TRIDUO EN HONOR DE SAN
PEDRO DE ALCÁNTARA
(Parroquia de San
Pedro de Alcántara, Cáceres 1997)
1
- Nos disponemos a celebrar este
triduo en honor de nuestro patrono, san Pedro de
Alcántara.
- Pero para no caer en una rutina sin
significado, vacía de contenido y para no quedarnos en
unas ideas generales y anecdóticas, hemos de
preguntarnos: ¿qué puede significar hoy celebrar la
fiesta de nuestro patrono a este hombre de hoy cargado de
desorientación, de indiferencia, de desencanto?
- Celebrar hoy la fiesta del patrono
de nuestra comunidad extremeña tiene que hacernos sentir
identificados, próximos unos a otros bajo una referencia
común: la de nuestra tierra, con todo lo que la
constituye. Especialmente con nuestra realidad religiosa,
sin duda muy marcada por la presencia, ciertamente
providencial, de san Pedro. Nuestra realidad religiosa no
es pues una pieza de museo arqueológico, ni es un lujo
de personas privilegiadas ni decadentes.
- Al celebrar la fiesta de nuestro
patrono, estamos expresando nuestra apertura a lo
trascendente, a algo que misteriosamente nos sobrepasa. Y
esto lo hacemos cuando el hombre de hoy vive tan a ras de
tierra, tan a flor de piel y acostumbrado a vivir de
apariencias. Cuando celebramos a nuestro patrono queremos
decirnos que necesitamos abrir nuevos horizontes de
sentido a nuestra vida, necesitamos descubrir el misterio
profundo de la vida y del hombre. Necesitamos orientarnos
a lo esencial (como lo hizo san Pedro) en medio de tanto
vacío e insatisfacción que experimentamos.
- Al celebrar la fiesta de nuestro
patrono nos sentimos unidos y solidarios con nuestra
historia y su trayectoria, tan marcada por el empuje
evangelizador de san Pedro. Nuestro pueblo, lo admitamos
o no, se ha hecho a la sombra de una vida religiosa
profunda, marcada por estos grandes evangelizadores como
san Pedro. Es un patrimonio que ha costado sangre, sudor
y lágrimas. No podemos echarlo por la borda. Dice el
gran sociólogo Herbert Mead que la comunicación y la
vitalidad de un pueblo se expresa cuando existen
símbolos significativos. Y San Pedro representa ese
símbolo significativo de nuestro pueblo.
- Y celebrar a nuestro patrono nos
invita a tenerle como nuestro protector e intercesor
cercano y familiar ante Dios y a verle sobre todo como
modelo de una verdadera respuesta creyente al plan de
Dios sobre el hombre. A san Pedro no podemos acercarnos
como si fuera un modelo de vida distante e inalcanzable,
sino como alguien que dejó entrar a Dios en su vida para
que le fuera modelando según su amor. San Pedro se dejó
educar por Dios. Evidentemente vivió la radicalidad del
amor de Dios en su vida. Por eso su ser un hombre de Dios
fue lo primero y más importante. Su hacer y su irradiar
amor no fue más que una consecuencia de esa vivencia del
amor de Dios en su vida.
- Razón tiene el gran director de
cine francés Robert Bresson: el hombre de hoy no
necesita actores sino modelos. Nuestro san Pedro es todo
un modelo.
2
- Después de haber expresado ayer lo
que podía significar la celebración de nuestro patrono,
san Pedro de Alcántara, hoy vamos a centrarnos
humildemente en su figura.
- San Pedro vivió en una época muy
marcada por el renacimiento y el humanismo. Pensad en
todo el cambio que supuso en la concepción y vida del
hombre. No era una época fácil, ni mucho menos. Si Dios
hasta entonces había sido el centro del mundo y del
hombre, en aquel momento quedó bastante desplazado. Algo
parecido a lo que ocurre hoy.
- San Pedro, con lucidez y consciente
de lo que ello significaba, no se cruzó de brazos.
Intentó acercarse al hombre desde Dios y a Dios desde el
hombre. Por eso y ante todo hemos de decir que san Pedro
fue un evangelizador: el que trata de conocer la
situación del hombre y el que le lleva la buena y gozosa
noticia de Dios. Aquí no regatea ningún esfuerzo. Sabe
que el hombre se lo juega todo ahí. No se puede dejar a
Dios en el cuarto trastero de nuestra vida, ni Dios puede
ser un clavo ardiendo al que nos agarramos en los
momentos difíciles.
- Y como evangelizador, se da cuenta
que no se puede reformar, renovar al hombre y a la vida
misma si no es desde la conversión personal. No hay otro
camino ni otra alternativa. Si el hombre no cambia de
raíz desde una relación radical con Dios, no puede
haber cambio en el sentido y dirección de la vida.
- Hoy, igual que entonces, la Iglesia
necesita verdaderos evangelizadores. Pablo VI nos decía
que la Iglesia es esencialmente evangelizadora. Podemos
preguntarnos: ¿còmo ser verdaderos evangelizadores? San
Pedro nos puede dar pistas de respuesta.
- En primer lugar, necesitamos
prepararnos, formarnos. San Pedro no se conformó con ser
un cristiano, estuvo siempre aprendiendo a ser cristiano.
