PROYECTO EDUCATIVO DEL SEMINARIO DIOCESANO DE CORIA-CÁCERES (borrador)

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I. FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS Y PASTORALES

  1. Según lo preceptúa el Plan de Formación Sacerdotal (en adelante PFS), de la CEE, para lograr que los objetivos, contenidos y medios de formación se articulen en un proyecto claramente definido, cada Seminario Mayor ha de establecer, bajo la guía del obispo diocesano, su propio "Proyecto educativo y Reglamento", que concrete y adapte dichos objetivos, contenidos y medios de formación, bajo la unidad de dirección, manifestada en la figura del rector y sus colaboradores (PFS 13; CIC 243; OT 1).
  2. A esta exigencia quiere responder el presente Proyecto educativo (PE) de la diócesis de Coria-Cáceres.

    I.1. El Seminario Mayor en la mente de la Iglesia (PFS 9-15)

  3. La Iglesia ha mostrado siempre sumo interés por la formación de sus ministros y en nuestros días se reafirma en esta actitud. Como dice el concilio Vaticano II, la deseada renovación de toda la Iglesia depende en gran medida del ministerio de los sacerdotes.. (OT, proemio y conclusión)
  4. El seminario es el cauce ordinario que establece la Iglesia para la formación de los futuros sacerdotes (cf. OT 4; CIC 235,1). Se trata de una institución que, puesta al día, asume la secular tradición eclesial y, al mismo tiempo, tiene en cuenta los resultados de las varias experiencias de los últimos años (cf. PFS 8). La Iglesia, al reafirmarse en la validez del Seminario, invita igualmente a una adaptación del mismo a los nuevos tiempos y a cada lugar, con lo que se podrá aumentar la fuerza y la eficacia pedagógica de esta necesaria formación (RFIS, introducción 1).
  5. El Seminario mayor es sobre todo una comunidad educativa en camino. Su identidad más profunda radica en ser a su manera una continuación en la Iglesia de la íntima comunidad apostólica formada en torno a Jesús. Desde este marco de referencia, el Seminario mayor se constituye como una comunidad humana, eclesial, diocesana, educativa en proceso (PFS 9; cf. PDV 60 y PFS 10-13).

    I.2 Necesidad de la formación específica (PFS 1-3)

  6. El carácter singular del ministerio presbiteral y la importancia del mismo para la vida de la Iglesia exigen en quienes han sido llamados a él por el Señor una formación específica que los capacite para vivir con todas sus exigencias este misterio de gracia y para ejercer con responsabilidad este ministerio de salvación (PFS 1; PO 2). Para cumplir con esta tarea, cada comunidad diocesana debe arbitrar los medios necesarios: en primer lugar, un tiempo y un plan de formación que tenga en cuenta los diversos aspectos implicados en la capacitación para el ministerio presbiteral.
  7. La vocación al sacerdocio no se circunscribe al ámbito exclusivamente personal, sino que es también realidad eclesial porque afecta vitalmente a la misión que el Señor ha encomendado a la Iglesia. Es Dios quien llama y es la Iglesia quien debe hacer el discernimiento de la vocación por medio de la comunidad y del obispo. Por consiguiente, no basta la espontánea decisión del sujeto ni la preparación autodidacta emprendida personalmente, sino que es necesaria la mediación eclesial. Se trata de un deber y no sólo de un derecho de la Iglesia (cf. CIC 232)
  8. El proceso educativo establecido por la Iglesia implica diversos cometidos para los que se requieren tiempo y medios adecuados. Supuesta la opción personal y responsable por el sacerdocio, debe seguir una labor paciente de discernimiento que incluye, entre otros, los siguientes pasos: cultivo y maduración de la opción inicial: asimilación progresiva de todo lo que comporta el ministerio sacerdotal; experiencia e interiorización del valor comunitario; aceptación de los criterios evangélicos como norma de la propia vida; conocimiento del ámbito eclesial y pastoral en el que se va a ejercer el ministerio; vinculación y compromisos graduales con la Iglesia; capacitación para exponer la revelación cristiana; asimilación de las virtudes fundamentales del pastor.
  9. Cuando en el momento de la ordenación el obispo pregunta a la comunidad sobre la idoneidad del candidato, se refiere al logro de todo esto como término del proceso educativo.

    I.3 Adecuación de la formación al momento actual (PFS 5-6)

  10. Los cambios profundos operados en nuestro mundo (cf. GS 5-8) y en el seno de nuestra sociedad extremeña, colocan a la Iglesia y a sus instituciones en una nueva situación. El contexto socio-político y cultural, con fenómenos como el pluralismo cultural y el secularismo, entre otros (cf. TDV 21), presentan nuevas exigencias que reclaman lucidez para configurar las instituciones y los medios de formación de los futuros sacerdotes.......
  11. Los jóvenes que actualmente sienten la llamada al sacerdocio (cf. PDV 8) participan de las contradicciones y posibilidades que presenta nuestro contexto social y religioso, en el que habrán de ser signo e instrumento de salvación, en Cristo. Esto tiene repercusiones inmediatas tanto sobre su vocación como sobre su proceso educativo.....

    I.4 Formación del pastor (PFS 16-19)

  12. El Seminario, en cualquiera de las modalidades que adopte, tiene como finalidad primaria y específica la formación de los pastores de la comunidad y de los ministros de la Iglesia (cf. PFS 16-19). Toda la formación de los alumnos en el Seminario tiene un fin pastoral (CIC 255). Ésta es la óptica que debe presidir su organización. La preocupación pastoral debe informar por entero la formación de los alumnos (OT 19). Por lo tanto, todos los aspectos de esta formación: el espiritual, el intelectual, el disciplinar, deben estar conjuntamente dirigidos a dicha finalidad pastoral (OT 4).
  13. El ejercicio del ministerio pastoral debe tener unas marcadas características que se expresan en los términos de comunión, solidaridad y corresponsabilidad con el obispo, los sacerdotes y demás agentes de pastoral. Estas características deben ser personalmente asumidas por los candidatos al sacerdocio.
  14. Por la vida común en el Seminario y los vínculos de amistad y compenetración con los demás, deben prepararse para una unión fraterna con el presbiterio diocesano del que formarán parte para el servicio de la Iglesia (CIC 245, 2). El Seminario debe ser la escuela del talante con que se debe ejercer hoy el ministerio presbiteral. Por eso pide la Iglesia que toda la vida del Seminario se organice de tal manera que sea ya como una iniciación para la futura vida del sacerdote (OT 11)
  15. Durante el tiempo de formación en el Seminario, el futuro sacerdote ha de adquirir, ante todo, las actitudes propias del ministro de la Iglesia y del pastor de la comunidad, para que en su día pueda arbitrar los medios adecuados en relación a su tarea pastoral. Entre otras actitudes destaca la maduración de la libertad cristiana propia del hombre animado por el Espíritu:

    Obrad como hombres libres y no como quienes hacen de la libertad un pretexto para la maldad, sino como siervos de Dios (1Pe 2,16). Habéis sido llamados a la libertad, pero no toméis esa libertad como pretexto para vuestros apetitos desordenados; antes bien, haceos esclavos los unos de los otros por amor (Gál 5, 13).

