HOMILÍA DEL SEÑOR OBISPO

EN LA APERTURA CURSO SEMINARIO 1999-2000

Inauguramos hoy un nuevo curso en nuestro Seminario. Y lo hacemos con esperanza aunque en el orden vocacional sean los nuestros tiempos otoñales. Como en la naturaleza, también en la sociedad y en la Iglesia hay otoños y primaveras. Lo que se nos pide es sembrar con esperanza y esperar la lluvia que da el tempero a la tierra.

Iniciamos el curso invocando al Espíritu Santo, "Señor y dador de Vida" En la tradición bíblica el Espíritu asume la imagen del agua, de la lluvia: "El Señor nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su fruto". En uno de los himnos de estos días de Témporas rezamos en la liturgia de las horas: "Y sacaremos con gozo/ del manantial de la Vida/ las aguas que dan al hombre/la fuerza que resucita".

En el seminario se preparan los futuros pastores del pueblo de Dios que peregrina en nuestra Diócesis. El Plan de Formación contempla una formación integral: humana, intelectual, espiritual, comunitaria, pastoral.

Permitidme subrayar, aunque sea a vuelapluma, algunos aspectos de cada una de las dimensiones de esta formación:

Formación humana, para crecer en calidad humana. Ello exige:

Crecer en sensibilidad para dejarse conmover por todo lo bello, lo noble, lo que engrandece y dignifica al hombre; para rebelarse ante todo lo que degrada y envilece a lo humano.

Crecer en libertad. La libertad que es compañera inseparable de la verdad y que no se vende por nada, ni por nadie. Como ya enseñaba el Gran Inquisidor de Dostoyesky los hombres clamamos por la libertad, pero en realidad a nada tememos tanto como a la libertad y, por eso, estamos dispuestos a venderla por un poco de pan, de éxito, de poder o para satisfacer cualquiera de nuestras apetencias inmediatas.

Crecer en capacidad de relación y encuentro con los demás, aunque sean diferentes. El mundo en que vivimos y hacia el que nos encaminamos va a ser un mundo cada vez menos homogéneo y más plural. Cuando somos capaces de aceptar al otro como distinto experimentamos algo de la acción creadora de Dios que a cada cual nos hace diferentes y que hace que el otro sea.

Crecer en capacidad de diálogo: Dios, para entrar en diálogo con el hombre, empezó poniéndose en el lugar del hombre, haciéndose hombre sin dejar de ser Dios. Y así, en el gesto más exqusito de empatía y simpatía, asumiendo todo lo que somos, a excepción del pecado, pudo ofrecernos gratuitamente todo lo que El era y traía.

Creced, queridos seminaristas, en transparencia. El que es transparente se deja conocer, se manifiesta como es, desde la persona y no desde el personaje o personajillo que pretendemsos representar. Cuando nos aceptamos como somos, hacemos posible el ser modificados.

Creced en servicio, en disponibilidad, en generosidad, en magnanimidad, en honradez en lealtad, en la finura y señorío que nace del ser y no del tener

Formación intelectual: Parece que el estudio serio, hondo y riguroso no es una de las características más sobresalientes del estudiante de hoy.

Todo hombre ha de ganar el pan con el sudor de su frente, y el estudio es el trabajo propio del estudiante, su contribución de justicia a la sociedad.

El estudio abre la mente hacia el conocimiento del mundo, de los otros, de Dios. Estudiar es un acto de esperanza. En un mundo en el que la realidad se identifica con la publicidad, el estudio nos hace críticos ante los errores del pasado y ante los engaños del presente. Al estudiar entramos en relación con las mejores aportaciones intelectuales de la humanidad y, encaramados sobre ellas, podemos descubrir nuevos horizontes, nos capacitamos para responder a los desafios del futuro. Estudiar es aprender a escuchar: El que escucha aprende a captar los ruidos del silencio, "la soledad sonora", y descrubir las estrellas en medio de la noche. Estudiar es hacerse preguntas: Las preguntas son los acicates que impulsan al hombre -" ser de honizontes" le llamaban los griegos- a transcenderse. Frente a un mundo que unidimensionaliza al hombre reduciéndole a productor-consumidor de sus propios productos, el estudio da fecundidad. Cuando se vive a flor de piel, sin transcender las apetencias inmediatas, no se vive, se vegeta; nos viven la vida desde fuera.

Adquirid un conocimiento básico de las ciencias experimentales; lograd un buen comocimiento de la filosofla, de la historia, de las mejores expresiones artísticas y, en general, de todas las ciencias del hombre. Y , sobre todo, procurad conocer lo mejor posible nuestra tradición de fe y los fundamentos de la misma. Y hacedlo con la pasión de quien ha descubierto que el fundamento último de nuestra existencia tiene nombre de Padre y es Amor que manifiesta su gloria y su belleza en el don de si mismo, en el Hijo, "resplandor de la gloria del Padre" y en la comunicación del Santo Espíritu. que nos plenifica haciéndonos hijos en el hijo y, por tanto, hermanos de todos los hombres.

