil. Y
digo esto porque entiendo que mi aportación no sería
tanto el expresar desencarnadamente unas posibles líneas
significativas de la teología, de la eclesiología y de
la misma teología del presbítero hoy (por otra parte
quiero darlas por supuestas en vosotros), cuanto el
intuir, el descifrar, el encauzar, el barruntar lo que
ellas pueden suponer en una acción pastoral vocacional
concreta en este momento. Porque, digámoslo claramente:
unas determinadas líneas teológicas y eclesiológicas
llegan a significar algo en tanto en cuanto y en la
medida que van tomando cuerpo en la vivencia,
comprensión y acción pastoral concretas (diría que es
una relación de una dialéctica casi permanente). Por
eso he preferido, siempre con un deseo de realismo,
señalar algunos hechos de referencia que sitúen y
orienten nuestra PV y algunos posibles acentos,
sugerencias y líneas concretas de acción dentro de la
PV. Porque, en principio, me preguntaba ¿qué podría
suponer realmente para una PV el que nosotros hubiéramos
asumido (ojalá fuera así) en toda su profundidad y
belleza el que el sacerdote es el hombre de la Trinidad
(icono de la misericordia del Padre, sacramento de
Cristo, esposo y siervo, seducido por el amor del
Espíritu santo) o que hubiéramos desentrañado toda la
teología del ministerio encerrada en la plegaria de
ordenación(que tanto tiempo ha llevado para su
formulación), o que hubiéramos analizado p.e. el
proceso de cómo Jalones para una teología del
laicado de Congar desembocó en una autocomprensión
de la Iglesia como comunión(ejemplo precioso de la
relación entre theoria y phronesis), o que
describiéramos la realidad de la Iglesia como misterio,
comunión, misión (en una línea abierta como la de M.
Kehl) o como sal de la tierra (como lo hace el libro de
Ratzinger), o que hubiéramos descubierto al menos en sus
rasgos principales el paradigma de la nueva
evangelización (Luis Rubio: Seminarios), o que nos
inclinásemos por un humanismo de encarnación o por un
humanismo escatológico (J. Courtney Murray),
si...,inicialmente, no hemos resuelto p.e. el "con
quiénes", el dónde, el cuándo y el cómo del
proceso mismo de la convocación, si no nos hemos
planteado desde una base bien estudiada el problema de la
comunicación en nuestra sociedad o la relación de la
motivación individual con el condicionamiento
sociológico? Por eso me atrevo a sugerir como preámbulo
que, en nuestro trabajo vocacional, en un primer paso
tendríamos que empezar por trazar bien los planos de la
pastoral vocacional (perfil evangelizador del agente de
PV, contexto posibilitador de la convocación, proceso
formativo y dicernidor de la vocación, mantenimiento
vivencial y ministerial de la vocación) y en un segundo
desembocar en una visión globalizadora o en un documento
base de la PV, resaltando la interrelación sinfónica
entre todos sus elementos, niveles y estructuras,
dimensiones....Y para todo esto barrunto que lo que hoy
necesitamos son nuevos modelos de análisis no sólo para
el hacer de la PV sino para el mismo ser de la PV. Por
supuesto, esto no lo vamos a hacer ahora.
-
- Y desde
esta advertencia e intentando asumir, como trasfondo y
con metodología casi de hipertexto, algo de la
reflexión bíblica, teológica y eclesiológica
actuales, la innegable experiencia que nos puede dar el
trabajo diario en este campo, los desafíos y las
indicaciones que supone en la actualidad la realidad
cultural en la que estamos inevitablemente inmersos,
podemos intentar simple y humildemente pensar en alta voz
algunos aspectos, sólo algunos, posiblemente no del todo
bien situados, tal vez necesitados de más reflexión o,
con cierta dosis de audacia, tal vez en alguna medida
barruntados.
