Vindicación del diálogo

 
 

Carlos M. Estefanía

Los tiempos cambian y con ellos las estrategias políticas, así ocurre en el caso del enfrentamiento con el gobierno de Fidel Castro. Muchos de los que en 1961 apostaban por la lucha armada, hoy están dispuestos a llevar la pelea, no a balazos en la montaña o en la costa, sino sobre la mesa de las negociaciones con quien, pese o todos los esfuerzos por derrocarlo, aún detenta el poder absoluto en Cuba. Esta disposición para dialogar con el enemigo irreconciliable no desmerece un ápice el heroísmo que se tuvo al combatirlo militarmente, por el contrario, sólo el que está seguro de sus principios morales alza una bandera de paz , que lejos de dar dividendos políticos o económicos, lo primero que trae sobre el que la sostiene son críticas e injurias.

¿Quiénes están contra el diálogo como solución a la tragedia Cubana?

El primer antidialoguero es Fidel Castro. Conoce mejor que el resto de sus compañeros de trinchera (comunistas o no) que una mesa de negociaciones serias puede convertirse en una bomba de tiempo contra su autocrático sistema. Sabe que por negociar con opositores y no aplastarlos como ordena el manual de marxismo-leninismo, los comunistas perdieron el poder en Rusia, Checoslovaquia, Polonia, Bulgaria, RDA, y que si sus amigos chinos aún se mantienen en el poder es porque enviaron tanques como respuestas a las peticiones "dialogueras" de los estudiantes en 1989.

Fidel no acepta el diálogo porque es un "mal negocio". Ha invertido mucho dinero, y con buenos resultados, para crear ante la opinión pública internacional la imagen de un exilio cavernícola, sediento de sangre y venganza No sería rentable, pues, aceptar a estas alturas que entre esos cubanos exiliados los hay que, sin la menor intención de rendirse en su búsqueda de la democracia, poseen sangre fría suficiente para discutir con quien sea de manera civilizada la liberación de los 11 millones de rehénes del totalitarismo cubano, todo con tal de evitar que Cuba termine por convertirse en una versión gigante de lo que aconteció en la embajada japonesa del Perú tomada por MRTA. Desgraciadamente, Castro parece empecinado en seguir dando el mal ejemplo que condujo a la muerte de sus discípulos, los miembros del comando de secuestradores acribillados por las tropas élites de Fujimori por no ceder cuando aún había tiempo.

Pero Castro no está solo en la oposición al diálogo, tiene a su favor, aúnque parezca absurdo, a sus más radicales enemigos, los intransigentes del llamado "exilio histórico", especialmente los miembros de las organizaciones paramilitares que todavía creen en la guerra como la única vía para liberar a Cuba del Comunismo. Entre los críticos más furibundos de la estrategia del diálogo tenemos los Comandos F-4, El Ejercito de Liberación Nacional, y El Frente Unido de Liberación Nacional, por citar algunos grupos.

La línea del diálogo suelen ser atacadas desde posiciones diferentes aúnque a veces entremezcladas; la de los moralistas, la de los escépticos y las de los que temen una solución que los deje fuera como protagonistas del cambio. Para el moralista quien dialoga corre el peligro de "infestarse" de "castroeteritis", considera al "dialoguero" un ser sin honra que pretende sobarle el lomo al culpable del hundimiento económico y moral de Cuba.

Quizas acepte a dialogar con alguna figura del régimen, pero nunca con el que realmente manda. Olvida que en el sistema de poder cubano no existen estructuras independientes, y que si algún día una revuelta palaciega sacara del juego al máximo jerarca, entonces ya no tendría sentido dialogar pues como dice el slogan: "No Castro, no problem".