  16. Las líneas de fuerza que nos orientan hacia el tipo de vida sacerdotal que reclama la Iglesia de hoy se pueden sintetizar así:
  17. Armonización y equilibrio entre responsabilidad personal y valor comunitario. Cada persona debe madurar en una auténtica libertad y responsabilidad humano-cristiana que desemboca en la apertura y entrega a los demás, en actitud oblativa, libre y generosa. Por otra parte, es necesaria la experiencia y asimilación del valor comunitario en quienes van a ser animadores y guías de la comunidad, servidores de la comunión eclesial y promotores de la corresponsabilidad en el pueblo de Dios.
  18. Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios (1 Pe 4, 10).
  19. Personalización de la fe y de la opción vocacional, mediante un proceso individualizado que tenga en cuenta el modo de ser, las motivaciones y el ritmo de cada persona. Es indispensable una fe personal que lleve a la identificación y a la adhesión a la persona de Cristo, a su imitación y seguimiento como Sacerdote y Pastor y a una vida de comunión con él, a partir de la cual brote el servicio y entrega sin reservas al reino de Dios y al hombre. El seminarista debe llegar a una situación básica creyente en que pueda decir con él apóstol: Sé de quien me he fiado (2 Tim 1, 12).
  20. Inserción en la realidad eclesial, diocesana y social de forma progresiva, responsable y realista, hasta llegar a una verdadera estima y aceptación de los demás, a un compromiso y a un sano juicio crítico.

    Hermanos, no seáis niños en el juicio. Sed niños en malicia, pero hombres maduros en juicio; que todo sea para edificación (1 Cor 14, 20.26).

  21. La caridad pastoral:

    El principio interior, la virtud que anima y guía la vida espiritual del presbítero en cuanto configurado con Cristo Cabeza y Pastor es la caridad pastoral, participación de la misma caridad pastoral de Jesucristo: don gratuito del Espíritu santo y, al mismo tiempo, deber y llamada a la respuesta libre y responsable del presbítero. El contenido esencial de la caridad pastoral es la donación de sí, la total donación de sí a la Iglesia, compartiendo el don de Cristo y a su imagen (PDV 23,a).

    II. OPCIONES BÁSICAS

  22. El Proyecto educativo del Seminario es el instrumento pedagógico que la comunidad diocesana diseña para formar los pastores de la Iglesia y de la sociedad de hoy. Supone unas opciones básicas que apuntan al modelo de presbítero que se quiere formar. El seminarista las deberá conocer previamente y asumir con claridad y generosidad para responder a lo que el Seminario le exige.

    II.1. Opción por el sacerdocio que propone la Iglesia (PFS 20-46)

  23. La identidad y espiritualidad del presbítero diocesano secular la propone la Iglesia. El candidato al sacerdocio no las elige ni puede alegar un derecho, sino que, deseando responder a la llamada de Dios, pide a la Iglesia el ministerio presbiteral del que ella es garante y responsable. Al deseo y ofrecimiento personal deberá seguir el discernimiento y aceptación de la Iglesia. La recta intención, las motivaciones y actitudes del candidato deben ser contrastadas durante el tiempo de formación, según las pautas del Plan de Formación Sacerdotal y de este Proyecto educativo.
  24. Es la Iglesia en cada tiempo, lugar y circunstancia la que, guiada por el Espíritu santo, determina tanto los requisitos como las garantías para acceder al ministerio presbiteral. Esto exige del seminarista una actitud de apertura y docilidad, de confianza y de diálogo, de transparencia y de disponibilidad para responder a lo que la Iglesia pida a través del obispo. De esta forma, el Seminario se convierte en escuela de fidelidad total a Cristo, a su Iglesia y a la propia vocación y misión(Juan Pablo II, "Mensaje a los seminaristas de España", n. 2; cf. PFS 14).

    II.2. La llamada específica a la santidad

  25. Los seminaristas tendrán que ir aprendiendo a vivir una santidad de vida específica, puesto que los sacerdotes con la llamada de Dios para la misión y el ministerio presbiteral reciben también por el sacramento del orden una vocación específica a la santidad de vida (cf. PDV 21,b y 15.c; "Reflexión sobre la situación del clero diocesano", Cáceres 1993, 54ss ).
  26. La vocación, consagración y misión sacerdotales, que se comprenden y explican entre sí, bajo la acción santificadora del Espíritu santo, fundamentan la espiritua-lidad de los presbíteros diocesanos seculares. Se trata de una vocación específica a la santidad (cf. PDV 20.24)

    II.3 Opción por la inserción en la diócesis y en su presbiterio (PFS 42-43)

  27. El Seminario forma sacerdotes diocesanos seculares que van a ejercer su ministerio fundamentalmente en una diócesis determinada. Debe estar relacionado e inserto en la vida de una Iglesia particular. La formación de los seminaristas habrá de realizarse en estrecha relación con el medio eclesial, humano y social en que viven, en estrecho contacto con los responsables diocesanos de la pastoral a los que un día se sumarán con la dedicación de todas sus fuerzas (cf. PFS 12). En efecto, los sacerdotes, unidos entre sí en íntima fraternidad sacramental, forman con su obispo un presbiterio propio dedicado a diversas tareas pastorales en la diócesis a cuyo servicio se consagran (LG 10).
  28. La opción explícita por el ministerio presbiteral ha de incluir (entre otras cosas) una inicial apertura a las realidades de la propia diócesis (PFS 181). La progresiva inserción en la realidad eclesial diocesana realizada con sentido pastoral debe aportar a la formación de los futuros presbíteros una sana dosis de realismo y contribuir a que el compromiso que se contraerá con la Iglesia en la ordenación sea más consciente, concreto e ilusionado.

    II.4. Opción por el protagonismo del mismo candidato en su formación (PDV 69)

  29. No se puede olvidar que el mismo aspirante al sacerdocio es también protagonista necesario e insustituible de su formación: toda formación -incluida la sacerdotal- es en definitiva auto-formación. Nadie nos puede sustituir en la libertad responsable que tenemos cada uno como persona (PDV 69a)
  30. Ciertamente también el futuro sacerdote -él el primero- debe crecer en la conciencia de que el protagonista por antonomasia de su formación es el Espíritu santo, que, con el don de un corazón nuevo, configura y hace semejante a Jesucristo el buen pastor; en este sentido, el aspirante fortalecerá de una manera más radical su libertad acogiendo la acción formativa del Espíritu. Pero acoger esta acción significa también, por parte del aspirante al sacerdocio, acoger las "mediaciones" humanas de las que el Espíritu se sirve. Por esto la acción de los varios educadores resulta verdadera y plenamente eficaz sólo si el futuro sacerdote ofrece su colaboración personal, convencida y cordial (PDV 69b).

    II.5. Opción por la síntesis fe y vida (PFS 4-8)

  31. La fe viva en Jesucristo nos abre a la comprensión de la realidad y de la comunidad. Esta fe debe informar todas las vertientes de la vida. A la madurez creyente se llega cuando la fe impregna a fondo la actividad cotidiana, cuando se logra armonizar la interiorización de la fe y su expresión en la conducta de cada día. La síntesis vital de fe y existencia personal es un objetivo pedagógico de la máxima importancia que se propone el Seminario.
  32. La formación que se imparte en el Seminario debe ayudar al seminarista a dar coherencia e integrar los diferentes elementos que componen su propia vida: acción y oración, afirmación personal y compromisos comunitarios, conducta humana y convicciones de fe. La clave de esta coherencia se encuentra en la unidad de vida en Jesucristo, de manera que la vida creyente sintetice la contemplación, la celebración y el compromiso. La formación que ofrece el Seminario se orienta precisamente a sentar las bases de la unidad de vida del futuro presbítero, tan decisiva para su existencia ministerial y para su espiritualidad específica.
  33. Toda síntesis e inserción en la realidad supone en nuestro caso una aceptación cordial de nuestra diócesis de Coria-Cáceres y de las personas responsables de la misma, una positiva estima de la sociedad y del hombre que hay que evangelizar, una sintonía personal con los afanes, problemas y trabajos de todos los hombres, especialmente de los más necesitados; una leal aceptación del proceso formativo que pide continuidad en el esfuerzo, colaboración generosa, búsqueda constante y exigencia siempre creciente; una fuerte esperanza que nos ayude a superar las tentaciones de desaliento, de inhibición y de pesimismo.

