|
VIGILIA DE
PENTECOSTÉS
(Cáceres 2001)
Monición de
entrada
Presidente
· Buenas tardes
· Como en la primera comunidad
de los discípulos de Jesús, también hoy nos reunimos de una manera especial
toda la comunidad del seminario para la celebración de la venida y presencia
del Espíritu. Ya podéis suponer que tiene que ser algo muy importante. Sin duda
que es un acontecimiento muy importante en la Iglesia y para la Iglesia.
· Y para prepararnos, elegimos
en primer lugar el silencio: un silencio exterior y sobre todo un silencio
interior. Para que se pueda escuchar al Espíritu se exige una actitud de
escucha perfecta, de total acogida, de silencio...Sacúdete pues tus posibles
ruidos interiores, de cansancio de final del día, de exámenes, de nerviosismos
de final de curso, de preocupaciones; ten cuidado con tus pensamientos
vagabundos por la imaginación. Sitúate relajado, tranquilo, mantén el dominio
sobre tus gestos, tus movimientos, tus miradas... y procura estar atento a
todo.
Y vamos a empezar con un
canto, pidiendo la presencia del Espíritu
Canto ( “Espíritu santo, ven...”)
Liturgia de la
Palabra
Monición
Lector
· Estamos celebrando la
vigilia de Pentecostés. Pentecostés ya era una fiesta que hacían los judíos.
Los judíos celebraban la entrega de la ley hecha por Dios a Moisés y ofrecían
las primicias, es decir, lo mejor de las cosechas. En nuestro Pentecostés, los
cristianos recibimos el Espíritu santo, que es para nosotros la mejor primicia
por la abundancia de sus frutos.
Otro lector (lee Hech 2, 1-11)
Reflexión pausada (música suave de fondo, “Kitaro”)
Un lector
· Los apóstoles estaban juntos para recibir el Espíritu santo
· El Espíritu santo está
presente y dirige la vida de la Iglesia. Es su protagonista principal. Tanto es
así que podemos decir, por ejemplo, que nuestro seminario será verdadero
seminario si en él se vive, se palpa, se busca, se contagia, se expresa la
presencia del Espíritu. Por eso el seminario tendrá que ser siempre un cenáculo
del Espíritu. ¡Bonita definición que entre todos tenemos que hacerla realidad
visible! Así nos lo decía un día nuestro obispo.
Lector
· El día de Pentecostés el viento del Espíritu sopló con fuerza
· Donde está el Espíritu
siempre se hace notar. Allí hay vida. Y se hace notar porque él y sólo él puede
cambiar, transformar nuestras vidas, nos puede liberar de muchas cosas que nos
atan, nos puede ayudar a hacer una comunidad en la que todos nos queramos de
verdad y donde sea posible soñar un mundo y una vida mejor. Cuando se ve que
una comunidad no mejora mucho, que no tiene grandes sueños es que el Espíritu
anda un poco olvidado. ¿No será ese olvido nuestro fallo más importante?
Lector
· Pentecostés es el inicio del tiempo nuevo del Espíritu, tiempo de la
libertad, de la gracia, del amor
· El Espíritu santo derriba
los muros que pueden existir en un grupo, en una comunidad. También en el
seminario existen muros y no precisamente de tabiques que ciertamente son
muchos. Muros de envidias, de falta de verdadera comunicación de vida, de
inquietudes, de falta de comprensión y de perdón, de pasar de largo ante las
necesidades de los demás, de olvidar que es de justicia el que trabajemos,
muros de estar atados a caprichos......
Lector: (Vamos a reflexionar un momento en esto que se nos ha dicho, para
pasar después a la presentación de lo que el Espíritu nos ofrece a todos: sus
dones)
Presentación
de los dones del Espíritu
Presentación
Lector:
· Tal vez a uno de los
pequeños de la comunidad o tal vez a un mayor le resulte difícil comprender
quién es el Espíritu. La verdad es que no es nada fácil. Pero lo importante es
que podemos sentirlo. Y esto sí que podemos comprenderlo. Se siente como
fuerza, como libertad, como alegría, como vida, como amor. En definitiva, el
Espíritu santo se percibe como un dador
de dones y por eso rezamos en el credo que es un dador de vida, que nos robustece, nos libera y nos salva.
Y...¿cuáles y cómo son sus dones? Los vamos a presentar
(música de
fondo muy suave. Salen siete lectores)
Primer lector:
Don de sabiduría
Segundo
lector:
· El don de la sabiduría es el
don de saber vivir todas las cosas con gusto. Por eso tiene que ver más con el
sabor que con el saber. Es el don de apreciar y sentir a Dios en la vida, en el
aire, en los hombres, en la naturaleza, en los pequeños acontecimientos de cada
día.
(breve silencio)
Primer lector:
Don del
entendimiento
Segundo
lector:
· Es el don de entender y
comprender lo que más merece la pena: ir entendiendo a Jesús, ir comprendiendo
su evangelio, ir conociendo al Padre y al Espíritu. Es ver a las personas y las
cosas con los ojos de Dios, entender con su mente y con su bondad, contemplar
con su Espíritu. Es creer como Jesús creyó.