El pensamiento moderno ha surgido con la sospecha de que Dios es enemigo del crecimiento humano. No son pocos los que hoy abandonan la fe porque, en el fondo, nunca han experimentado que Dios pueda ser para ellos fuente de vida, de alegría y libertad. "No hay en el tiempo de la Iglesia ninguna teología históricamente eficaz que no sea a su vez reflejo de la gloria de Dios. Sólo una teología bella, o sea, una teología que, alcanzada por la gloria de Dios, logra a su vez hacerla resplandecer, tiene la posibilidad de incidir en la historia de los hombres, impresionándola y transformándola"(U.v. Balthasar).

Formación espiritual: Crecer espiritualmente no es asumir un espiritualismo de formas o desencarnado. Es crecer en la fidelidad y amistad con Cristo y en la experiencia liberadora del Espíritu, creador y agente de comunión. Es crecer a impulsos del mismo Espíritu en misericordia y compasión ante todo sufrimiento, soledad o esclavitud humana.

El Espíritu no es enemigo de la carne, de la encarnación. El hijo de Dios "se encarnó por obra del Espíritu Santo". Y el Espíritu que ungió a Jesús en el bautismo fue el que le envió a llevar la buena nueva a los pobres, a los cautivos la libertad, a los afligidos el consuelo, a proclamar el año de gracia del Señor. En Vísperas del gran Jubileo del año 2000 nos ha recordado Juan Pablo II que es Cristo mismo, el ungido por el Espíritu Santo, nuestro más verdadero jubileo.

Que la oración sosegada, las celebraciones vivas y la misericordia os vayan introduciendo en la auténtica experiencia del Espíritu. Los conceptos teológicos dejan de ser ideología y se convierten en pan cuando son recocidos a fuego lento en el horno del alma. Porque Jesús vivió la experiencia filial, sus palabras eran luego espíritu y vida.

Formación comunitaria: Sólo quiero apuntaros una cosa: Siempre habíamos pensado que somos sacerdotes por la imposición de manos y miembros de un presbiterio en virtud de un titulo canónico de incardinación. Desde la "Pastores Dabo Vobis", la teología del ministerio tiene cada vez más claro que la pertencía el presbiterio es de orden sacramental. Hablando el Papa del valor espiritual del presbiterio, de la pertenencia y dedicación a la Iglesia particular, dice el Papa que "no está motivado solamente por razones organizativas y disciplinares". Nacemos como presbíteros siendo copresbíteros, miembros de un presbiterio. Aprender a convivir fraternalmente, a orar y a trabajar juntos, no sólo es una exigencia de eficacia pastoral, cada vez más necesaria en la medida en que somos menos; es , ante todo, aprendizaje imprescindible para no distorsionar nuestra identidad y dimensión integrante de nuestra espiritualidad.

Formación pastoral: Teórica y práctica. Para conocer al hombre y al mundo de hoy y las mediaciones por las que la formación teológica, eclesiológica y sacramental se traduce en realizaciones concretas, a fin de hacer de nuestra Iglesia una Iglesia viva, comunitaria, corresponsable, evangelizadora. Significa reflexionar sobre los caminos por los que el Evangelio de siempre llega al corazón del hombre de hoy; conocer las mejores experiencias de evangelización de la Diócesis o de otros lugares e irse identificando con los programas pastorales que, pensados en el presbiterio y con los laicos, propone el Obispo a la Diócesis. Es ir participando en los mismos en la medida en que lo permita el estudio y el régimen de vida del Seminario.

Crecer humanamante, intelectualmente, espiritualmente, en sentido comunitario y pastoral es crecer como seminaristas para poder servir como pastores.

A quienes nos acompañáis esta mañana quisiera deciros que la presencia de un grupo de seminaristas como estos, aunque sea un número modesto, es un signo de esperanza. La esperanza es virtud de tiempos díficiles. ¿ No os parece un milagro de la gracia de Dios que estos muchachos quieran ser sacerdotes, y sacerdotes pobres, en un mundo que adora el bienestar; que estén dispuestos a ser célibres por el Reino de los cielos, para amar al pueblo al que van a ser enviados con el mismo amor esponsal con que Jesús amó a su Iglesia, en un clima que idolatra la sexualidad; sobrios en un mundo que es esclavo del consumismo; servidores en un ambiente marcado por el egoísmo; orantes en un medio de indiferencia religiosa? Y os aseguro que están aquí libremente; que no se sienten condenados a ser curas, sino ilusionados con serlo. .y más felices y alegres que muchos de los jóvenes de su edad. Son los milagros de la gracia de Dios cuando nos abrimos a ella.

Agradezco de todo corazón la presencia de las autoridades que nos honran y de tantos buenos amigos y familiares de los seminaristas que nos acompañáis.

A la amorosa acción del Espíritu Santo, que da el vigor y el crecimiento encomendamos el curso, el buen servicio de los formadores y profesores y la correspondencia de los seminaristas. A la solicitud maternal de la Virgen María lo confiamos. Amen.

 

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