    III. DIMENSIONES DE LA FORMACIÓN

  34. El Seminario Mayor es el ámbito apropiado para la educación y vivencia de los valores y actitudes de la persona adulta, y es donde el seminarista, como exigencia del desarrollo de su personalidad para acercarse a Cristo, modelo y fuente de la plenitud humana, camina hacia el ministerio presbiteral. Para lograr este objetivo se deben tener en cuenta las diversas dimensiones de la formación, que constituyen el entramado de la vida del Seminario: humana, espiritual, intelectual, pastoral y comunitaria (cf. PFG 47).

    III.1. Formación humana (PFS 48-60 y PDV 43-44)

  35. La formación humana es el fundamento necesario de toda la formación sacerdotal (PDV 43). Viene exigida tanto por la necesaria asimilación de las virtudes propias del hombre, que debe realizar todo cristiano en cuanto tal, como por la madurez humana, que exige el propio ministerio al que está llamado....Por ello es imprescindible un discernimiento sobre las aptitudes humanas del vocacionado, tanto antes de su incorporación al Seminario como a lo largo de todo el proceso formativo(PFS 48 y 51).

    Objetivos:

  36. Ir creciendo paulatinamente en el conocimiento y aceptación sincera de sí mismo, de los demás y de las cosas, conscientes siempre de las propias posibilidades y limitaciones.
  37. Desarrollar, sobre la base de un carácter equilibrado, aquellas virtudes que son más necesarias para la convivencia humana: la sinceridad, la fidelidad, la capacidad de diálogo, el servicio, el equilibrio emocional, la responsabilidad, el respeto, la generosidad, la colaboración con los demás, el amor, la austeridad, la firmeza y la constancia (cf. OT 11; CIC 245,1).
  38. Adquirir criterios sanos y firmes sobre el equilibrio afectivo, el valor de la corporalidad, la sexualidad, la amistad, el aprecio del celibato como don de Dios y como realización humana (cf. OT 9, 10; PO 16;CIC 247)

    Medios:

  39. Actitud de servicio y de entrega personal, en donación libre y gozosa, que se abre oblativamente a los demás.
  40. Esfuerzo personal en el cumplimiento de los compromisos adquiridos y de las pautas de formación del Seminario.
  41. Diálogo y encuentros de formación con los formadores y con otros expertos para un mejor conocimiento propio y afianzamiento de los valores personales (cf. OT 11; PFS 55).
  42. Otros recursos ordinarios son: la convivencia y las actividades pastorales, para la madurez social; la cooperación en los servicios internos del Seminario y la libre adhesión a la organización y exigencias del Seminario, para el dominio propio; las prácticas espirituales, para fortalecer el carácter; el estudio constante y responsable para la capacitación intelectual; el ejercicio de las virtudes humanas y cristianas, para la formación moral.

    III.2. Formación espiritual (PFS 61-90 y PDV 45-50)

  43. La formación espiritual constituye el centro vital que unifica y vivifica todas las demás dimensiones y objetivos de la formación del seminarista (PFS 61 y PDV 45). La madurez de la fe es la clave para el discernimiento vocacional y para el ser y quehacer del futuro sacerdote (cf. OT 8; CIC 235.244-245; PFS 61).

    Objetivos:

  44. Vivir en trato familiar y asiduo con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu santo (PDV 45d)
  45. Aprender a buscar a Jesús y a unirse con él como amigos, sobre todo en la vivencia del misterio pascual, como preparación para la configuración futura ministerial con Cristo Sacerdote, Maestro y Pastor (cf. PDV 45d; OT 8; PO 3.12.14).
  46. Configurar una vida teologal que afecte a toda la existencia: el estudio, la vida comunitaria y el trabajo apostólico, y que alimente el esfuerzo de superación personal y la capacidad de sacrificio.
  47. Iniciar y capacitar al seminarista para vivir la espiritualidad propia del presbítero diocesano secular (cf. OT 8; CIC 244-245; PFS 64.65.86)

    Medios (cf. PFS 75-90):

  48. Lectura meditada y orante de la palabra de Dios (lectio divina), con todo lo que ello conlleva (cf. PDV 47)
  49. La participación activa en los sagrados misterios de la Iglesia, sobre todo en la eucaristía y en el sacramento de la penitencia (cf. PDV 48).
  50. Servicio de caridad a Cristo en los hombres, sobre todo en los "más pequeños". En la perspectiva de la caridad, que consiste en el don de sí mismo por amor, encuentra su lugar en la formación espiritual del futuro sacerdote la educación de la obediencia, del celibato y de la pobreza (cf. PDV 49).

    III.3. Formación intelectual (PFS 91-116 y PDV 51-56)

  51. Los estudios eclesiásticos, sin perder su carácter rigurosamente científico, tienden, por la finalidad propia del Seminario, a que la fe de los futuros presbíteros se desarrolle en dos vertientes: la vivencial y la apostólica. Así, la formación intelectual se ve plenamente integrada, como una de las dimensiones fundamentales, en el proceso educativo global y unitario del seminarista. La formación académica está confiada al Centro de estudios teológicos del Seminario de Coria-Cáceres, afiliado a la Universidad Pontificia de Salamanca (cf. PFS 91 y PDV 51).

    Objetivos:

  52. Desarrollar la capacidad intelectual mediante el estudio de las disciplinas eclesiásticas en orden al ministerio futuro (cf. OT 16).
  53. Lograr al final de los estudios una visión global y de síntesis de la Palabra revelada, tal y como es presentada en el Magisterio de la Iglesia.
  54. Poder ser fieles al hombre histórico y concreto, a quien se ofrece el evangelio como palabra de salvación, evangelizar la cultura e inculturizar el mensaje de la fe.
  55. Formar al futuro sacerdote en el discernimiento crítico y poner las bases para la formación permanente

    Medios:

  56. El primer deber inexcusable del seminarista es el estudio, desde el que ahora sirve a la Iglesia y a la sociedad. Para garantizar su seriedad debe ser programado, constante, revisado.
  57. Cultivo de otros aspectos culturales y de las aficiones propias (cf. OT 13-18; CIC 248-252).
  58. Lecturas complementarias, sobre todo de revistas, y participación activa en las Jornadas culturales del Seminario, en las Jornadas teológicas de los tres Seminarios extremeños, en los diversos Encuentros formativos de la diócesis y en otros eventos culturales.
  59. Comunicación frecuente de los formadores del Seminario con los responsables de la formación académica para conjuntar y coordinar objetivos y esfuerzos.

    III.4. Formación pastoral (PFS 117-144 y PDV 57-59)

  60. Toda la formación de los alumnos en los seminarios debe tender a que se formen verdaderos pastores (PO 4). Es más, el afán pastoral debe informar enteramente la educación de los alumnos; es necesario que aprendan a ejercitar el arte del apostolado no sólo en teoría, sino también en la práctica (OT 19 y 21).
  61. Dado que la formación pastoral teórica está encomendada al Centro de estudios teológicos del Seminario, estas notas y las que se encuentran más adelante, se limitan al aspecto práctico.