Aprendió en el seno de su familia, en Salamanca, se
acercó a los personajes de su época que le podían
enseñar, y sobre todo estuvo en contacto con el hombre,
con sus necesidades, con sus miserias descubriendo en
todo ello la verdadera sabiduría de la vida.
- En segundo lugar, hemos de salir
por los caminos de la vida, testimoniando el mensaje
entrañable y misericordioso de Dios, como lo hizo san
Pedro. El mensaje de Dios no lo podemos guardar en una
urna, no podemos reservarlo para los domingos y fiestas
de guardar. El mensaje se hace vida y se vive entre los
hombres, en lo vulgar y rutinario de la vida de cada
día, en la aridez del ambiente y en el clima de
indiferencia. Por eso comprenderéis que san Pedro fuera
un incansable nómada de Dios.
- En tercer lugar, aprovecho una
referencia de santa Teresa de Jesús sobre san Pedro. Nos
dice bellamente que era muy sabroso en sus palabras. En
su tarea evangelizadora no era un palabrero barato y
halagador. Sus palabras eran sabrosas porque contagiaba
vida, exigencia, evangelio y ternura de Dios. Vivía su
espíritu franciscano desde el espíritu de las
bienaventuranzas de Jesús.
- En cuarto lugar, la palabra de san
Pedro quedaba autentificada por su testimonio de vida.
San Pedro vivió la austeridad del evangelio en su propia
pobreza de vida y de medios. ¡Qué distinto de nosotros
que necesitamos tantas cosas para arañar un poco de
felicidad¡ San Pedro descubrió la gran sabiduría de la
vida: ¡Cuántas cosas no necesito¡ Por eso fue un
hombre pobre para los pobres con la caridad más genuina.
Sabía muy bien y vivía que aquel que tiene a Dios,
sólo Dios le basta.
3
- Hoy seguiremos adentrándonos en la
figura de san Pedro. Y seguiremos viendo su figura como
modelo para nuestra vida cristiana hoy. Lo hacemos así
porque san Pedro nos muestra cercanas y palpables las
exigencias del evangelio de Jesús.
- Y nos hace ver en primer lugar que
uno no llega a ser santo, vocación a la que todos somos
llamados como nos dice el Vaticano II, por generación
espontánea o como algo caído del cielo. Uno se va
curtiendo en la fidelidad y exigencias del día a día.
Desde ahí hemos de comprender su permanente actitud
penitencial como un ganarle terreno al mal que nos acosa.
Su penitencia no es la penitencia por la penitencia, sino
que es una penitencia para tener siempre dispuesto el
corazón para Dios, para su mensaje vivificador. Sabe muy
bien que uno necesita una disciplina de vida y unos
hábitos de esfuerzo, de autoentrega para vivir como hijo
de Dios. En definitiva, es vivir la cruz de Jesús
negándose al hombre viejo que habita en cada uno de
nosotros y que oscurece la vida nueva del Espíritu. De
ahí su amor y su pasión por la cruz.
- Y san Pedro fue un hombre de
oración profunda. Hermanos, no está pasada de moda la
oración. San Pedro sabía muy bien que necesitamos
hablar a Dios y sobre todo escucharle. De ahí su
silencio exterior y sobre todo del corazón, mucho más
difícil, su soledad, su actitud contemplativa en la
vida. Sólo desde esos presupuestos se puede vivir en
dinámica de gratuidad, precisamente hoy en que tanto nos
movemos por la utilidad y por el interés.
- Y san Pedro nos enseña a vivir una
humildad profunda. Sabe muy bien de la finitud y
fragilidad humanas, necesitadas de la misericordia y
compasión de Dios. No hace alarde de nada. Sabemos que
todos le buscaban: grandes santos (santa Teresa, san
Francisco de Borja, san Juan de Avila
), grandes
jerarcas de la sociedad (en España, en Portugal), la
gente sencilla del pueblo. Pero nada le hace mella en su
humildad y mucho menos busca recompensas y aplausos.
Ayuda a todos pasando desapercibido. Recordaba bien las
palabras del Maestro: " Y al final
diréis:
siervos inútiles somos, no hicimos más que lo que
teníamos que hacer".
- Y hemos de decir que, bajo esa
realidad penitencial de san Pedro, existe un hombre
profundamente alegre, profundamente marcado por la
ternura de Dios. La dureza para consigo mismo nunca la
transparenta en relación a los demás. Más bien es un
hombre tremendamente cordial, servicial, comprensivo,
cargado de delicadezas y finuras.
- Y por último quisiera decir,
resumiendo todo lo dicho, que san Pedro fue un hombre
totalmente apasionado de Dios siendo un hombre totalmente
para los hombres. De ahí su trabajar infatigable, su
capacidad incansable de evangelización, su entrega
total. Y sabiendo muy bien aquello de san Pablo:
"cuando soy débil es cuando soy fuerte". No
quiero terminar sin indicar su gran amor a la Virgen
Madre. En ella puso siempre su confianza y en sus manos
puso todos sus trabajos, todos sus servicios de
autoridad, todas sus reformas, todos sus silencios y
todas las dificultades que la vida misma y hasta sus
mismos hermanos le iban poniendo en el camino.
Francisco Lansac
Director espiritual del Seminario
Diocesano
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