-
- Y porque
quisiera evitar que ya de antemano pudiéramos presentir
un cierto escepticismo o desánimo por lo que nosotros
mismos hemos llegado a percibir en nuestro propio trabajo
vocacional hasta el momento, tal vez dando excesivas
vueltas sobre lo mismo y con la sensación de necesitar
nuevos horizontes, me adelanto a decir que hemos de tener
pacientemente asumido que en la PV cualquier intento
serio de trabajo desde perspectivas bíblicas,
teológicas y eclesiológicas renovadas, renovadoras y
con un deseo de integrarlas (nunca desencarnadas de todo
el "organismo vivo" que encierra la misma
dinamicidad de la historia y del hombre) lleva consigo un
ritmo de penetración, de apropiación y de asentamiento
que supone un período largo de tiempo e incluso diría
que trasciende generaciones. Pensemos p. e. en la riqueza
teológica y eclesiológica del mismo concilio Vaticano
II en buena medida todavía no desentrañada y menos aún
asimilada y consolidada.
-
- Podemos
empezar pues por preguntarnos: ¿por dónde, en cualquier
caso, podemos dirigir nuestros pasos con un cierto
realismo o, al menos, con una cierta sensación de estar
en el buen camino?
-
- Creo, en
primer lugar, que, para poder asumir e integrar con una
cierta garantía las perspectivas bíblicas, teológicas
y eclesiológicas de un momento histórico, y tan plural
como es el nuestro, incluso dentro de la misma teología
y eclesiología, hay que empezar por diseñar su
correspondiente y bien fundado proyecto marco de PV a un
plazo medio y largo de tiempo, expuesto en todo momento a
ser contrastado y, por tanto, con unas estrategias
flexibles de acción. Daos cuenta que, sin menoscabo de
un deseo y de una realidad de sintonía eclesial, se
trata de proyectar la persistencia y la metamorfosis de
la vocación en y desde un modelo
"antropológico-teológico-eclesiológico
global" lo más significati-vo y abarcante posible y
realística y coherentemente diseñado (aquí sí
necesitamos el saber trabajar juntos). No hacerlo así,
diría que ya nace muerto o medio muerto. Por supuesto,
con el inconveniente presunto de que nuestros seminarios
mientras tanto puedan quedarse vacíos o semivacíos o
tengan que quedarse vacíos y ser sustituidos por otras
posibles alternativas. Pero, al mismo tiempo, sabiendo
muy bien también el por qué del medio y largo plazo y
el proceso que ello lleva consigo, ya que puede servir
como cómoda excusa de ralentización en nuestro trabajo
vocacional o podemos perder el tren por carecer de un
planteamiento lúcido y global. Sabemos bien que la PV no
será nunca una plataforma constituida sino un estar
siempre en camino de respuesta pastoral a los avances
antropológicos, bíblicos, teológicos y eclesiológicos
que se van dando y, también, ¡cómo no!, a la inversa.
-
- Y para
podernos situar en esta perspectiva, hemos de estar muy
convencidos de que la pastoral vocacional nunca la
debemos afrontar como un compartimento estanco en la
realidad global de la Iglesia, por muy bien que hayamos
podido estructurarla. Aquí ni vale el evangelizador
francotirador ni vale la parcela francotiradora. Dado que
ahora tenemos problemas con la promoción de vocaciones
vamos a ver cómo resolvemos el problema vocacional por
sí mismo. Corremos el riesgo del efecto bumerán.
Podríamos y podemos ir dando soluciones, ciertamente,
sobre todo en lo referente a posibles estrategias de
pastoral juvenil-vocacional, pero quedarnos ahí sería
una solución más bien provisional y creo que muy de
emergencia, aunque a lo mejor y en principio tenga que
ser así o conformarnos con que tenga que ser así hasta
que podamos ver con más claridad y horizonte.
-
- Aunque
nunca con pretensiones exclusivistas, creo que, desde la
línea eclesiológica actual, ha de ser objetivo
prioritario en nuestra PV el que poco a poco todos los
agentes pastorales vayan sensibilizándose, tomando
conciencia y lleguen a expresar claramente la necesidad
del ministerio presbiteral en la Iglesia (ahora no es el
momento de explicitar o de cuestionar algunos contenidos
de ese ministerio, sobre el cual empiezan a aparecer
buenos estudios bíblicos y el proceso de su
configuración en la Iglesia primitiva). Creo que ya ha
llegado el momento de tomarnos mucho más en serio este
desafío porque es constituyente. Si es cierto que la
necesidad de vocaciones sacerdotales parece apremiar en
este momento, sobre todo en algunos lugares, esto al
menos tendría que llevarnos a todos a hacer ver y a
expresar responsable y taxativamente la necesidad de una jerarquización
de las tareas pastorales. Quizá sea por aquí por
donde tengamos que empezar en el compromiso diocesano o
institucional de la PV: ser conciencia de y concienciar
sobre esta realidad.
