Escucha izquierda: La salida no es por ahí.

Carlos M. Estefanía
Asesor de la UCS

Te he conocido, izquierda, de muchas maneras. Te conocí (y creí en ti) casi desde niño, en el adoctrinamiento escolar, en el monopolio de los medios de comunicación (incluidos los libros de cuentos mfantiles). Te conocí ejerciendo un poder dictatorial, en Cuba, Unión Soviética, y Angola. Te conocí en la oposición, y en el poder democrático en Suecia. Te vi por el canal internacional de la televisión española, donde con tanta alegría participaste y perdiste en las elecciones de 1996. También te seguí en las elecciones del mismo año en Rusia. Perdiste en buena ley en tu propia patria. Ni los errores de Yeltsin, ni el cambio traumático hacia la economía de mercado, ni el destape de los conflictos étnicos (reprimidos por tantos años a tuerza de totalitarismo), tueron capaces de reactivar el pionero interno, el konsomol que todo ciudadano de la joven república rusa debe llevar dormido en su corazón tras más de 70 años de propaganda soviética. Parece que con democracia y libertad, la programación social leninista no tunciona. Pero reconozco, tuiste en esos casos y a diferencia de lo que eres en mi patria, democrática y políticamente correcta. Como lo eras antes del golpe de estado del año 1917 en San Petersburgo, ese al que tantos libros apologéticos has dedicado bajo el eufemístico nombre de la Revolución de Octubre. Te he visto en el exilio, o mejor dicho en el postexilio que vive la izquierda latinoamericana en Suecia. Atenta a cada palabra, a cada señal de la embajada que incuba una nueva religión, una nueva fe, esa que tiene por Mesías al incorruptible revolucionario, nunca tirano, nunca dictador Fidel Castro.

Te he visto decir que amas al pueblo de Cuba, y dejarlo en la estacada, silenciado su opresión, abandonándolo cuando sus cimarrones del siglo XX llegaban como podían a tierra extranjera pidiendo refúgio, pidiendo un asilo que se les negó. Los dejaste solos en su lucha, como solos quedaron los cubanos cuando se batieron contra España en el siglo pasado. Ningún pueblo "hermano" de América Latina acudió en su ayuda. Ni entonces ni ahora.

Tu me volviste en contra tuya, no en contra de las bases sanas, que creen en tus ideales, pero si en contra de esas direcciones partidistas, que, estando al tanto, callaron de todo lo que ocurría tras el muro de Berlín, como hoy callan lo que ocurrió tras el malecón habanero. Esas "damas" capaces de sacrificar a cualquier pretendiente, no por la revolución y el socialismo, sino por mantener viva una nueva iglesia, la roja.

Creía que Cuba era un error, una traición a ti misma, un desconocimiento de las "sagradas" verdades del marxismo. Para mejorar el socialismo de mi país marché a conocer la experiencia soviética. En la universidad de Moscú descubrí las raíces del daño. Cierto es que entonces, para un cubano, vivir en el "Socialismo Desarrollado" era una gran fortuna, se sentía libre como puede sentirse un canario escapado de su jaula dentro de la celda de un prisionero humano. Aquel futuro al que se nos conducía se "desmerengó" (frase preferida de nuestro Comandante). No por maniobras de la "Cía" sino porque sus supuestos beneficiarios, "los trabajadores", lo echaron abajo a la primera oportunidad. No hubo movilización en su defensa, a lo sumo apatía.

Pensé que en la socialdemocracia estaba la verdad. Estudié con atención su versión sueca, pero la vi comportarse cruelmente con mis compatriotas llegados a Suecia en busca de libertad. Comprendí que la élite de ese partido, que tanto crédito había dado a Castro, no podía aceptar la presencia en este país nórdico quienes mañana, en su propia lengua, darán testimonio de lo que se hizo con aquella "ayuda para el desarrollo": guerras, locos experimentos sociales y sistemas inéditos de sometimiento colectivo.