(breve silencio)
Primer lector: Don de consejo
Segundo
lector:
· Es el don de dejarnos
aconsejar y aconsejar a los otros. Por eso es saber escuchar cuando alguien nos
habla, nos reprende, nos da alguna luz para nuestro camino. Es saber hacer
silencio en nuestra vida para reflexionar sobre lo que se nos dice. Y es dar
una palabra oportuna, un consejo de ayuda, una corrección, un aliento, un ánimo
en los momentos oscuros o tristes de una persona.
(breve silencio)
Primer lector:
Don de fortaleza
Segundo
lector:
· El don de fortaleza es
fuerza, valor, coraje, constancia, perseverancia, fidelidad. Y no sólo es para
ocasiones extraordinarias, es para todas las ocasiones y todas las horas. Es el
don que nos da fuerzas para vivir con elegancia, con sentido, con capacidad de
saber renunciar a cosas en nuestra vida. Es afrontar con valentía las muchas
dificultades que nos van apareciendo en la vida.
(breve silencio)
Primer lector:
Don de ciencia
Segundo
lector:
· El don de ciencia nos enseña
a juzgar rectamente las cosas creadas, a ver en ellas un reflejo del amor
creador de Dios y amarlas. Nos muestra el orden del universo que es igualdad, justicia,
paz. Por este don el Espíritu ilumina nuestra inteligencia y nos capacita en la
búsqueda de la verdad
(breve silencio)
Primer lector: Don de piedad
Segundo
lector:
· El don de piedad es sentir
ternura, obediencia, admiración y afecto hacia Dios como Padre. Es don de
familia. Es don de fraternidad, que nos hace sentirnos hermanos sin fronteras.
(breve silencio)
Primer lector:
Don de temor de Dios
Segundo
lector:
· El don de temor de Dios es
la conciencia humilde de la propia fragilidad. Es el don del respeto a Dios y a
los hermanos. Es el don de sentirse pequeño, pobre, necesitado ante la grandeza
de Dios
(breve silencio)
Invocación al
Espíritu santo
Un lector
· Después de haber
reflexionado un poco sobre lo que pueden significar los dones del Espíritu
santo, vamos ahora a invocar a Dios para que envíe su Espíritu sobre cada uno
de nosotros y sobre toda nuestra comunidad del seminario. Cada 5 invocaciones
cantaremos: “Oh Señor envía tu Espíritu que renueve la faz de la tierra”.
Otro lector
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que descubramos nuestras ataduras, nuestros miedos, nuestras cobardías
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que caminemos todos hacia una libertad más verdadera y creadora de una
vida mejor, de un grupo mejor, de una Iglesia mejor
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para ver las señales de tu presencia en el mundo, en la historia de los
hombres, en nuestro propio seminario
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que todos cuidemos tu creación
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que todos luchemos y nos esforcemos en la vida, en nuestro crecimiento
cristiano, en nuestra vocación
Canto
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que sepamos descubrirte en el débil y en el que sufre
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que seamos constructores de paz, de amistad, de comunidad, de relaciones
sinceras
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que seamos más solidarios, compartiendo nuestro tiempo, nuestra palabra,
nuestra escucha, nuestras cosas
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que llevemos un poco de luz allí donde hay oscuridad, donde hay
dificultades
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que pongamos al servicio de los demás los dones que cada uno hemos
recibido
Canto
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que entre todos creemos fraternidad y seamos signo de una comunidad unida
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que seamos sensibles a tu acción en la historia de los hombres y de la
Iglesia
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que nos recuerde siempre que tú amas al hombre que sufre y espera
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que nuestro esfuerzo, muchas veces callado, vaya dando frutos
· Envíanos tu Espíritu, Señor,
para que la fidelidad y la constancia nos abra a un futuro nuevo y nos empuje
en el trabajo de cada día.
Canto
Envío
Todos de pie
Presidente
· Nuestro mundo necesita hombres
llenos del Espíritu que lleven palabras y signos de vida. Id pues y encended el
mundo con el fuego del Espíritu. Id y sed levadura, sal, luz, trigo bueno en medio de la cizaña. Id y
anunciad las obras del Señor Jesús.
Id en el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu santo
Marchad pues e intentad poner
Un poco de amor allí donde
cada uno va a lo suyo, a su rollo sin preocuparse lo más mínimo de los demás
Un poco de misericordia allí
donde cada uno busca su justificación, sus excusas, sus razones
Un poco de esperanza donde
veáis señales de desánimo, de vacío, de soledad, de desorientación, de
cansancio
Un poco de alegría donde
veáis ojos tristes, miradas perdidas, corazones secos
Un poco de Dios allí donde
parezca que ya no se cuenta con él, que tiene poco que decir
Un poco de paz allí donde
veáis personas alborotadas, enfrentadas
Un poco de cuidado de la
naturaleza allí donde veáis que se estropea, donde no nacen flores, donde los
pájaros no pueden volar
Un poco de silencio allí
donde los ruidos aturden y embotan la vida
Un poco de austeridad donde
parezca que lo único que importa es consumir, tener, gastar.
Un poco del corazón y de las
manos para aquellos más débiles, más olvidados, más sufrientes, más sin voz
(terminadas
las palabras del que preside, los sacerdotes se ponen delante. Todos van
pasando y se les impone las manos)
Canto final: “Mientras recorres la
vida”