-
- ¿Dónde
puede estar el quid de nuestros planteamientos
vocacionales, teniendo en cuenta lo que acabamos de
decir?
-
- En primer
lugar, hay que advertir que seguiremos en el mismo
impasse vocacional actual si creemos suficiente o nos
detenemos en el o por el hecho real de que vayan
surgiendo algunas vocaciones, podríamos decir que,
dentro del contexto social y cultural en el que nos
encontramos, casi casi caídas del cielo. Tampoco nos
puede servir como paradigma de nuestra actuación (al
menos en su globalidad) el análisis de instituciones que
de hecho parecen tener bastantes vocaciones, y de las que
no solemos analizar nada más. Está bien y podemos
sentirnos en parte satisfechos de que nuestras tentativas
(y no digo metodologías) y nuestro empeño vocacionales
vayan dando algunos frutos. Pero creo que de ninguna
manera nos podemos conformar con ello. De hecho, más
bien estaríamos expuestos a seguir experimentando las
consabidas frustraciones. Hoy, las energías gastadas y
los resultados no suelen ir a la par, por mucho que
hayamos asumido de antemano que tiene que ser así. Y en
la actualidad necesitamos y mucho racionalizar también
las energías
-
- Por otra
parte, hemos de estar convencidos (es la expresión
práctica y clásica de nuestra esperanza teologal ), de
que la buena siembra, y digo buena, no es algo carente de
importancia o no exprese un cairós vocacional. Ese
convencimiento debe mantener siempre muy vivo nuestro
aliento, salero y convicción vocacional. Está prohibido
el pesimismo pastoral. Es de esperar que nuestro buen,
persistente y sistemático trabajo vaya trayendo consigo
una maduración teológica y eclesiológica en las
futuras generaciones y que sin duda dará sus frutos,
también vocacionales. Y tenemos derecho a decir esto
porque de hecho todavía hoy seguimos como tónica
bastante generalizada con el lastre de un "paradigma
teológico y eclesiológico en gran parte
prevaticano" que sin duda acarrea su déficit, su
dificultad en la clarificación de la PV. Y esto creo que
no es una excusa, al contrario, creo que es un desafío
bien patente y que nos indica por dónde tenemos que
dirigirnos. Escuchemos simplemente a nuestros sacerdotes
cuando expresan las dificultades de su acción pastoral
más allá de una religiosidad todavía marcadamente
convencional, tradicional, puntual y descomprometida.
-
- Sobre todo
en la PV, aunque no únicamente en ella y debido al
cualitativo cambio cultural de este final de siglo, hemos
empezado a ver agudizadas y a sentir el peso de ciertas y
persistentes hipotecas teológicas y eclesiológicas del
pasado, y en la práctica nos damos cuenta de que no
logramos, a pesar de nuestro mucho esfuerzo, reciclarlas
y encajarlas bien no sólo en la concepción eclesial del
momento sino también y sobre todo en la situación del
hombre actual y, correlativamente, en la realidad del
muchacho de hoy. Hemos de pensar que no son ociosos ni
mucho menos los esfuerzos que se están haciendo a nivel
de Iglesia en línea de iniciación cristiana (ved el
Directorio de la CEE), de catecumenado, de Acción
Católica, de la acción caritativa de la Iglesia, de la
misma PV, puesta a punto del lenguaje teológico y
pastoral, pastoral familiar... Todo ello responde a algo
y supone la necesidad de un viraje necesario, diría que
en casi todas las realidades eclesiales. De ahí la
sensación de estar en este momento moviéndonos en una
cierta intemperie pastoral. Creo que necesaria y, sin
duda, enriquecedora y provocadora vocacionalmente
hablando.