    Objetivos:

  62. Ser fieles en los compromisos apostólicos, programándolos, preparándolos y revisándolos convenientemente.
  63. Conocer, asimilar e identificarse progresivamente con el ministerio del presbítero diocesano.
  64. Madurar y enriquecer la personalidad apostólica mediante responsabilidades pastorales crecientes en campos sucesivos.
  65. Aprender a ser corresponsables y a trabajar en equipo con sacerdotes y laicos, niños, jóvenes y mayores, hombres y mujeres.
  66. Conocer la realidad religiosa y social de la propia diócesis, de los diversos tipos de parroquia, los Movimientos apostólicos, los diferentes sectores pastorales y las prioridades pastorales de cada momento.

    Medios:

  67. Catequesis e integración en equipos de catequistas
  68. Servicios de animación litúrgica y participación en grupos de oración
  69. Pastoral de la caridad, sin olvidar los cauces y formas de relación con los marginados
  70. Estudio profundo y sistemático de la teología pastoral
  71. Participación en proyectos parroquiales y sectoriales
  72. Trabajo con jóvenes asumiendo paulatinamente funciones de animador
  73. Incorporación a Movimientos de Acción Católica y a otros movimientos y grupos, acorde a las exigencias específicas de la formación sacerdotal.
  74. Pastoral vocacional
  75. Actividades en sectores específicos: enfermos, pastoral familiar, alejados

    III.5. Formación comunitaria (PFS 145-169 y PDV 60-62)

  76. En la comunidad del Seminario se realiza la expresión de la vida de la Iglesia y de las exigencias de la fraternidad sacramental (cf. PFS 2 y PE 4). El obispo se hace presente en ella a través del servicio de corresponsabilidad del rector y de los demás educadores. Todos los miembros de la comunidad, reunidos por el Espíritu en una misma confesión de fe y una sola fraternidad, colaboran en la tarea común de discernir la vocación y preparar para el presbiterado (cf. PFS 149 y PDV 60d). La experiencia de la vida comunitaria afecta a todos los aspectos de la persona y contribuye a la madurez en el plano humano, espiritual, pastoral e intelectual. Por todo ello, el Seminario constituye para el futuro sacerdote la comunidad educativa fundamental. A su proyecto comunitario ha de subordinarse siempre teórica y prácticamente cualquier otro que pudiera ser asumido por el seminarista (PFS 160c)

    Objetivos:

  77. Vivir las exigencias de una comunidad cristiana: la unidad en la diversidad, las relaciones de caridad y confianza, la prestación de servicios recíprocos, la comunicación franca con todos, la revisión de vida, la corrección fraterna, la comunicación de bienes y el ocio y la fiesta compartidos.
  78. Aprender a trabajar y a colaborar en equipo, para poder hacerlo también el día de mañana con el propio obispo, el presbiterio diocesano y con otras comunidades y personas dentro de la comunión de la Iglesia universal. La experiencia comunitaria es la mejor garantía para quien deberá formar comunidad (cf. OT 9; PO 7 y 8; CIC 245,2; PFS 154.159-161)

    Medios:

  79. Las actividades ordinarias para fomentar y crecer en la vida comunitaria son: la asistencia y participación en todo tipo de actos comunitarios, especialmente en la eucaristía y encuentros comunitarios; la práctica de la corresponsabilidad en la marcha del Seminario; la participación responsable en los servicios comunes; la voluntad eficaz de unirse a los demás superando el espíritu individualista e independiente; el aprendizaje sencillo de comunicación de bienes; el trabajo académico en equipo; la programación y revisión de actividades con los demás; la animación de las celebraciones; y las actividades lúdicas.
  80. La amistad, que se ha de fomentar tanto en el plano interpersonal como en grupos reducidos, pero abierta a los demás. En su vivencia se evitará cuanto pueda obstaculizar la unidad de la comunidad y los valores auténticos de la caridad y de la madurez afectiva.
  81. Otras actividades y requisitos de la vida comunitaria son: la capacidad de diálogo, la aceptación del otro con su carácter y criterios, la acogida cordial y mutua, la hospitalidad con los que visitan el Seminario, el testimonio personal que tanto ayuda a los demás, el respeto mutuo, la atención desinteresada y pronta a quien nos necesita, la sencillez para recibir las correcciones, la búsqueda de todo lo que une y de lo que contribuye a la unidad, el rechazo de toda actitud excluyente de personas o de grupos (cf. OT 11.19; PO 9).

    IV. EL PROCESO EDUCATIVO Y SUS ETAPAS

    IV.1. Criterios generales (PFS 170-175)

  82. El tiempo que transcurre entre el ingreso en el Seminario y la ordenación sacerdotal supone para el seminarista un largo proceso de maduración personal y vocacional. Ese proceso tiene un carácter progresivo y se ha de fundamentar en el diálogo entre la gracia de Dios y la libertad del llamado.
  83. El proceso consiste en un desarrollo integral y armónico de la personalidad del seminarista. No debe identificarse sin más la formación y maduración integral del seminarista con la superación de los cursos académicos en los que va avanzando su formación intelectual (PFS 171).
  84. Una de las líneas fundamentales de este proceso educativo es un constante discerni-miento vocacional que también ha de ser progresivo (cf. PFS 223-233).
  85. El proceso de formación debe conciliar armónicamente la propuesta clara de la meta que se quiere alcanzar, la exigencia de caminar con dedicación hacia ella, la atención al sujeto concreto y, consiguientemente, a una serie de situaciones, problemas, dificultades, ritmos diversos de andadura y crecimiento (PDV 61).
  86. El proceso formativo se concreta y articula en sucesivas etapas que diseñan la organización interna del seminario. Cada una de las etapas contiene objetivos a conseguir y medios para lograrlo, y deberá finalizar con una evaluación para determinar la conveniencia o no de acceder a la etapa siguiente.

    IV.2. Acceso al Seminario Mayor (PFS 176-183)

  87. Los formadores deben conocer el origen, ambiente y el proceso de la vocación. Para ello, estarán en contacto ineludible con quienes hayan acompañado a los candidatos.
  88. El que aspira a ingresar en el Seminario Mayor, además de aceptar cordial y generosamente el presente Proyecto educativo (PFS 181), ha de reunir las siguientes cualidades: un nivel básico de madurez personal, religiosa y moral; salud corporal y equilibrio psíquico suficiente; capacidad normal para los estudios; intención recta y opción inicial clara y seria por el ministerio presbiteral; conocimiento suficiente de la doctrina de la fe y capacidad normal, de algún modo demostrada, para las relaciones interpersonales y para la convivencia en comunidad (PFS 180).
  89. Para comprender las condiciones objetivas y las actitudes personales que se requieren para el ingreso, el equipo de Formadores del Seminario Mayor mantendrá previamente las entrevistas que sean necesarias con el aspirante y un contacto directo con los responsables del Seminario Menor o de la comunidad cristiana de donde proceden los candidatos (PFS 182). Por todo ello, se podrán pedir los siguientes requisitos:
  90. Convivencia previa al ingreso
  91. Partida de bautismo
  92. Certificado médico
  93. Examen psicológico
  94. Aval de un sacerdote o persona que los presenta

    IV.4 Primera etapa (PFS 195-201)

  95. La primera etapa estará formada por aquellos seminaristas que encuentren en 1º y 2º de estudios eclesiásticos. El objetivo fundamental de la etapa es verificar la opción vocacional inicial, pasando de motivaciones y opciones subjetivas a otras más objetivas y realistas.