El escéptico suele ser más respetuoso en su definición del que dialoga, en quien ve a un ingenuo, alguien que no comprende lo dificil que es lograr la democratización por el camino de la negociación con Fidel Castro. Por último, están los que sí creen en los resultados del diálogo y temen un "Violetazo" (en alusión al tránsito que se dio en Nicaragua con la elección de Violeta de Chamorro), prefieren que Cuba continúe regida por el comunismo antes de que transite un camino similar al nicaragüense, donde se pasó de un régimen pro marxista, a uno más democrático pero tutelado por el ejército sandinista. Son estos los sectores que llaman "Conciliabulo" a Concilio Cubano y alertan contra un posible "Elizardazo" que deje fuera a los grupos del exilio al tiempo que conceda garantías y cuotas de poder a los representantes del viejo régimen. Esta actitud se manifestó claramente durante la visita de Elizardo Sánchez a Miami en enero de este año a quien La Junta Patriótica Cubana consideró persona non grata. La intolerancia no tuvo en cuenta los años de cárceles, las agresiones físicas sufridas por Sánchez, ni que éste continúa luchando a su manera en Cuba, no en Suecia o Norteamérica. Condenaron a un hombre al que el propio Fidel Castro llama "tipejo contrarrevolucionario sumado a las campañas de la CIA" y que está dispuesto a seguir su pelea en las entrañas del estado totalitario. Lo despreciaron exactamente igual que lo despreció Julio Anguita, secretario del Partido Comunista Español, cuando no aceptó recibir a Elizardo durante su ultimo viaje a España.

Todo cambia

El exilio cubano en Estados Unidos está cambiando, entre otros motivos porque se nutre de nuevas oleadas de cubanos, algunos poco politizados, otros menos resentidos, ya que no perdiero propiedades, ni tampoco vieron caer a sus compañeros durante la lucha guerrillera de los 60s. Los nuevos exiliados suelen tener una perspectiva más objetiva de la nueva mentalidad que, para bien o para mal, existe hoy en la población cubana y están contribuyendo al cambio de códigos en el discurso político de Miami. Quizás la señal más clara de los nuevos aires que soplan, y que podrían algún día conducir a un debate directo entre el exilio y el régimen cubano, lo dio una organización, que ha mantenido siempre distancia con las que abogan por el diálogo, se trata de La Fundación Cubano Americana, que supera a las demás por su capacidad para el cabildeo dentro de las instituciones gubernamentales norteamericanas y que es, por el momento, en la única fuerza material capaz de hacerle frente con sus recursos al poderoso Partido Comunista Cubano. La Fundación, identificada historicamente con la intransigencia ante el diálogo, fue capaz de flexibilizar sus posiciones el 5 de septiembre de 1996. Ese día, ante las cámaras de la CBS, el presidente de su Junta directiva Jorge Mas Canosa, debatió sobre la actualidad y el destino de Cuba con un disciplinado vocero de Fidel Castro, el presidente de la adocenada "Asamblea Popular", Ricardo Alarcón. Desde el momento en que se dialoga con un individuo comprometido con la Revolución casi tanto como el propio Castro se está sentando un precedente favorable para quienes aspiramos a que un día los líderes de la diáspora cubana y los del Partido Comunista discutan sin intermediarios el transito a la democracia en nuestra patria.

Quiénes están a favor del diálogo

En primer lugar, la más grande de las pocas instituciones inpendientes de Estado que han podido sobrevivir tras los años de comunismo: la Iglesia Católica de Cuba. En segundo lugar, la gran mayoría de los grupos de la oposición interna, quienes desarmados y rodeados de lobos siguen al pie de la letra la sentencia bíblica: "ser astutos como serpientes y mansos como palomas". Se trata de las perseguidas organizaciones que se agruparon en Concilio Cubano. Ellas le exigen permanentemente al régimen, con expresiones "politicamente correctas", que se les reconozca legalmente su condición de opositores y que, así como se invitan determinados exiliados a las conferencias de la Nación y Emigración, se les invite un día a ellas a discutir con ese mismo gobierno el modo salvar la nación cubana. Como única respuesta los opositores en la Isla reciben cárcel, acoso de brigadas de acción rápida y la difamación permanente por los medios de comunicación controlados por el partido comunista.

Dentro del exilio cubano en Venezuela y España predomina la disposición a discutir con el gobierno de Castro la transición a la democracia. En esas comunidades se encuentran buena parte de las bases de los partidos que conforman la Plataforma Democrática Cubana: Unión Liberal Cubana, Partido Demócrata Cristiano y Coordinadora Socialdemocrata de Cuba. Tres organizaciones que pese a sus diferencias ideológicas encuentran como fundamento para su alianza la disposición compartida de "pasar a Castro por la urnas, no por las armas", de hacer todo lo posible, sin la menor concesión de principios morales, para que el régimen entienda que la transición pacífica a la democracia es la mejor alternativa. Castro sabe bien que aquí no se trata de hacerle el juego, y que la Plataforma cuenta con el respaldo internacional, que no tienen otros grupos. Contra ella sigue dos estrategias: en primer lugar, la de ignorar su propuesta, en segundo, la de confundir a la opinión publica mundial, identificando las tesis de la Plataforma Democrática con las posiciones de la Fundación Cubano Americana, y presentando a Carlos Alberto Montaner, presidente de la ULC y miembro de la direccion colegiada de la Plataformo Democrática, prácticamente como un subordinado de Mas Canosa. Al mismo tiempo los propagandistas delcastrismo dentro de los Estados Unidos hacen lo posible por resaltar los conflictos entre Fundación, Plataforma y otros grupos exiliados, buscando dividir más a los opositores y exiliados para que el comunismo pueda gobernar sin sobresaltos en la Isla.