-
- Todo ello
también nos tiene que hacer ver, o al menos aceptar que
al joven cristiano de hoy le tiene que resultar
dificilísimo descubrir el ministerio presbiteral si no
existe la conciencia ni la expresión práctica del
"ministerio de toda la comunidad eclesial"
(Iglesia ministerial). El ministerio presbiteral no puede
ser algo desenganchado de la propia dinámica de una
Iglesia que es de por sí y tiene que aparecer como
sacerdotal. Es o tendría que ser, digámoslo así, la
sazón espontánea y natural del ministerio de toda la
comunidad. Aún estamos lejos de ello. De ahí y desde
aquí la importancia de una verdadera formación de los
laicos, aunque hoy ésta sea una expresión casi
desgastada . No sólo hemos de entrar en un proceso de
educación para su vocación laical sino concienciarles y
buscar los cauces pertinentes y necesarios para que ellos
se vayan viendo y se vayan expresando como la fuente de
todas las vocaciones y carismas en la Iglesia. Por eso
una PV seria tendrá que ir preparando sobre todo
verdaderos cristianos con sus correspondientes
responsabilidades de compromiso vocacional y de carisma
en la edificación de la Iglesia. Habrá que precisar
mucho más la realidad de la vocación como don
(demasiado instrumentalizado) ya que el don de Dios pasa
necesariamente por las mediaciones concretas del mismo
ministerio y desarrollo comunitario. Por eso, en una PV,
tenemos que preguntarnos: ¿dónde hemos de invertir
realmente nuestras energías?
-
- Desde esta
misma perspectiva, no podemos olvidar que en el
plantea-miento vocacional para el sacerdocio, que muchas
veces analizamos y valoramos sobre todo desde el número
para justificar métodos o para rectificar posibles
carencias vocacionales, hemos de ir tomando conciencia de
que no es exclusivamente, ni mucho menos, el número de
sacerdotes sino la misma realidad de la concepción del
presbiterio diocesano la que está demandando un nuevo
planteamiento, y he dicho que no especialmente para hacer
frente a la escasez de sacerdotes, sino porque la misma
presencia sacerdotal y el mismo ministerio en la
comunidad creo que tienen que cambiar y por ahí apuntan
las eclesiologías. Y eso llevará sin duda alguna a una
nueva comprensión del ministerio presbiteral, por
supuesto mucho menos cargado de ribetes individualistas,
limitaciones territoriales y tareas instrumentales
¿Cómo tiene que estar "plantado" el
presbiterio en la realidad diocesana, no sólo en línea
de organización sino sobre todo eclesiológicamente
hablando? Por cierto y, aunque desde otro plano, esto nos
atañe muy directamente a nosotros en nuestra PV ya que
una nueva visión del presbiterio tiene una gran
incidencia en la formación de los futuros sacerdotes (Os
recomiendo y creo que merece la pena que leáis el
artículo de Michael Theobald, El futuro del
ministerio eclesial. Perspectivas neotestamentarias ante
el bloqueo actual: Selecciones de Teología 149
[1999] 10-17. Me parece fundadamente sugestivo para lo
que acabo de decir)
-
- Con todo
lo que he dicho hasta ahora, ¿qué indicativos
podríamos señalar para nuestra PV?
