(Puedes tener música de fondo o cortarla)

PREGÓN DEL V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

En la concatedral de Santa María de Cáceres

Viernes, día 9 de octubre de 1998, ocho de la tarde

 

Contenido

 

PRELUDIO MUSICAL AL ÓRGANO

 

SALUDO Y PRESENTACIÓN DEL ACTO

d. gregorio carrasco montero, delegado diocesano del v centenario

 

LA CORAL SANTA MARÍA

Director: d. eulalio acosta

 

PRESENTACIÓN DEL PREGONERO

d. ciriaco benavente mateos, obispo de coria-cáceres

 

PREGÓN

d. carlos amigo vallejo, arzobispo de sevilla

 

INTERVENCIÓN MUSICAL: CORAL SANTA MARÍA

Himno a san pedro de alcántara

 

HOMILÍA DEL SEÑOR OBISPO EN LA APERTURA DEL V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

(Coria, 18 de octubre de 1998)

 

Queridos diocesanos

En este día en que la Iglesia celebra la Jornada misionera del Domund nos juntamos para abrir solemnemente y con mucha alegría el V centenario del nacimiento de san Pedro de Alcántara, nuestro mejor misionero extremeño, bajo cuyo patrocinio estan puestas, desde el 23 de diciembre de 1.675, esta catedral y nuestra diócesis de Coria-Cáceres.

Digo que abrimos, porque el centenario es cosa de todos los que queremos y admiramos a san Pedro:

-En primer lugar de la querida Orden franciscana, tan bien representada aquí esta tarde. En tiempos de san Pedro toda Extremadura estaba sembrada de fraternidades franciscanas. Pedro retomaría vigorosamente aquel empeño de volver al Evangelio sin glosa de sus predecesores Fray Juan de la Puebla y Fray Juan de Guadalupe y lo convertiría en la que se conoce como la gran reforma alcantarina.

-De las diócesis hermanas de Mérida-Badajoz y Plasencia en las que perduran numerosas e imborrables las huellas de los pies descalzos de Pedro de Alcántara. La presencia del Sr. Obispo de Plasencia y del Sr. Vicario General de Mérida-Badajoz, en representación del Sr. Arzobispo, que está unido espiritualmente a nosotros, así lo proclaman.

-De todos los extremeños, porque su patronazgo, desde el 22 de febrero de 1.962, se extiende, junto al de Santa María de Guadalupe, a toda Extremadura. Las autoridades regionales, con cuya presencia en este acto de apertura nos sentimos tan honrados, así lo certifican.

-Y ¿cómo no? de todos los diocesanos de Coria-Cáceres.

En la villa de Alcántara, la del Puente Romano y el Conventual de San Benito, la villa noble por su historia, sus gestas y sus gentes, vio la luz. Y, como dice el cronista, "aunque Alcántara no tuviera otra más honra que haber sido patria de varón tan ínclito, no necesitaba de más blasón para su grandeza".

En Alcántara recibió la semilla de la fe que, más tarde, árbol florecido y bien granado, fue él, a su vez, sembrado por Extremadura, Castilla y Portugal y que, empujada por el soplo del Espíritu, se desparramó por toda la rosa de los vientos y llegó allende los mares.

Celebrar un centenario es ante todo hacer memoria. Rememoremos, pues, desde la admiración y el cariño algunos de sus pasos, algunos de sus rasgos.

· Huérfano de padre cuando todavía contaba pocos años, la educación materna conformó la educación del hijo: "Y si fray Pedro fue santo, sacó la virtud del vientre de esta señora, su madre, que fue santísima y de gran caridad" -comenta su hermano uterino Pedro Barrantes-.

· La culta Salamanca ensanchó su mente. Pero, como decía al principio, ya había prendido por Extremadura aquel fuego reformador que encontró en la observancia franciscana una de sus más adelantadas y elocuentes manifestaciones. Es la llama que llama y seduce a Juan Garavito. Por este cauce franciscano discurría en adelante la hondura y la largura de la proyección espiritual y apostólica de Fray Pedro de Alcántara.

· Cuando contaba alrededor de dieciséis años, en ese rincón cercano a Valencia de Alcántara, donde los berrocales hacen de contrapunto al suave verdor de la campiña, en San Francisco de los Majarretes, hace su profesión, renuncia los bienes paternos, prescinde de la hidalguía de su nombre y apellidos familiares y se abraza al de Pedro de Alcántara.