    Objetivos

    Dimensión humana:

  96. Adquirir coherencia y unidad personal
  97. Crecer en el conocimiento y aceptación de sí mismo, y en la vocación al sacerdocio
  98. Cultivar de un modo sistemático actitudes y valores humanos que permitan ir avanzando en la comunicación con los demás

    Dimensión espiritual:

  99. Asumir de modo personal los fundamentos de la vida cristiana y los específicos del ministerio presbiteral: celibato, obediencia, pobreza.
  100. Conocer vivencialmente la persona de Jesucristo
  101. Profundizar en la vida de oración bajo sus diferentes formas
  102. Aprender a interpretar con criterios evangélicos la realidad que se está viviendo

    Dimensión intelectual:

  103. Cuidar la complementariedad de los temas de estudio con otros que puedan ayudar al equilibrio humano-espiritual
  104. Clarificar la identidad cristiana dentro del conjunto de ideologías y sistemas de pensamiento actuales
  105. Asimilar los conocimientos filosóficos en una síntesis armónica que permita iniciar en un estudio sistematizado de la teología

    Dimensión pastoral:

  106. Insertarse en las tareas de una parroquia o sector pastoral
  107. Aprender a ser corresponsables y a trabajar en equipo con sacerdotes y laicos, niños, jóvenes y mayores, hombres y mujeres
  108. Asumir un compromiso apostólico formal, programado y constante

    Dimensión comunitaria:

  109. Tomar conciencia de que el Seminario es la comunidad fundamental de referencia (cf. PFS 198.161)
  110. Aprender a compartir, a renunciar a lo propio, a programar y a trabajar en equipo
  111. Fomentar la vida fraterna y las actitudes constructivas para la convivencia.

    Medios

    Dimensión humana:

  112. Reuniones comunitarias de formación
  113. Encuentros con los formadores
  114. El PPV (proyecto personal de vida)

    Dimensión espiritual:

  115. Iniciación sistemática en la lectura de la palabra de Dios
  116. Entrevistas periódicas con el director espiritual
  117. Lectura espiritual programada y sistemática

    Dimensión intelectual:

  118. Programación y distribución del tiempo de modo responsable
  119. Técnicas, métodos de estudio y lecturas complementarias
  120. Conversaciones sobre temas intelectuales, fuera de las clases, con profesores, formadores y compañeros

    Dimensión pastoral:

  121. Catequesis de niños y adolescentes e integración en equipo de catequistas
  122. Servicios de animación litúrgica e integración en grupos de oración
  123. Participación en convivencias juveniles, campamentos, campos de trabajo..

    Dimensión comunitaria:

  124. Corrección fraterna
  125. Revisiones de vida en grupos reducidos
  126. Reuniones de sección y encuentros comunitarios
  127. Participación creciente en los diversos servicios comunitarios y en alguna de las comisiones del Seminario

    IV.5. Segunda etapa (cf. PFS 202-209)

  128. Esta etapa estará integrada por los seminaristas de 3º, 4º, 5º y 6º de estudios eclesiásticos. Es el período de estudios eminentemente teológicos. Durante el 5º curso se suelen recibir ordinariamente los ministerios de Lector y Acólito. El objetivo fundamental de la etapa es: Asimilar los contenidos esenciales e identificarse con el ser y el ministerio del sacerdote diocesano secular.

    Objetivos

    Dimensión humana:

  129. Consolidar la opción por el celibato, asentada en una afectividad madura y en motivaciones por el Reino
  130. Crecer en austeridad y en la práctica de compartir los bienes
  131. Adquirir un sentido realista, objetivo y crítico de las personas y de los acontecimientos, compatible con la comunión comunitaria, diocesana y eclesial.

    Dimensión espiritual:

  132. Ahondar en la espiritualidad propia del presbítero diocesano secular
  133. Ir tendiendo a la unidad de vida y acción a partir de la opción por el sacerdocio
  134. Profundizar en el conocimiento del misterio de Cristo, por la vivencia del Espíritu santo, como camino hacia el Padre
  135. Cultivar la dimensión misionera y ecuménica de la fe y de la vocación sacerdotal

    Dimensión intelectual:

  136. Conseguir una clarificación suficiente sobre la identidad del ministerio sacerdotal
  137. Capacitarse doctrinalmente para poder desempeñar el ministerio de la Palabra en la Iglesia y el servicio de la evangelización en la cultura y en el mundo actual
  138. Conseguir al final de la etapa un visión de síntesis y personal de la revelación y de la teología

    Dimensión pastoral:

  139. Conocer, asimilar e identificarse progresivamente con el ministerio del presbítero diocesano
  140. Madurar y enriquecer la personalidad apostólica mediante responsabilidades pastorales crecientes en campos sucesivos
  141. Ir asumiendo la fraternidad apostólica con sacerdotes y laicos, como valor básico de la futura vida sacerdotal
  142. Conocer la realidad religiosa, eclesial y social de la diócesis, de los diversos tipos de parroquia, los Movimientos apostólicos, los diferentes sectores pastorales y las prioridades apostólicas de cada momento.
  143. Conocer todos los trabajos significativos realizados previamente en la diócesis de Coria-Cáceres: Asamblea del pueblo de Dios, la situación del clero diocesano, el programa de pastoral diocesano, los directorios...

    Dimensión comunitaria:

  144. Haber dado muestras suficientes de una integración continua, positiva y participativa en la comunidad del seminario, y de capacidad de trabajo en equipo y en proyecto común, que garanticen una adecuada integración en el presbiterio
  145. Estar en proceso de alcanzar la síntesis entre vida personal y comunitaria, soledad y sociabilidad, silencio y comunicatividad

    Medios

    Dimensión humana:

  146. La oración, vigilancia y ascesis, para la aceptación gozosa del celibato
  147. Dominio del propio carácter y afectividad para no dejarse llevar por los sentimientos o impresiones del momento, y superar las actitudes de posesión o dependientes
  148. Cultivo de amistades verdaderas y profundas que favorezcan más tarde la vivencia de la fraternidad sacerdotal
  149. Fidelidad al PPV

    Dimensión espiritual:

  150. Conocer concreta y directamente la vivencia espiritual de los sacerdotes diocesanos:
  151. Adquisición del hábito de oración, tanto en la oración personal como en la participación en la oración comunitaria
  152. Práctica de la Lectio divina y de la lectura espiritual del Concilio, hagiografías, clásicos espirituales y patrísticos y otros temas de espiritualidad, especialmente relativos al ministerio
  153. Encuentros personales con los formadores, con los compañeros y con el director espiritual para revisar el pasado y discernir las decisiones
  154. Práctica de la interiorización a través de la meditación, el autoanálisis y la revisión, y la práctica habitual del sacramento de la reconciliación
  155. Consolidación del sentido y de la práctica de la eucaristía, de la penitencia, de la liturgia de las horas y de la devoción a la Virgen María
  156. Integrar en la formación la realidad del ecumenismo

    Dimensión intelectual:

  157. Estudio asiduo, intenso y prolongado, entendido como fidelidad a la vocación y al servicio pastoral
  158. Hacer el Bachillerato en teología, siempre que ello sea posible

    Dimensión pastoral:

  159. Estudio profundo y sistemático de la teología pastoral
  160. Participación en proyectos parroquiales o sectoriales
  161. Trabajo con jóvenes asumiendo paulatinamente funciones de animador
  162. Incorporación a Movimientos de Acción Católica y a otros Movimientos y grupos, acorde a las exigencias específicas de la formación sacerdotal
  163. Pastoral de la caridad, a través de Cáritas, sin olvidar otros cauces o formas de relación con los marginados
  164. Pastoral vocacional
  165. Actividades en sectores específicos: enfermos, pastoral familiar, alejados....
  166. Pastoral en pueblos, sobre todo para quienes son de la ciudad

    Dimensión comunitaria:

  167. Habitual participación en los actos comunitarios, dándoles prioridad sobre los compromisos personales
  168. Espíritu de participación, trabajo en equipo y corresponsabilidad en las tareas comunitarias y otros asuntos del Seminario
  169. Ejercicio ponderado de la corrección fraterna
  170. Cultivo de todo lo que une y potencia la comunidad: sentido del humor, participación en el deporte comunitario, espíritu de iniciativa; y rechazo de lo contrario: ironías malévolas, difusión de chismes, partidismos, intransigencias...
  171. Inclusión en el PPV del cultivo de soledad y silencio
  172. El curso sexto de teología es el último de la formación institucional en el Seminario. Aun cuando pertenece a la segunda etapa, reviste características especiales. Es año de síntesis en todos los aspectos. Los estudios se intensifican por el Bachillerato. En sesiones de formación complementaria, se pretende profundizar en la teología y la espiritualidad del sacerdocio ministerial. Por estas razones, sería conveniente plantearlo casi como un año sabático en cuanto a prácticas pastorales.

    IV.6. Etapa pastoral (PFS 210-222)

    IV. 6.1. Definición, duración y relación con el Seminario

  173. Integran la etapa pastoral los seminaristas que han terminado el sexenio filosófico-teológico. Dura hasta la ordenación de presbíteros. Es la coronación del proceso formativo inicial. Tiene dos fases: el período anterior a la ordenación diaconal y la etapa propiamente diaconal.
  174. La ordenación de diácono es un elemento clave dentro de la etapa pastoral. El momento más oportuno para la ordenación dependerá del planteamiento general de la etapa pastoral y, sobre todo, de la madurez y de las actitudes personales swl candidadto (PFS 220)
  175. La duración de esta etapa y el contenido de los pasos progresivos pueden ser variados según la edad y el proceso de maduración personal de cada seminarista (PFS 212). En cualquier caso, su duración será de un curso completo. Sería de desear que el seminarista permaneciese en el mismo sitio durante toda la etapa, incluido el período diaconal.
  176. La duración del ministerio diaconal debe ser, como mínimo, de seis meses, pero puede prolongarse a lo largo de uno o varios años antes de la ordenación de presbítero, habida cuenta de las circunstancias de la Iglesia local y de la persona del diácono (PFS 221).
  177. Esta etapa se desarrolla fuera del Seminario, pero en estrecha relación con él, por ser parte del camino que conduce al sacerdocio. Los seminaristas pasarán periódicamente algún tiempo en el Seminario para evaluar sus experiencias, convivir y profundizar la formación espiritual e intelectual.

    IV. 6.2 Objetivos

  178. Culminar el proceso formativo para el ministerio por medio de la profundización en el estudio de la teología del ministerio y la asimilación de la teoría y de la técnica de las acciones pastorales (cf. PFS 210 y 214)
  179. Madurar en la espiritualidad específica del presbítero diocesano secular (PFS 214 y 217), mediante un conocimiento directo y práctico de la vida y ministerio del sacerdote.
  180. Incorporarse progresivamente al presbiterio diocesano mediante acciones pastorales en equipo y asumir, en colaboración con los presbíteros, responsabilidades de animación, coordinación y presidencia de comunidades y grupos.
  181. Conocer mejor la diócesis, así como el funcionamiento de los diversos organismos diocesanos.
  182. Aprender a organizarse, a distribuir el tiempo y a cumplir con las propias obligaciones sin el marco prefijado del Seminario
  183. Afrontar las dificultades que surgen en el ejercicio de las responsabilidades pastorales (PFS 215)
  184. Hacer la opción definitiva por el sacerdocio desde el conocimiento directo de lo que se va a vivir en el ministerio.

    IV.6.3 Responsables y acompañantes

  185. Siendo esta etapa pastoral parte integrante de la formación del futuro pastor, corresponde a los formadores del seminario tomar parte en su planificación, desarrollo y evaluación. Dadas, por otro lado, las implicaciones de esta etapa en la organización y en la acción pastoral de la diócesis, resultará necesario que la vicaría general o la de pastoral, en conexión con los distintos organismos diocesanos, asuma también su responsabilidad en la planificación y en la evaluación de esta fase, muy especialmente a partir de la ordenación diaconal (PFS 222).
  186. Normalmente el Rector del Seminario será el responsable último o coordinador de la etapa para asegurar la unidad de dirección y el cumplimiento del programa formativo. Mantendrá estrecha relación con los sacerdotes acompañantes para ayudarles en su cometido e informarles debidamente de todos aquellos aspectos que puedan serles de utilidad.
  187. Además del Rector del Seminario y del Vicario respectivo, son acompañantes principales de los seminaristas en etapa pastoral los sacerdotes de las parroquias o campos de acción. El tipo de relación que establecen con los seminaristas es de la mayor importancia formativa. Pocas cosas les ayudan más que su testimonio gozoso de hombres de oración, comunión eclesial y trabajo en equipo. Proseguirá, además, el acompañamiento propio de la dirección espiritual, que cuidará de modo especial la maduración en la espiritualidad específica del presbítero diocesano secular (PFS 214 y 217)

    IV.6.4. Los criterios de elección de parroquias o campos de trabajo

    Para seleccionar las parroquias o campos de acción, se tendrán en cuenta:

  188. Las necesidades formativas de cada seminarista
  189. La selección de los sacerdotes acompañantes: Resulta de importancia capital la elección de los sacerdotes a quienes se encomiende el acompañamiento de estos seminaristas mayores (PFS 219)
  190. El tipo de parroquia o campo de acción: por su entidad en recursos humanos y pastorales y por sus opciones pastorales en consonancia con las de la Iglesia diocesana.
  191. El buen funcionamiento del arciprestazgo al que pertenezca la parroquia en cuestión.

    IV.6.5. El acompañamiento

  192. El acompañamiento se realiza en la convivencia del día a día, en la oración y la mesa compartidas, en el ocio y en el trabajo pastoral. No obstante, es muy aconsejable tener una reunión semanal para revisar, programar y compartir la fe y la vida. Con el acompañamiento se pretende:
  193. Constituir un equipo pastoral que programa, realiza y evalúa sus actividades en común (PFS 219)
  194. Ayudar al discernimiento, especialmente sobre la madurez que se requiere para asumir las responsabilidades propias del ministerio presbiteral (PFS 213)
  195. Favorecer la fidelidad al PPV, sobre todo en cuanto a oración, estudio y compromisos pastorales, tanto en su preparación como en su realización.
  196. Otros valores que han de asegurarse en el acompañamiento son: el sentido de pertenencia y de comunión eclesial, el celo pastoral, la dirección espiritual, la madurez afectiva, la capacidad de autonomía personal, el trabajo en equipo, el sentido de gratuidad, la sobriedad y austeridad en gastos y viajes (cf. PFS 127-135)

    IV. 6.6. Plan de formación

  197. Es aplicable a nuestra etapa lo que dice el Papa refiriéndose a los sacerdotes jóvenes: Para acompañar a los sacerdotes jóvenes en esta primera delicada fase de su vida y ministerio, es más que nunca oportuno - e incluso necesario hoy- crear una adecuada estructura de apoyo, con guías y maestros apropiados, en la que ellos puedan encontrar, de manera orgánica y continua, las ayudas necesarias para comenzar bien su ministerio presbiteral. Con ocasión de encuentros periódicos, suficientemente prolongados y frecuentes, vividos si es posible en ambiente comunitario y en residencia, se les garantizarán buenos momentos de descanso, oración, reflexión e intercambio fraterno (PDV 76e).