-
- Quizá hoy
se necesite un cierto corrimiento y una ampliación de
campo en la PV. Si bien hemos de suponer que siempre
existirá y tendrá que existir la pastoral directa con
los niños, jóvenes y adultos en línea de una opción
vocacional en la Iglesia, creo que en este momento hemos
de insistir y hasta encauzar la formación bíblica,
teológica y eclesiológica serias de todos los agentes
de pastoral. Por ahí debe comenzar nuestra pastoral
vocacional y por ahí podrá ir expresándose y cuajando
lo que significa realmente la Iglesia-comunión en un
proyecto común y el ver que un carisma no lo monopoliza
una institución sino que lo proyecta y comparte. Porque,
podemos estar seguros, según sea la concepción
bíblica, teológica y eclesiológica con la que se
catequice y evangelice, así será la concepción y
también la respuesta vocacional. Esto nos exige a
nosotros salir al encuentro, concienciar, compartir y
orientar el trabajo de los agentes de pastoral diocesanos
(mucha más inserción diocesana, en el sentido de
creadores de cultura vocacional en la diócesis)
-
- La
situación teológica y eclesial actuales, con todas sus
limitaciones y con todos sus posibles flancos débiles
que siempre existirán, es fruto de un largo proceso de
maduración que todavía no ha llegado a asentarse con
cierto aplomo en la realidad de nuestra comunidad
cristiana, aunque, qué duda cabe, se van dando
importantes pasos. No nos debe bastar el conformismo de
expresar vagamente la existencia de diferentes modelos de
Iglesia y de modelos sacerdotales. Una pastoral
vocacional comprometida sobre todo tiene que saber
expresar a sus destinatarios las líneas básicas, las
síntesis bíblicas, teológicas y eclesiológicas
actuales contextualizadas con sus correspondientes
actitudes y criterios existenciales que comportan
("cristianos de teología fundamental", como
decía Pablo VI) , sin que nos importen demasiado los
atascos de realismos sociológicos que vamos viendo en la
comprensión religiosa de muchos, en los que sin duda
existen paradigmas casi congénitos que ya corresponden
al pasado y que resultan difíciles de actualizar o
cualificar. Esto no debe ser óbice para seguir
insistiendo y convergiendo en los criterios, que
encontrarán resistencias, incluso dentro de nuestro
mundo clerical. Aquí la duda podría radicar en si
nosotros mismos hemos ido evolucionando a la par de la
maduración antropológica, bíblica, teológica y
eclesiológica actuales. Pienso que en ese posible
desequilibrio pueden fraguarse algunos de nuestros
desánimos y ello sin duda tiene que suponernos, no un
desaliento, sino un desafío que sin duda alguna también
es vocacional.
-
- Igual que
en la personalidad, el crecimiento bíblico, teológico,
eclesioló-gico y pastoral tiene que tender a ser
armónico. No puede haber desniveles acusados entre una
teología, una eclesiología, una pastoral y una
comprensión actual del hombre. De ahí la necesidad de
que conceptos tan fundantes como el de Reino, como el de
seguimiento, como el de misión, como el de desarrollo
integral del hombre sean claves interpretativas de la fe
y de la vocación. Y en estos conceptos es donde se
necesita lo que podemos llamar una "evangelización
de choque", no de enfrentamiento y apología, para
que la realidad de la Iglesia no quede difuminada en una
ecumene insustancial o quede absorbida en el mismo
metabolismo y fagocitación sociales.
-
- Para ello
es muy importante una clarificación de lo que es la
respuesta creyente. Creo que es eje fundamental de la PV.
No se puede pasar por alto que el seguir, el responder a
Jesús consiste en continuar nuestro camino (en el
contexto que nos ha tocado vivir, no peor que el de los
areópagos paulinos, por ejemplo) "de la misma forma
como él recorrió el suyo"; habérselas frente al
mundo y frente a la historia como Jesús se las hubo,
tener frente a la realidad rebeldía y esperanza, utopía
y realismo, indignación y ternura, lucha y
contemplación, y todo desde la perspectiva del Reino
como centro de todo. ¡Ojo!. En una PV es muy
importante el hacer ver que Él ya hizo su camino, hace
casi 2000 años, y nosotros no lo vamos a repetir, porque
aquel mundo ya no existe. La imitación y las recetas
repetitivas no sirven, porque estamos en otra parte del
camino, en este otro tramo, y queremos ser fieles
creativamente, tratando de hacer no lo que él hizo,
sino lo que él haría hoy aquí, es decir, creer hoy
y aquí como creería él, con su misma "espiritualidad
del Reino". Por aquí es por donde yo creo que
debemos dirigir nuestra PV. Creo que ésta es la
traducción de la audacia apostólica, de la que nos
habla don Manuel.