· Desnudarse del hombre viejo y vestirse del nuevo será desde entonces la pasión de Fray Pedro.

· En 1.519 había sido erigida la provincia de San Gabriel. El deseo de retorno al primitivo espíritu, el amor a la pobreza, a la descalcez y al retiro hicieron de ella un foco luminoso de espiritualidad, de oración y de acción apostólica. Veinte años más tarde, ya presbítero y ejercitado en los cargos de guardián en los conventos de Nuestra Señora de los Ángeles y de San Onofre de la Lapa, y de definidor provincial, Fray Pedro sería elegido Ministro Provincial de San Gabriel "con general aplauso de la Provincia".

· Las Ordenaciones que emanan durante el Provincialato de Fray Pedro dejaban a los conventos colgados de la Providencia, viviendo al día, sin siquiera títulos de propiedad de los conventos, con la libertad de quienes viven sólo ligados a lo esencial. Y a pesar de todo, Fray Pedro no se olvida de recomendar la atención a los pobres, porque le parecía un insulto a la Providencia negar el socorro a algún necesitado.

· Fray Pedro, que en su exterior parecía adusto y casi inhumano, en su corazón era un tarro de miel. Los finísimos detalles de ternura que prodiga con los hermanos enfermos y las cientos de florecillas que se pueden espigar en su biografía nos parecen actualizar la imagen de aquel juglar de Dios y hermano universal que fue Francisco de Asís.

· La actividad de Fray Pedro no se limitó a Extremadura; salta hasta Portugal, unas veces reclamado por la Casa Real para orientar sus conciencias y otras, para consolidar los ideales franciscanos que también resplandecían entre las montañas, para él tan queridas, de la Arrábida.

· Cuentan que predicaba con sermones cortos, pero que encendían a sus oyentes. Numerosos fueron los laicos a los que encaminó por las sendas de la perfección.

· Primero en Santa Cruz de las Cebollas -hoy Santa Cruz de Paniagua- donde plantó perejil porque siempre se mantiene verde, y, luego, en el Palancar encontró la "soledad sonora" que siempre había buscado.

· Ahí, en el Palancar, engastado como una preciosa reliquia en el convento del siglo XVIII, perduran el conventito, que no mide más de 8,90 X 7,48 metros, y la celda descrita por Santa Teresa como si la hubiera visto, donde "echado aunque quisiera no podía, porque, como se sabe, no era más larga de cuatro pies y medio". Desde ahí orientó a nobles y a gente sencilla, a santos y a pecadores. El Pedroso, Torrejoncillo, Serradilla, Casas de Millán, Galisteo fueron lugares agraciados de manera habitual por su presencia.

· Ni las ocupaciones de sus cargos en la Orden, ni sus correrías apostólicas, ni la atención a los pobres, ni el cuidado y enseñanza de los niños del Pedroso, que frecuentaban el Palancar como escuela elemental donde aprendían a leer y a servir a Dios, fueron en detrimento de su altísima contemplación.

· Durante los años en que Fray Pedro desempeñó el cargo de Comisario General de los lugares y personas de vida reformada recibió un fuerte impulso la Custodia de San José. UN año antes de la muerte de Fray Pedro fue erigida como Provincia Franciscana en el capítulo del Palancar.

· "Era muy viejo cuando lo vine a conocer y tan extrema su flaqueza que no parecía sino hecho de raíces de árboles", escribe Santa Teresa. Encuentro tardío, pero decisivo para la vida y obra de la fundadora abulense: "Este hombre me dió luz en todo…él lo hizo todo", comenta la santa.

· Desde Ávila regresó Fray Pedro a Arenas enfermo y sin fuerzas físicas, montado en un jumentillo. De Arenas fue a la Viciosa para presidir el capítulo. A la vuelta pasó a despedirse de sus bienhechores los condes de Oropesa y éstos le trasladaron a Arenas donde, a los pocos días, en la madrugada del 18 de octubre de 1.562, junto a la ermita de San Andrés, rezando el salmo 123- "qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor"- entregó su alma a Dios.

