|  | La meta de muchos es progresar en la vida. Por eso te esfuerzas y trabajas duro. En esta línea de ver la vida la
vocación puede considerarse entonces como un medio para tener una "carrera", para ascender en la escala social, para llegar a ser profesional, para ocupar una posición de respeto. ¡A lo mejor puedes llegar a ser Superior o Obispo o Papa! Así la vocación no es nada más que un instrumento de la ambición.
La ambición tiene consecuencias funestas. |
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 |  | | Uno puede decir: "Yo me hago sacerdote porque mi
familia es pobre. Así, de manera noble, contribuiré a su sustento". Crudamente dicho: te haces sacerdote por dinero. Si quieres sustentar a tu familia busca un trabajo pero no envilezcas la vocación con billetes. En la Biblia no hablan muy bien de estos tipos. Un tal Simón vio cómo por imposición de manos de los Apóstoles los creyentes de Samaria recibieron el Espíritu Santo. Siendo mago le parecía algo estupendo tener este poder para progesar en su profesión. Les ofreció un
negocio: "Yo les doy buena plata y ustedes me dan este poder". ¿Quieres conocer la respuesta de Pedro a la oferta de Simón? |
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|  |  | | Alguién que lucha por
los pobres hace bien porque actúa por amor. Pero alguién que lucha por los pobres para enriquecerse no ama a los pobres y en ellos a Cristo, ama el dinero sea para quien sea. La vocación es otra cosa. |
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|  |  | | Todos los sacerdotes participan del único sacerdocio de Jesucristo, sacerdocio que tuvo un momento culminante en su entrega por los hombres. El llamado al sacerdocio es un llamado a participar en su entrega y a continuar su
servicio a los demás. |
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