He visto también a la socialdemocracia española en contubernio con la tiranía que persigue y acosa a Elizardo Sánchez y a Bladimiro Roca, líderes de la corriente socialista democrática en Cuba. ¿A donde fué a parar la acertada condena que hiciera el primogénito teórico de Marx, Carlos Kautsky a Lenín? ¿Por que se olvidaron sus señalamientos a los excesos antidemocráticos cometidos por los bolcheviques, inspiradores del jacobinismo castrista? Descubrí que la supuesta "radicalidad" de la Revolución Cubana, sirve de moneda de cambio a los socialistas vergonzantes, esos que al son de la "Internacional" aplican políticas liberales al no encontrar otro remedio para echar una economía hacia adelante. El contraste en Suecia es enorme cuando Gudrun Schyman, la presidente del Partido de Izquierda Sueco (devenido del antiguo Partido Comunista) tiene el coraje político de criticar, no sólo al embargo de Estados Unidos, sino también la falta de democracia y de respeto a los derechos humanos que caracteriza a la dictadura más vieja de América. La Schyman ha caído en desgracia ante gran parte de la colonia latinoamericana en Suecia, sin embargo, con su carta al Partido Comunista de Cuba, ha hecho más por la honra de los ideales izquierdistas que mil manifestaciones de respaldo a Fidel Castro ante la embajada cubana. Ella no ha renunciado a su ideología socialista, simplemente se ha comportado como una demócrata, algo imperdonable ante los ojos de estalinistas vocacionales.

Con la izquierda latinoamericana sufrí un gran desencanto apenas llegué a Estocolmo hace algunos años. En Cuba, ingenuo de mí, había confiado en ella como en una colectividad de verdaderos revolucionarios, los que liberarían a sus pueblos sin cometer los errores de sus predecesores cubanos, de los idealistas que murieron por la democracia o por el socialismo mientras que un caudillo les usaba de pedestal. Tenía la idea que la práctica política de Castro era una traición a los muertos y torturados durante las luchas antidictatoriales, y que los izquierdistas latinoamericanos -tan conocedores y críticos de las democracias y dictaduras del continente como parecen- descubrirían en el régimen cubano a un gobierno autoritario como los que ellos mismos habían sufrido. Admiraba ciegamente la vía chilena de socialismo hasta que descubrí la fascinación que sentían algunos de sus protagonistas por el tirano Castro. Me pregunté que habría pasado si en lugar de la derecha hubiese sido la extrema izquierda la que hubiese dado un golpe de estado a Salvador Allende -al presidente democrático que los más recalcitrantes castristas chilenos acusaban de socialreformista"-, estoy seguro que aquellos que, dentro de la colonia chilena en Suecia, idolatran a Fidel habrían aplaudido esa eventual dictadura, aunque estuviese inspirada en un modelo que ha hundido a Cuba en el plano político, económico y moral. Nunca justificaré a Pinochet, pero me apenan aquellas de sus víctimas que justifican a Castro.

Antes de percatarme del bochornoso comportamiento con respecto a Cuba que tienen ciertos "revolucionarios" latinoamericanos, había pensado, por la gran cultura política que les atribuía, que serían los primeros aliados de mi pueblo, al que le abrirían los ojos, explicándole que el socialismo por el que luchaban nada tenía que ver con lo que imperaba en la isla tropical. Me equivoqué, bastó leer sus diarios, escuchar sus radios, asistir a sus actividades "solidarias" para comprender cuanta ceguera, cuanto dogmatismo y cuanta complicidad con el totalitarismo cubano encerraban sus discursos. Los vi comportase como fanáticos medievales en defensa de su "Comandante". Quejarse de que los racistas en Suecia les llaman despectivamente "cabezas negras" y no parar nuentes en llamar "gusanos" a las víctimas de su ídolo, aunque fliesen niños, mujeres o ancianos. Pero lo mas terrible no es la injuria, que por baja denigra más a quien la lanza que a quien la recibe. Lo realmente triste es el modo en que algunos progresistas" se han aprovechado de las calamidades de Cuba para explotar y prostituir a su juventud.

Pero hay más, hubo quien cayó en la infamia de los traidores, como aquel engendro orweliano (para que manchar este texto diciendo su nombre), que entregó un grupo de familias cubanas que intentaban escapar con pasaportes falsos a las autoridades del aeropuerto de Arlanda. ¡Gloria al "internacionalismo proletario"! Aquellos infelices flieron a parar a los tribunales suecos por obra y gracia de un vil delator.