-
- Y desde
aquí hemos de plantear la realidad vocacional en el
contexto de la cultura actual. Si bien es verdad que en
el seguimiento de Jesús ha de existir siempre "un
contenido y un estilo de choque", también es verdad
que no podemos saltar por encima de nuestro anidamiento
cultural. Es verdad que hay manifestaciones culturales
que podríamos calificar, tal vez ingenuamente, de
efímeras (pensemos en la condición posmoderna), pero
siempre dejan su poso y sus cicatrices que hace que el
hombre vaya cambiando en su urdimbre y configuración
humana y religiosa (por cierto, veo muy difícil una PV
hoy sin un conocimiento serio y sistemático de lo que ha
supuesto y supone la posmodernidad para nuestra pastoral
vocacional) . No surgirán vocaciones que vean que tienen
que servir al hombre que ya no existe, si es que se puede
decir esto (lo digo nada más que en una forma
ponderativa). Primero porque así difícilmente puede
existir ninguna seducción vocacional y, segundo, porque
uno pone en juego su vida por algo que merece la pena y
que está ahí delante como realmente es. La afirmación
de que el hombre siempre será hombre, con toda la verdad
que pueda encerrar, y la afirmación de que uno
sencillamente se siente seducido por Dios, me parece que
puede sonar a una eventual evasiva en línea vocacional.
-
- Y desde
estos cauces hemos de recuperar mucho más empuje
esperanzador en nuestra PV. Hemos de pensar que a nivel
humano y eclesial, sin hacer nunca dicotomías,
sencillamente estamos en lo que podríamos llamar crisis
de crecimiento. Y digo crisis de crecimiento porque creo
que hay signos palpables que van apuntando hacia un
futuro más espléndido. Cada vez estoy más convencido
de lo que ya hace muchos años decía T. de Chardin: el
futuro de la humanidad es la conciencia de Dios. Y por
ahí creo que se van dando los pasos y despuntando signos
de preñada esperanza: pensad, p.e., en los
decantamientos actuales de una buena parte de la ciencia,
pensad en la psicología transpersonal con toda su carga
religiosa y "el modelo antropológico global"
(Ken Wilber, Un Dios sociable, Kairós 1988)que se
va fraguando, pensad en las nuevas líneas de la
sociología basada en necesidades muy básicas del hombre
(Erzensberger), pensad en las concepciones holísticas
del mundo con su carga de interreligiosidad, pensad en
los pasos que se están dando en la eclesiología
ecuménica hacia una fraternidad mundial centrada sobre
la vida en toda su pluralidad, pensad en el esfuerzo y en
la acción de tantas ONGs y de tantos voluntariados con
sus signos del Reino, pensad en el cambio que la
ecología está apuntando desde una justicia social a un
compromiso cósmico, pensad en la "nueva
inocencia" del hombre de la que nos habla bellamente
Panikkar en el cruce cultural de oriente y occidente,
pensad en el buen y de gran nivel trabajo de nuestros
hermanos de Roma en los ciclos de conferencias "Fe y
cultura". Por ejemplo, los de este año bajo el tema
"Rumor de Dios" (García Baró, Eugenio Trías,
Gianni Vattimo)..., y esto está ahí por mucho que ahora
vayan apareciendo las diversas refriegas y escaramuzas de
las levedades del ser en su diversidad de expresiones,
sobre todo en el mundo juvenil. Es un camino que no se
puede pasar por alto. Y lo que sí es verdad es que estos
nuevos pasos llevan consigo un precio y nos van apuntando
el hacia dónde. El precio de nuevas responsabilidades. Y
una PV tendrá que intuir, descubrir, asumir e intentar
expresar esas nuevas responsabilidades. Y no os extrañe
que diga todo esto. Lo digo porque también creo que
entra de lleno en la comprensión teológica y
eclesiológica. Las concepciones teológicas y
eclesiológicas no son asépticas en sí mismas. De otro
modo la PV puede caer en una ilusión óptica de su
propia comprensión de la vocación. Así lo veo incluso
en muchas de nuestras aportaciones vocacionales y en
planteamientos vocacionales simbólicos demasiado
"regionalizados" y esta palabra no la entiendo
en sentido territorial: programa del Congreso de PV de
los Rogacionistas del próximo verano en Brasil. El
seguimiento de Jesús siempre estará situado.
