PIENSA MAL Y ACERTARAS

Gonzalo Guimaraens
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  El embajador cubano ante la Santa Sede, Hermes Herrera, acaba de efectuar declaraciones que delinean la estrategia de La Habana hacia los católicos de la isla, después de la visita papal.
En entrevista exclusiva a la agencia italiana Ansa, Herrera no esconde su satisfacción por los dividendos que el gobierno cubano ya está obteniendo en materia de apoyos por parte de gobiernos y de organismos
internacionales. A continuación, prevé una fase de "creciente colaboración entre el Estado y la Iglesia en Cuba", a través de "la ejecución de proyectos de interés común", señalando que se abre una era
de "diálogo franco y abierto".
Pero en seguida, el embajador cubano se apresura a delimitar el margen de libertad que le será concedido a los católicos que se presten a esa "colaboración" con el régimen: "Respecto de la posibilidad de culto, no hay ninguna dificultad", dice Herrera. Sin embargo, aclara a continuación, "sobre la posibilidad de
organización" de los fieles, "ella es permitida en el contexto de las leyes vigentes, y no fuera de las mismas". En cualquier país libre, esas frases sonarían banales, obvias, superfluas. Mas en el caso de Cuba, el lenguaje diplomático comunista deja entrever, por detrás de la
zanahoria, un implacable garrote jurídico.
En efecto, es verdad que la nueva Constitución cubana, en sus artículos 8 y 55, "reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa". Sin embargo, el artículo 62 se encarga de retirar bruscamente lo que se
acaba de conceder, advirtiendo que ninguna de las "libertades" constitucionales puede ejercerse contra el Estado socialista y contra la decisión de "construir el socialismo y el comunismo". Mas aún, se añade
que "la infracción de este principio es punible". A ello se refiere sin duda la mal velada amenaza del embajador cubano ante la Santa Sede, al mencionar el "contexto de las leyes vigentes".
Del punto de vista jurídico y constitucional, la "libertad" de los católicos cubanos se restringe así a la que tiene un prisionero para andar "libremente" en el patio de recreo de la prisión, colaborar en el buen funcionamiento de ésta, etc. Dicha realidad desmiente afirmaciones efectuadas por Fidel Castro, en discurso del 13 de diciembre pp. ante la Asamblea del Poder Popular, en las que se vanaglorió de haber retirado
de la Constitución cualquier vestigio de discriminación antireligiosa.
Lo que acabamos de ver salta a la vista. Sin embargo, esos artículos de la legislación cubana, de carácter persecutorio --a los que podrían sumarse otros del increíble Código Penal-- prácticamente no atraen la
atención de los observadores internacionales. Un silencio enigmático protege ese aspecto de la fraudulenta política de Castro en relación a los católicos cubanos.
Existe una regla infalible en relación a La Habana, y a sus reales intenciones. Es la que sintetiza el refrán popular "Piensa mal, y acertarás". Cuba ya sería libre hace mucho tiempo si este sabio refrán
hubiese sido aplicado por tantos dirigentes occidentales que se vienen mostrando irreductiblemente ingenuos ante La Habana.

Sobre el autor: Gonzalo Guimaraens es periodista uruguayo y especialista en asuntos cubanos.