La Castrofobia

   

Emily Rodríguez
Agencia de Prensa Libre Oriental
 

SANTIAGO DE CUBA, enero - Al recurrir a un diccionario encontramos que la palabra fobia significa: aversión, repugnancia, oposición a determinado fenómeno, objeto, animal u otro. Así se conoce la claustrofobia, photofobia, xenofobia, etc. Pero en Cuba se conoce desde hace un tiempo otro tipo de aversión o repugnancia: la castrofobia, que no es más que el rechazo a la personalidad o figura de Fidel Castro.

Pero ¿cómo se manifiesta la misma? Principalmente con el rechazo a ver y escuchar sus discursos, sus entrevistas, llegando a desconectarse tanto la televisión como la radio, así como la destrucción de revistas y periódicos con su foto.

¿Siempre fue así? No. Fue un personaje místico, un ídolo, que llegó a sustituir en el pueblo de Cuba a Dios, por lo que puede considerarse que nunca hubo un régimen social, es decir socialismo, comunismo, sino fidelismo, ya que ese pueblo seguía al pie de la letra sus mandatos, sus caprichos, buscando en la tierra el añorado paraíso. Pero como mismo se idolatra se puede odiar cuando se comprueba la falsedad de una acción; encontrándose mentiras, falsas promesas, metas inalcanzables. Como dice la Biblia, cuando vemos esto, estamos en presencia de un falso profeta.

Entonces ocurre este fenómeno: ya no queremos oír una vez más sus repetidos discursos, donde se conmina a la muerte, no al progreso; donde se habla de guerra en vez de paz; donde se ve el odio, no el amor al prójimo.

El pueblo está despertando de esa pesadilla y lo responsabiliza de su desgracia, desunión, inclusive dentro de la misma familia, donde sembró el descontento, la desconfianza, el odio.

Hace unos días ocurrió un hecho significante en el Reparto Zamorana de esta ciudad. Una vez más faltó el fluido eléctrico a la hora de la novela. Pero sucede que un vecino, el único en el barrio, ha conseguido mantener una fuente de energía para el funcionamiento de su televisor en estos casos.

El delegado del Poder Popular también le hizo la visita para ver su novela brasileña, único espacio entretenido y ameno en la televisión cubana. Pero sucedió algo peculiar, ya característico en la estrategia de difusión de los medios de orientación política, que consiste en situar los discursos en este espacio, principalmente los del "Comandante en Jefe", y este día era uno de los casos.

Este vecino no goza de muy buena reputación política según la valoraciónoficial, y la oscuridad de la noche era el marco propicio para que cada interesado en ver su novela se expresara públicamente. Así lo hicieron, sin percatarse de la presencia del delegado --hombre extremista y de indudable posición oficialista-- con los más disímiles calificativos, al extremo que ya aquello se podía calificar de un plebiscito de rechazo al gobernante, que terminó con la retirada del delegado.

Nunca se pudo saber si se marchó por las manifestaciones de las personas, o porque él tampoco se pudo disparar el discurso completo.