-
- Y podemos
preguntarnos, siempre con mucha cautela: ¿y por dónde
parece que van apuntando las nuevas responsabilidades?
-
- Pienso
que, dentro de las aspiraciones del hombre actual y para
no desvirtuar el contenido vocacional, siempre un
peligro, hoy hemos de profundizar en la formulación y
vivencia de la "debilidad" de Dios hecha
misterio, silencio, oscuridad, kénosis, cruz, amor
desposesivo y gratuito, misericordia sin límites (bien
lo han intuido los grandes pensadores judíos actuales:
Bloch, Rozensweig, Levinas..) y también teólogos serios
(Bruno Forte, W. Pannenberg...). (Me parece bueno en esta
línea y desde un punto de vista bíblico el libro de
Etienne Babut, Le Dieu puissamment faible de la Bible,
Du Cerf 1998). Igualmente hoy hemos de profundizar en la
vivencia de la "debilidad" de la Iglesia en su
servicio samaritano, desprendido, misericordioso y
ecuménico al Reino. Creo que por ahí tiene que
dirigirse e ir tomando cuerpo lo que hoy llamaríamos una
virtualización teológica y eclesiológica que
sirva de base a nuestra comprensión de la vocación con
su correspondiente formación y ejercicio pastoral
-
- La PV
tiene que estar encauzada a crear una conciencia
comunitaria de pertenencia a un grupo eclesial que tiene
claras sus referencias de identificación (sobre todo
teológicas) y su "propia mística de grupo", y
esto a pesar de que esa identificación y esa mística
tienen que estar abiertas a una cosmovisión que acepta
sin miedo el pluralismo inconmensurable de nuestra
cultura y hasta el politeísmo de valores, y tal vez
hasta la transversalidad de una poligamia cultural y
ecuménica. Como la Iglesia primitiva integró el
catálogo clásico de virtudes en la doctrina cristiana
de la virtud que culmina en la tríada paulina de fe,
esperanza y caridad, así la ética cristiana actual debe
abarcar todo lo que es verdadero en los razonamientos
morales más allá de los límites formales de la misma
cristiandad. Desde aquí y sólo desde esta comprensión
comunitaria entendería eso que se habla hoy de la
necesidad del "microclima" del seminario. Puede
ser una expresión ambigua. Sobre todo porque hoy en
nuestra pastoral cargamos demasiado las tintas sobre las
contradicciones y negatividades de la sociedad en vez de
salir al encuentro con una actitud positiva, de
iluminación, de oferta salvífica y sobre todo de
esperanza en la acción salvífica de Dios sobre el
hombre.
-
- Necesitamos
una genuina, seria y audaz teología del presbiterado.
¿Qué quiero decir con esto? Hemos de ir aclarando lo
específico de este ministerio ordenado (por razón del
orden y del mismo ministerio) (LG 28) (algo bastante
orientativo nos ha hecho Román Sánchez Chamoso en Iglesia-comunión
e Iglesia ministerial). Sólo desde este presupuesto
podremos reflexionar sobre puntos que sin duda habrá que
afrontar en algún momento y que pueden tener en su día
su incidencia notoria en la PV.
-
- No puedo
dejar de señalar, aunque sólo sea insinuando, la
importancia en la PV de tres elementos que creo que no
podemos pasar por alto hoy: el potencial de la sociedad
mediática con todas sus virtualidades de aplicación en
la pastoral vocacional, la recuperación en nuestra
pastoral de la dimensión de la belleza de la fe.
Creo que es asignatura pendiente desde los inicios
llevados a cabo por Von Balthasar y raramente
proseguidos. Por ahí van despuntando signos que van
alentando la posibilidad de la convocación. Y, por
último, toda la problemática lingüística actual con
su gran incidencia en la pastoral. Somos hombres de la
palabra, no podemos olvidarlo. Quizá para iniciarnos nos
sea de provecho leer el libro de José Antonio Marina, La
selva del lenguaje (Anagrama) y, por supuesto, aunque
cueste bastante Verdad y método de Gadamer
-
- Aprender
también p. e. de las dinámicas de las ONGs y de todos
los voluntariados. Si su "teología", entre
comillas, suele ser desinstitucio-nalizada e innominada,
y generalmente fundada en la propia conciencia de uno,
hemos de valorar y aprender de su dinámica, llamémosle
"misionera", sin duda mucho más de Reino que
de Iglesia, con su positividad y su negatividad. Hemos de
aprender de las características de su convocación y de
las direcciones y contenidos de sus compromisos. Y las
ONGs en sí mismas deben interpelar a nuestra PV viendo
cuáles pueden ser nuestras ofertas significativas y
cuál debe ser la carga ecuménica, cultural y de
justicia solidaria de nuestros planteamientos
vocacionales.