Sin los contactos internacionales de la Plataforma, aunque con cierto respaldo de la social democracia española y sueca, Eloy Gutiérrez Menoyo y su grupo Cambio Cubano vienen apostando por discutir directamente con Fidel Castro la situación de los derechos humanos. Menoyo tiene en su contra los efectos de furibundas campañas de prensa antidiálogo, su origen y acento español, que permite a algunos bromear llamando a su grupo "Cambio Gallego" y el no haber sabido establecer alianza con grupos de afines ideológicos a sus posiciones, los de los socialdemocratas cubanos en la Isla y en el exilio. A su favor tiene una larga trayectoria de lucha armada por la democracia en Cuba, primero contra Batista, como figura del Directorio Estudiantil Revolucionario, y luego contra Castro, como fundador de Alfa 66.

A esto se suma largos años de cárcel, cargados de maltratos físicos. Viajando Menoyo a Cuba en varias ocasiones, lo que perdió en prestigio ante los ojos del exilio histórico, lo gano ante los ojos del ciudadano de a pie cubano, quien, víctima de la propaganda gubernamental, creía que los alzados anticomunistas no eran más que bandidos al servicio de la CIA. Al recibir Castro a Menoyo, no daba un espaldarazo a su régimen, de eso se encargaron las cancillerías extrajeras hace años, legitimaba (a su pesar) ante los ojos de muchos de los que las combatieron, las primera guerrillas antiestalinistas del hemisferio occidental. Desgraciadamente los grupos beligerantes del exilio no comprendieron este importante detalle.

Quien analice la ponencia de Eloy Gutiérrez Memoyo presentada a la segunda conferencia "La Nación y La Emigración" celebrada entre el 3 y el 6 de noviembre 1995 descubrirá a simple vista el carácter subversivo del mensaje dado en la Isla. En primer lugar afirmó que su lucha de casi 50 años ha sido por Cuba, con esta frase refutó el monopolio sobre los intereses patrios que pretende el castrismo. Habló de la Revolución soñada, de la que terminó devorando hijos y dividiendo a la familia; de la voz que ha absorbido el discurso del proceso silenciando a los demás, de lo remoto del ideario moscovita, de la colectivización del pensamiento, del porqué de su lucha contra le marxismo-leninismo tropical (que aún rige en la Isla, no lo olvidemos), demostró que no todas las oposiciones estuvieron tuteladas por la CIA, (como nos hacen creer todavía en Cuba) y habló de que no guarda rencor contra aquellos a quienes disparó ni contra los carcelero "extremados en sus deberes".Tras darle el gustazo al gobierno cubano de criticar las posiciones más intransigentes del exilio, le dio el trancazo con su llamado "inoportuno" para que se den pasos concretos hacia la democratización: se despenalicen los actos de opinión, exista libertad de pensamiento y palabra, que se ponga fin a los llamados delitos de rebelión y desacato, se abran los medios de comunicación, que se cumpla con la Declaración Universal de Derechos Humanos, sobre la libertad de asociación y asambleas, se reconozca por el gobierno a los monitores de derechos humanos que actúan imparcialmente y sin ningún contubernio extranjero, se cree una oficina de derechos humanos independiente de cualquier orden publico, se termine la práctica indecorosa de exigirle visado y de cobrarle a un cubano por entrar en su país, se decrete la amnistía de los presos políticos, se revise el código penal y se den los pasos hacia una nueva asamblea constituyente.

Menoyo cuestionó, por otro lado, el control de la economía interna mientras se abren las puertas al capital extranjero y que se convierta en pesos el salario de los empleados cubanos cuando las empresas extranjeras están pagando en dólares.