    Materiales de estudio:

  198. Repaso de los grandes documentos del Concilio, del Catecismo de la Iglesia católica y de otros documentos del Magisterio
  199. Teología y espiritualidad del sacerdocio
  200. Introducción a los rituales de la eucaristía y de los sacramentos y talleres de práctica litúrgica
  201. Temas monográficos: organización y economía diocesanas, burocracia parroquial, el uso popular de la Biblia, el acompañamiento espiritual

    Encuentros de formación:

  202. Antes de la ordenación de diáconos, se tendrán en el Seminario varios encuentros de formación. Normalmente serán cuatro; más uno, introductorio, y otro, final, de evaluación.
  203. Durante el período diaconal se seguirán celebrando encuentros, en la medida de lo posible y conveniente, encaminados a la preparación inmediata del sacerdocio. Tendrán una duración mínima de un día y constarán de las siguientes partes:
  204. Puesta en común del trabajo personal realizado
  205. Retiro espiritual, en el que se compartirá la fe y la experiencia de oración
  206. Cursillo sobre el tema monográfico que corresponda
  207. Presentación del trabajo que ha de realizarse para preparar el encuentro siguiente: a) en cuanto al tema de estudio, con los materiales y documentos adecuados; y b) en cuanto a la clave o perspectiva desde la que se hará la reflexión escrita de lo que se vaya viviendo.

    IV. 6.7. Destinos y economía

  208. Hace los destinos de la etapa pastoral el obispo, con el asesoramiento de los responsables de la etapa, a ser posible antes de finalizar el curso anterior.
  209. Los gastos de esta etapa no pueden recaer sobre la economía familiar de los seminaristas y tampoco exclusivamente sobre las parroquias que los acogen. La diócesis asegurará una cantidad mínima razonable. El resto lo cubrirá la parroquia de acogida. Se procurará resolver este aspecto desde el principio. También se les proporcionará, si no lo tuvieren, algún tipo de seguridad social

    V. VACACIONES ACADÉMICAS (PFS 234-236)

  210. Nos referimos directamente a las vacaciones más largas de verano; no obstante, lo que aquí se dice puede servir también de referencia para los demás períodos vacacionales. Los períodos de vacación no son un paréntesis en el proceso de formación, ni mucho menos su interrupción; forman parte del mismo y hasta tienen una importancia peculiar e insustituible.
  211. Conviene, por tanto, que sean debidamente programadas y revisdas tanto en el plano personal como en el comunitario (PFS 234). Comunitariamente se intentará ir dando pasos en esta dirección. Personalmente, cada uno hará su PPV para el verano. Incluirá la vida espiritual, la relación con la familia, el descanso y otras actividades de formación. Todas las actividades importantes de vacaciones deben ser discernidas y programadas previamente.
  212. Durante las vacaciones, a lo largo de los años de formación, se debería participar en la mayor parte de las actividades y experiencias siguientes, que enumeramos sólo a modo de referencia:
  213. Colaboración más estrecha con la parroquia propia, cultivando especialmente la relación con el párroco y de más sacerdotes. Algo parecido dígase de los lugares donde se permanezca con estabilidad.
  214. Experiencias espirituales y de oración no factibles durante el período lectivo: retiros en algún monasterio, Ejercicios espirituales más prolongados, cursos de espiritualidad, peregrinaciones..
  215. Experiencias de Iglesia diocesana y universal: campamentos, prácticas pastorales especiales, voluntariados en misiones...
  216. Relación más encarnada con los hombres y el mundo de hoy: campos de trabajo con jóvenes, experiencias de trabajo...
  217. Contacto más directo con la naturaleza: excursiones, montañismo, turismo...
  218. Cursillos sobre temas varios: misionología, pastoral vocacional, liturgia, pastoral juvenil, doctrina social de la Iglesia, medios de comunicación, música, pastoral sanitaria, tiempo libre....
  219. Voluntariado social en colonias urbanas, con marginados, enfermos, minusválidos, en conexión con Cáritas u otros organismos...
  220. Sacarse el carnet de conducir

    El Triduo pascual nos ofrece las siguientes posibilidades:

  221. Celebración en la parroquia de residencia familiar
  222. Celebración en la parroquia donde se trabaja pastoralmente durante el curso
  223. Pascuas juveniles
  224. Prácticas de acolitado y lectorado en la catedral, una vez recibidos los ministerios
  225. Pascua monástica, preferentemente en sexto curso

     

  226. Al elegir las actividades de cada período vacacional se tendrán en cuenta los criterios de personalización, gradualidad y complementariedad, aplicados de forma amplia; la vida es fluida y las circunstancias personales (estudios, maduración humana y vocacional) y familiares pueden aconsejar otra cosa. La gradualidad de las experiencias está en estrecha relación con las etapas de formación. Es normal que se proceda de menor a mayor dificultad y responsabilidad.
  227. Tan importante como la buena programación de actividades de vacaciones es su revisión, tanto en el plano personal como en el comunitario. Se hará con los formadores y con los compañeros del Seminario en entrevistas personales, por cursos, secciones o en encuentros comunitarios; también sería conveniente revisarlas con quienes nos acompañaron en su realización.
  228. Las vacaciones académicas son un medio excelente para evaluar la madurez humana, cristiana y vocacional de los candidatos al sacerdocio, porque, al brindar un margen tan amplio a la iniciativa personal libre y responsable, son el período de la formación más parecido al tipo de vida que llevará el seminarista cuando sea sacerdote.

    VI. INTERRUPCIONES Y CASOS ESPECIALES (PFS 237-248)

  229. Bien por iniciativa del propio seminarista, bien por iniciativa de sus formadores o por decisión del obispo, puede ser oportuno en algunas ocasiones que el seminarista interrumpa la convivencia comunitaria del Seminario o los estudios eclesiásticos o ambas cosas a la vez. En cualquier caso, si se trata de una interrupción temporal y no de salida definitiva, el alumno sigue siendo miembro de la comunidad y sobre ésta recae la responsabilidad de atenderle y ayudarle en la nueva situación, manteniendo con él contacto habitual (PFS 237).
  230. Las interrupciones pueden producirse razonablemente en distintos momentos del proceso de formación. En cada caso se programará el tiempo que debe durar, así como el modo y lugar más adecuados para realizar la experiencia (cf. PFS 239-241).
  231. Los casos especiales se dan cuando quieren ingresar al Seminario personas adultas, o que carecen de la formación humanística y científica requeridas para emprender los estudios eclesiásticos, o que por la razón que fuere deban residir excepcionalmente fuera de la comunidad educativa del Seminario, o que procedan de otros Seminarios o Institutos Religiosos. Todos estos casos quedan al juicio del obispo, que procederá según la normativa de la Santa Sede y de la Conferencia Episcopal Española: PO3; CIC 234,2; 235 y 241,3; RFIS 9, 19 y 39; PFS 183 y 242-248.
  232. Tratándose de personas adultas con buen grado de formación teológica, con práctica apostólica y con una madurez humana y espiritual probadas, es necesario, no obstante, que pasen un tiempo suficientemente largo en la comunidad del Seminario. En estos casos, la capacidad de adaptación a la vida comunitaria se convierte casi en el único criterio de discernimiento vocacional.