Para sostenimiento y buena fama de Castro, las organizaciones de izquierda latinoamericanas en Suecia se pasan el tiempo recaudando dinero (cuando en sus pueblos hay tanta pobreza). Ahora están empeñadas en echar a andar una fabrica de alimentos para escolares en Alamar. La misión parecería loable si no nos preguntásemos: ¿Como es posible que el gobierno de Cuba no cuente con el fifianciamiento necesarios para alimentar a nuestros niños, dejando sus boquitas a expensa de la caridad internacional, mientras que asegura las municiones y el combustible para aviones de guerra asesinos, como los que abatieron, el 24 de febrero en aguas internacionales, a las avionetas civiles de Hermanos al Rescate? Tal vez los sesudos de Castro le hayan sugerido la fórmula "mágica y rentable" para resolver el problema: ahogar infantes, como las víctimas del remolcedor 13 de Marzo.

Con su supuesta solidaridad, organizaciones sueco-latino-castristas intentan contundir a la opinión pública. Es necesario -dirán entre si sus "dirigentes"- que el mundo no se preocupe por la disidencia cubana, ni por los cientos de presos políticos, mejor que piense que los males flindamentales de Cuba proceden del asedio norteamericano.

En resumen, una buena parte de la izquierda latinoamericana residente en Suecia, ha usado y vendido al pueblo cubano, al de came y hueso. Es solidaria solamente con el de papel, con el que vive en las páginas de los miles de libros y folletos propagandísticos distribuidos por la Habana en toda América. ¡Ay de ti izquierda exiliada en Suecia! ¡Ay de tu conciencia el día que una democracia se abra paso en Cuba y sean del dorninio público los documentos de la Embajada Cubana en Estocolmo! ¿Cuantos nombres manchados con prebendas serán sacados a la luz? ¿Cuantos de tus líderes actuales serán sus dueños? ¿No te das cuenta que el pueblo cubano no necesita de bicicletas viejas, ni de ninguna otra limosna como las que recaudaste en la "Copa Cuba 95", sino de libertad para andar con sus propias piernas? ¿No te percatas de que el peor bloqueo es el que se le impone a la creatividad, la iniciativa y la laboriosidad del cubano, por un dictador que lleva más años gobernando que los que tenía Jesús al morir? ¿No te preguntas cuantos niños de Cuba tendrán que dejar de desayunar para que el embajador pueda cumplir su promesa de invitar a la Reina de la Belleza de la "Copa Cuba 96", con todos los gastos pagados durante cinco días y seis noches en los mejores hoteles de la Habana y Varadero? ¿No crees que llegó la hora de cuestionar a quienes te manipulan tan "festivamente"? Si quieres ayudar a los de mi tierra, ve allí, pero no te alojes en un hotel español, hospédate en la casa de un humilde cubano, gánate su confianza, pídele que te cuente como vive y como piensa, y dile tu que el mundo no es necesariamente el infierno que él vive.

Yo sé, porque los conozco, que en la izquierda hay hombres y mujeres honestos, libres de la férrea disciplina partidista cuando esta ordena la inconsecuencia. En casa de esas personas encontraron albergue fúgitivos de mi patria. A esos verdaderos utopistas, no querría jamas matarle sus sueños de una sociedad justa, de un reino de igualdad, colaboración y libertad, donde el hombre no sea lobo del hombre. Pero a ellos, por su honestidad debo decirles lo que ya muchos sospechan, la salida no esta en Cuba antes encontraréis materializada vuestra ilusión en una estrella, que en aquella hermosa y entristecida isla caribeña. Más ganará vuestra doctrina denunciando lo que allí pasa, que convirtiéndose en cómplice del castrato, del régimen que hace de los cubanos mártires de una causa por la que ya no sienten nada, Cristos sacrificados para salvar el honor perdido en Europa Oriental. El socialismo se reivindicará ante los ojos del pueblo de Cuba cuando defienda sus derechos humanos y cuando considere a sus hijos como algo más que hilos de una bandera raída.

Suecia, Estocolmo 12 de julio de 1996

 
Nota:
Este artículo fué leido por la Radioemisora: Radio Sur, el 26 de Julio de 1996, lo que causó a la misma grandes problemas con su audiencia, casi de su totalidad simpatizantes de la dictadura de Castro.

Direccion de la UCS.