-
- Una PV hoy
tiene que ser a la fuerza arriesgada. Arriesgada porque
tiene que empezar a invertir en diversas áreas previas a
un objetivo que tradicionalmente se ha visto como propio,
directo y específico (áreas de formación cristiana y
catecumenal a nivel de familia, de parroquia, de grupos,
de instituciones). Arriesgada porque sabe que hoy
difícilmente puede trabajar satisfactoriamente con unos
destinatarios directos sin "violentar"(entre
comillas) de alguna manera sus propias concepciones,
dinámicas y obstáculos familiares, sociales, culturales
y hasta religiosos. Arriesgada porque supone una
virtualización armónica del mundo religioso desde muy
diversas esferas: ciencias del espíritu, estudios
bíblicos, teología, moral, ciencia, información,
globalización de la cultura, ecología cósmica,
ecumenismo global...Arriesgada porque la misma teología
y la misma eclesiología nunca serán ya una realidad
uniformemente asumida. El sentido de comunión llevará
en adelante una cierta intemperie ideológica y una buena
dosis de pluralismo porque la fe expresará con mucha
más fuerza la responsabilidad de la personalización y
de la conciencia.
-
- Los
carismas de las instituciones tendrán que girar en una
doble dirección: por una parte tendrán que estar
ahondando permanentemente en su propio servicio eclesial
y por otra tendrán que insertarse decididamente en la
búsqueda común, y sin duda cien por cien vocacional, de
respuestas y esperanzas para el hombre de hoy. Es verdad,
por tanto, que los carismas siempre existirán en la
Iglesia y en la misma sociedad, pero nunca desgajados de
las necesidades fundamentales que supone una Iglesia
plantada en una sociedad que busca y hoy está
necesitando de "cosmovisiones" del hombre, de
la realidad y de su condición ético-moral, y esto a
pesar de que la posmodernidad, que tanto ha calado en la
juventud y en el estilo de vida actual, vea estas
cosmovisiones simplemente como unas metanarrativas
vacías de sentido.
-
- Y,
finalmente, no quiero dejar de señalar que en una PV me
parece importante estar atentos a todo lo que nos puede
servir de ayuda desde fuera, desde los propios logros de
la cultura. Solemos dar vueltas en un ámbito demasiado
cerrado y hasta demasiado clerical. Por eso, y sólo como
ejemplo, me atrevo a indicaros alguna pista como puede
ser la del libro del psicólogo Daniel Goleman, La
práctica de la inteligencia emocional (Kairós), y
no es que sea nada del otro mundo aunque haya sido un
best-seller. Pero nos habla del éxito o fracaso vital
(podemos parafrasear estas dos palabras en éxito o
fracaso vocacional) en habilidades que tienen que ver con
la capacidad de conectar con los demás persuasivamente.
¿Y a qué viene el que os indique esto? En este caso
concreto, creo que pueden ser también importantes los
programas integrales de inteligencia emocional que va
exponiendo para que nosotros también aprendamos, no
sólo a estructurar los contenidos, sino también a saber
vehicular la realidad humana, teológica y eclesiológica
de la PV. Y esto, como os he dicho, sólo como ejemplo,
ya que se podrían multiplicar en muchos ámbitos de la
cultura humana.
-
- Y estos
han sido algunos puntos orientativos o sugerentes que me
ha parecido importante señalar y compartir. No sé si me
he desviado de lo que se me indicó y de lo que vosotros
podíais esperar, pero no veo otro modo de integrar en la
PV los presupuestos teológicos y eclesiológicos
actuales.