· San Pedro pobre, humilde, penitente, reformador, maestro de oración, franciscano y extremeño santo. A mis espaldas, en el monumental retablo de esta catedral, véis una hermosa imagen de nuestro santo que, antes de ser tallada por la mano del artista, fue madera común. Los santos son siempre un triunfo de Dios en la fragilidad y miseria de la condición humana, una obra maestra tallada por su gracia.

· "Raíz de nuestro pueblo, antorcha de la fe". Raíz de nuestra tierra y enraizado en Dios fue luz para sus hermanos los hombres.

· Al hacer memoria de san Pedro de Alcántara damos gracias a Dios por habernos dado este testigo suyo, que fue para nuestra región y para muchas personas instrumento por el que descubrieron su amor hecho cercanía. Queremos preguntarnos por qué fue fecunda esta vida, hasta el punto de que, cinco siglos más tarde, aún sigue resonando entre nosotros el eco de su voz. Preguntarnos cómo puede seguir viva y fecunda para ayudarnos a descubrir caminos de humanidad, de fe, de santidad y redención hoy.

Recojamos algunas de sus muchas lecciones:

-San Pedro nos enseña, en este momento histórico en que la realidad de Dios se oscure y las finalidades últimas se pagan en muchas conciencias, la aventura de ir a Dios y de afirmarlo en la vida. San Pedro no "empalabra" Dios, lo ama, lo ve en la creación, en el hombre, en el pobre, en el misterio de la Iglesia. Quizás por eso escribió poco. De su epistolario se conservan unas cuantas cartas. Su obra más conocida es un pequeño Tratado de Oración y Meditación, "pues siendo pequeño volumen y precio, aprovechará a los pobres, que no tiene tanta posibilidad para libros más costosos, y escribiéndose con más claridad, aprovechará a los simples, que no tienen tanto caudal de entendimiento" (De la dedicatoria).

-San Pedro nos enseña que el Evangelio es más novedad -Buena Nueva- en la medida en que está menos edulcorado. Por eso, en un mundo en que se proclama que para el hombre "el goce es el alga y la omega, el principio y el fin" (E. Guisán) su biografía suena como grito estridente de denuncia frente a la "estética indolora" de la posmodernidad.

-San Pedro haciéndose pobre y sirviendo con sus propias manos a los pobres nos enseña a instalarnos en la desnudez primaria del ser y no en el amontonamiento del tener y lo que es la solidaridad efectiva, sin declamaciones ni retóricas.

-San Pedro nos enseña el valor de la soledad y la penitencia no como huida de los demás o desprecio del cuerpo, sino como el modo de buscar a Dios, de encarar las tentaciones: Va a la soledad con el fin de vérselas con Dios que el llama y le sustrae de sus propios intereses para devolverlo a la realidad, donde tiene que cumplir su misión como servicio.

El hombre de hoy, tan liberado él, se ha autoconvencido de que ya no tiene ni tentaciones ni pecados. Pero la tentación la padece todo hombre: Algunos, en un grado tan alto que ni siquiera la descubren, porque nunca han sabido a qué cimas están llamados o porque no han superado el umbral de la instintividad o no se han descubierto como sujetos de una libertad y destinatarios de una misión.

-San Pedro nos enseña, en un mundo en que estamos amenazados por la reducción de la realidad a publicidad, que hay una vida personal que no se puede mantener sin cultivo de la intimidad profunda que es fruto de la amorosa cercanía de Dios y del amoroso acercamiento y diálogo con el prójimo.

-San Pedro, que trajo nuevos aires y nuevos impulsos a la evangelización de la época nos enseña que sólo seremos Iglesia evangelizadora si tenemos el ardor de la primera hora, si asumimos los nuevos métodos y formas que la creatividad del Espíritu inspiran hoy a la Iglesia.

Iniciamos hoy nuestro año jubilar, que ha de prepararnos al gran Jubileo del año 2000. Pongámonos en actitud de peregrinos, que es actitud de conversión. El Padre Dios, rico en misericordia, nos aguarda con los brazos abiertos para que experimentemos el gozo de su gran "perdonanza".

A san Pedro encomendamos hoy la labor de todos los misioneros que son "esperanza para el mundo" y singularmente a nuestros misioneros extremeños. Que a ellos y a nosotros nos alcance la gracia de ser sembradores de esperanza allí donde el Señor nos envíe. Amen.

 

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