EMBARGO VERSUS CASTRO: EL CUENTO DE "LA BUENA PIPA"

Hemos estado tan enfrascados con el dolor del exilio, con las calamidades de los nuestros y con el miedo, que no nos hemos percatado de que han pasado casi cuarenta años de cuento.  Que si "a Castro le queda poco"; que si "se está cayendo"; que si "se está muriendo".  Y cada vez que preguntamos a nuestros compatriotas en Washington, nos dan otra retórica seguida de razonamientos técnicos.
Pero Castro ni se está cayendo, ni se está muriendo, sino que se está riendo.  Y de que le quede poco...  ¿A quién le queda poco?  Ya hemos perdido la cuenta de los que se han muerto primero que él.
Castro nos hace cuentos, cierto, pero el juego de este rufián está descubierto; ¡ya hace mucho que no nos puede engañar!  Lo que sucede es que estamos atados de pies y manos: un criminal en el poder, un pueblo desalentado y un exilio desunido...  ¡hasta una cotorra gobierna así!  Pero temo que detrás del cuento del embargo existan planes que han de tomar a muchos por sorpresa.  ¿Qué se esconde detrás de tanto anti-patriotismo impío, que no sea sino un plan solapado para asirse de los escombros morales de una nación sedienta de los productos más esenciales y de los derechos más imprescindibles?  Así van a cautivar la vida del cubano y, aunque la dictadura de hoy nos parezca peor que la de ayer, la de mañana será una ecatombe.
El embargo --si se me permite plagiar un viejo poema--, "brava acción, pero llegando a admirarla, nos lo impide el cumplirla" la patria y la razón.  Y ya han pasado tantos años aferrándonos a una medida que no funciona, que es tan vergonzoso ver a Castro burlarla como a otros apoyarla.  ¿Por qué aplaudir el embargo, para luego enviar dinero y productos por vías que nos roban, no solo de nuestra dignidad, sudor y sacrificios, sino de nuestro propio orgullo?
Porque es harto aberrante escuchar a un grupo de cubanos apoyar el embargo, mientras otro grupo paga el doble por burlarlo.  Ello no va a cambiar las cosas.  Seguiremos enviando vitaminas, ropa interior, dinero y comida...  ¡¿Cómo no hacerlo, señores?!  Esos que están pasando hambre y calamidades hoy, son los mismos que se quitaban lo suyo para llevarnos una "java" cada tres meses a las prisiones políticas, y se sacrificaron por caminos y carreteras bajo malos tiempos, durmiendo en los pisos de las terminales con nuestros hermanos pequeños e hijos; son los mismos que muchas veces llegaron a las portadas de aquellos infiernos y los canallas comunistas les hacían regresar, porque nos encontrábamos incomunicados.
El embargo no es un gesto de patriotismo; es una patraña criminal contra el pueblo.  Los Estados Unidos perdieron menos con la revolución que lo que hemos perdido nosotros.  Ellos perdieron la "sugar industry", nosotros los campos, las campiñas y los cielos donde estaba esa "sugar industry"; ellos perdieron las "refineries", nosotros el suelo y el aire donde están enclavadas éstas; ellos perdieron los "hotels", nosotros las proximidades donde están esos hoteles, el derecho de entrar a ellos y solamente podemos entrar en
condiciones serviles; ellos perdieron la "tourist industry", nosotros las áreas turísticas, el derecho a disfrutarlas y las posibilidades de disfrutar cualquiera otra industria turística.
La medida no ha hecho lo que ha estado pronosticando y solamente ha mantenido cerradas las puertas a una rebelión que le ponga punto final a tanta injusticia, porque de no haber existido el embargo ya el cubano se las hubiese agenciado para poner los puntos sobre las ies.  Sabemos que, históricamente, el pueblo de Cuba ha sido un pueblo valiente y acometido, que ninguna fuerza le ha podido doblegar al extremo en que está siendo doblegado hoy, y que solamente la muerte le ha puesto punto final a su rebeldía.  Ello indica que si
hubiese tenido la tecnología, los medios y la comida para sostener su energía ya se hubiesen levantado cortinas de humo que hubiesen asfixiado al sistema.  Pero lidiando con un embargo y un comunismo
omnipresentes, ¿qué ánimos le quedan a un "trapichero", a una "jinetera" y a un intelectual flaco, enfermizo y hambriento, de intentar la toma de "radio reloj" o de rodear el estado mayor de las
FAR y demandar la renuncia del tirano?
El pueblo de Cuba ha de ser el único protagonista de su propia libertad.  O sea que ni la memoria espiritual de las más regias figuras del destierro y ni la paciencia de los pro embargos le han de devolver a Cuba su cielo.  Los derechos humanos tampoco serán vertidos sobre ella, sino que han de florecer de dentro de sus
propias entrañas, sin más atuendos que su propia cultura, costumbres y necesidades.  Y cualquier arreglo que no esté súbdito a éstos tan básicos principios, constituirá un ente volátil sobre ese suelo saturado de tanta energía negativa.  El peligro está en una "democratización" que monopolizare y manipulase el ejercicio de las libertades cívicas e integrales, nó en un esfuerzo interno por romper el yugo opresor.  No hemos tenido la oportunidad de elegir nuestras propias tumbas y hemos estado muriendo inútilmente en el Estrecho de La Florida, en paredones comunistas, en embarcaciones atacadas por Castro y en avionetas de rescate, pero no hemos podido morir con dignidad, porque el embargo nos ha postrado en una inercia vergonzosa y humillante.
Vivimos entre dos destierros: el destierro que nos a deparado la soberbia comunista de Castro y el destierro que nos ha impuesto el embargo.  Al propio tiempo continuamos escuchando las promesas de una libertad por asfixia económica, y a cada respuesta que esgrimimos, ambos, Castro y el embargo, nos preguntan una y otra vez por poco más de paciencia.  La paciencia se nos ha agotado, pero estamos forzados a segur el ritmo por no contar con otra solución que no sea la de esperar, soñar, añorar, seguir pidiendo limosnas y seguir devaluando nuestros principios patrios para ver si por fin nos acaban de contar el dichoso "cuento de la buena pipa."

Gilberto Acevedo
University of Missouri