Menoyo estaba llamando claramente a una revolución del régimen totalitario, y que se dejara de amenazar con el "lobo" de la CIA o de los Estados Unidos. Menoyo llamó en La Habana, (no en Miami, ni desde Radio Martí), a los cubanos a aceptar los riesgos, a no temer la posibilidad inmediata del escenario pluripartidista, a fijar una nueva república en la que se cultive una rosa blanca tanto para los que en Cuba han defendido sus ideas con honor, como para los que en la oposición y en el exilio han tenido la dignidad de luchar por aquello en lo que han creído.

Con sus propuestas "dialogeras" Menoyo rompió la etiqueta de aquel evento. Los que seguimos de cerca la realidad cubana, estámos conscientes de que el sentido de tales encuentros es el de crear una imagen de afabilidad por parte del régimen hacia sus opositores, de hacer creer al mundo que el también quiere dialogar, pero el truco está en que no se permite la presencia de los que quieran realmente la democracia en Cuba. Y si se les cuela alguno como es el caso de Menoyo, no se le invita más. ¿Con tal represalia quien pierde? ¿Menoyo porque pidió democracia para Cuba o el gobierno que desidió excluirlo? Se acusa a Menoyo de legitimar a Castro por haber aceptado el hecho desgraciado de que es Fidel quien detenta el poder en Cuba y hablarle con los títulos que Castro se quiere dar. Entonces se tendrá que acusar también a Cristo de legitimar el nefasto poder de Roma, cuando decía "dadle al Cesar (a quien en ningún momento llama como se merece; tirano corrupto y cruel) lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios". Si hay algo que debe respetarse de la actitud de Jesús, aunque no se sea cristiano, y la de Menoyo, aúnque no estemos con Cambio Cubano, es la capacidad sobrehumana para perdonar, de echar a un lado el deseo de venganza que lastra el camino, no para la propia salvacion, sino para la de los otros. A pesar de la distancias Menoyo y Cristo tienen algo en común: superaron al rencor, no le importó al primero que lo martirizaran en una cruz de Judea, ni al segundo dejar la vista de un ojo en una cárcel de Cuba.

 Racionalidad del diálogo

Para comprender plenamente la estrategia del diálogo, no hay que entenderlo como un discurso cuyo único destinatario es Castro. El mensaje del diálogo se dirige, en primer lugar, al pueblo de Cuba y, en segundo, al mundo. Solo se entiende la razón del diálogo cuando se sabe cómo piensa el confundido pueblo de la Isla, ese sector todavía determinante, al que se le ha hecho temer un exilio, que en supuesta revancha traería desahucios, discriminación, venganza, el cierre de las escuelas y los hospitales públicos (que mal que bien aún funcionan). El mensaje del diálogo es para los gobiernos del mundo que no quieren ver a Cuba convertida en una nueva Yugoslavia, los que defienden con más o menos militancia la permanencia del castrismo como antídoto contra el caos, y para los miles de interesados en Cuba que siguen creyendo que el conflicto de la Isla se desarrolla todavía entre guerrilleros y bastistianos, de un lado justicieros populistas disfrazados de "hermanos del bosque". y del otro gorilas y torturadores.

Los que sostienen la tesis de discutir con Castro no son ni cobardes ni ingenuos, y aunque nunca fuese aceptada por el régimen la mesa de conversaciones, eso no significará una derrota, pues habrán creado los que honestamente llamaron a dialogar el argumento irrefutable de que es Fidel Castro y nadie más quien cierra la puerta del tránsito pacífico a la democracia.

Cuba va a democratizase, pero nadie sabe cuándo ni cómo: si por el derrumbe del sistema tras la muerte biológica de Fidel Castro, si por un estallido social, o una sublevación del ejército. Ninguna de estas alternativas resulta excluíble, como sí lo es la de la permanencia eterna del comunismo. Cuba no es un "super país" como China, donde el "socialismo de mercado" aún parece tener larga vida.

Apostarlo todo por el diálogo como solución sería tan errado como excluir esta alternativa, sobre todo cuando dicha exclusión se fundamente en actitudes que tienen en cuenta sólo el honor de quien desea pasar a la historia como un intransigente, o teme quedar fuera de un gobierno de transición. El diálogo es una vía tan decorosa como cualquier otra, sólo busca lograr, cuanto antes y al menor costo humano, la libertad de un pueblo que espera y sufre hace más de cuarenta años.