     

    VII. ESPECIFICACIONES CONCRETAS PARA LA VIDA DEL SEMINARIO

    VII.1 Formación humana

  233. Es indudable que el ingreso en el Seminario implica un cierto distanciamiento de la familia y ha de suponer alguna ruptura con la vida anterior. Pero ello no equivale al olvido de tales relaciones, que siempre deben ser cercanas. En las fiestas familiares, en algunos fines de semana y especialmente en las vacaciones de verano, navidad y semana santa, ese contacto será especialmente intenso.
  234. Se cultivará el diálogo, la apertura, la comunicación y la transparencia con los formadores y compañeros, como signo de madurez y medio para el discernimiento vocacional.
  235. Es necesario fomentar la autodisciplina en la organización del tiempo y del estudio, en las salidas, comunicando previamente todo aquello que se salga de lo ordinario, para evitar el individualismo irresponsable que no da razones de sus actos.
  236. Se aprovechará la TV, el cine y los demás medios de información de modo formativo, no cediendo a la tentación de un uso fácil e indiscriminado de los mismos.
  237. Se estimará y se fomentará la educación, la cortesía y los buenos modales en el trato con todas las personas tanto dentro del Seminario (personal auxiliar, forma-dores, profesores, compañeros) como fuera (familia, actividades pastorales). El desprecio de las formas no deja de revelar una actitud adolescente.
  238. Se cuidará el aseo personal, la limpieza y el orden tanto de las habitaciones particulares como de las dependencias comunes de la casa.
  239. Se aprenderá a cuidar la salud por medio de hábitos alimentarios sanos y por el ejercicio físico regularmente realizado, como condiciones indispensables para un servicio más eficaz.

    VII.2. Vida espiritual

  240. La oración cotidiana consiste en los actos comunitarios de Laudes, por la mañana, la eucaristía, unos días por la tarde y otros por la mañana, Vísperas por la tarde y el rezo de Completas, después de la cena. Se dedica además una media hora a la oración de forma comunitaria y, personalmente, un tiempo prudencial para la lectura espiritual. Hacemos nuestras también y de buen grado todas las recomendaciones de la Iglesia en cuanto a devociones, sobre todo el rezo del rosario. El hábito de oración personal y la participación fiel en la oración comunitaria son criterios de idoneidad vocacional.
  241. Durante la semana se tiene un tiempo de oración con exposición del Santísimo, siempre con un carácter eucarístico y sacerdotal. Los sábados por la tarde se dedica un tiempo al rezo del rosario.
  242. Queremos orar y honrar al Señor también con nuestros cuerpos y actitudes externas. Ello nos tiene que llevar a ser puntuales en la oración comunitaria, a cuidar la compostura y el ambiente de recogimiento en la capilla y a unificar gestos para asegurar el criterio de unidad.
  243. Los encargados de la liturgia diaria cuidarán con esmero la oración comunitaria, los tiempos litúrgicos y las celebraciones especiales.
  244. Se presta especial atención a la formación litúrgica y musical, ofreciendo además una formación específica a quienes vayan a recibir los Ministerios y las Ordenes sagradas.
  245. Se cuidará con esmero los Ejercicios espirituales anuales y los Retiros, especialmente en los tiempos litúrgicos fuertes.

    VII.3. Estudio y formación intelectual

  246. Las clases lectivas tienen lugar por la mañana en el Seminario. Las clases son obligatorias (PFS 115). La tarde se dedicará al estudio personal
  247. No se podrán simultanear los estudios teológicos con otros de carácter civil (cf. PFS 109b).
  248. Se harán esfuerzos por conseguir el hábito de estudio, mediante una adecuada metodología, horario y ayudas pertinentes.
  249. El trabajo y estudio en común, importantes e incluso necesarios muchas veces, deben realizarse en los lugares apropiados para no molestar.
  250. Consideramos necesario el clima habitual de silencio en la zona de habitaciones para facilitar en todo momento el estudio, la oración y el descanso.
  251. Se solicitará la ayuda personalizada de profesores y formadores, en la medida de las propias necesidades. También se fomentará las lecturas de formación comple-mentaria y el cultivo de aficiones personales.
  252. Es conveniente revisar, de manera periódica, las horas efectivas dedicadas al estudio y cómo se ha realizado.
  253. Se aprovechará la mañana del sábado, día no lectivo, tanto para el estudio como para tareas domésticas y reuniones especiales.

    VII.4. Actividades pastorales

  254. Como norma común, cada seminarista participará en una actividad pastoral, que se renovará cada año.
  255. Tanto la vida comunitaria como el estudio -elementos básicos en sí mismos para la formación pastoral- primarán sobre las actividades pastorales.
  256. Vemos como muy conveniente realizar las prácticas pastorales al menos de dos en dos.
  257. Al comienzo de curso cada uno elaborará, con la ayuda de sus formadores, su plan de acción, articulándolo con las otras dimensiones en el PPV (PFS 124)
  258. En las reuniones con los formadores, se revisará periódicamente la actividad pastoral.
  259. Se pondrá especial interés en el Movimiento de Acción Católica, así como en la pastoral vocacional.

    VII.5. Responsabilidades comunitarias

  260. Han de respetarse y valorarse como momentos comunitarios en la vida del Seminario: los actos de oración comunitaria, las comidas, la formación musical, las reuniones semanales de formación espiritual, y de información y revisión comunitarias, el encuentro comunitario mensual. Han de evitarse las ausencias injustificadas.
  261. En los fines de semana señalados para estar con la familia será obligatorio el dejar el seminario.
  262. Las tareas y servicios comunitarios son signos de nuestra servicialidad y participación en el bien común. Se deben cuidar con esmero.
  263. Después de cenar se tiene un tiempo libre. Es importante que a las once comience un silencio especial que permita trabajar, descansar y madrugar al día siguiente.
  264. Las habitaciones son espacios personales de trabajo, descanso, oración y reflexión. Se respetará este espacio necesario de intimidad personal, evitando convertirlas en lugar de visitas innecesarias, sobre todo en horas de silencio especial.
  265. Las relaciones interpersonales estarán presididas por el respeto y la delicadeza. Los comentarios hirientes no tendrán lugar entre nosotros.
  266. El comedor suele ser un lugar donde se manifiesta espontáneamente la propia personalidad. Se ha de poner delicadeza especial en los modales, avisar debidamente de las ausencias, y estar muy pendientes de servir a los huéspedes que puedan venir.
  267. Se deberá potenciar el deporte comunitario y el ocio compartido, que hacen mucho más llevadera la convivencia.
  268. Cada mes, normalmente, se tendrá un encuentro comunitario para revisar, reflexionar y programar la vida comunitaria.
  269. Entre todos hay que hacer posible que el Seminario sea cada vez más una comunidad fraternal y no una pensión. Ello exige posponer nuestros intereses personales a los comunitarios.

    VII.6. Vacaciones

  270. Es obligado saludar a los sacerdotes de nuestras parroquias al inicio de vacaciones, ponernos a su disposición y despedirnos oportunamente.
  271. En el verano se tendrá un encuentro obligatorio de todos para revisar el curso acabado y planificar el siguiente.
  272. Tendremos que esforzarnos en mantener entre todos nosotros y con los formadores, durante el verano, una comunicación frecuente y la comunión espiritual de oraciones.