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EL CINEMATÓGRAFO
EN LA PROVINCIA
DE JAÉN
La población activa de la provincia
de Jaén oscilaba entre las 194.000 personas de principios
de siglo y las 226.000 en 1930. Esto representa un C.A.
del 38´7 y del 33,6 por ciento, respectivamente, representando
la agricultura casi un 74% y la industria un 16% de la población
activa, que permanecerá estancada hasta 1920, para experimentar
una recuperación en los años
veinte y treinta.
Durante este periodo de finales del
siglo XIX y principios del XX la vida cultural de Jaén
vive, pues, a la sombra de un Jaén donde empieza a perfilarse
la lucha de clases, el descontento por los bajos jornales
y los altos precios, la carencia de infraestructuras
sociales, conatos de huelgas... El paro, planteado por un desajuste entre
la oferta de trabajo que era capaz de generar el sistema económico
y la demanda del mismo por parte de la población activa jienense
(1). Jaén era, ante todo, una provincia agrícola
(de una agricultura en su mayor parte mísera) y minera en la zona
de Linares y La Carolina (cuyos productos eran objeto de exportación
inmediata). Estas ciudades fueron pioneras en la provincia, al final
del siglo XIX, de una cierta protesta social y, con ellas, las primeras
huelgas pero, en general, era un mundo rural abonado de los caciques.
El final del
siglo XIX(inventos) y los comienzos del XX, se aloja entre dos revoluciones
tecnológicas, la del ferrocarril y la de la electricidad. Ambas
van a propiciar alteraciones muy fundamentales en el vivir de la gente.
Pero llegan retrasadas a la provincia de Jaén y de la mano del capital
extranjero. Los ferrocarriles revolucionan la capacidad del transporte,
doblada ya la mitad del siglo XIX, la electricidad va a condicionar la
vida industrial y doméstica en el tránsito de los dos siglos.
La vida cotidiana en los pueblos y ciudades
de la provincia de Jaén no cambian sólo porque dispongan
en ella de medios materiales, sino por el precio de los mismos. Por ejemplo,
a finales del siglo pasado se podía disponer en Jaén de ferrocarril,
telégrafo, electricidad y teléfono, pero los precios de estos
servicios eran enormemente prohibitivos. El avance no consitio tanto en
que se ampliaba la red de ferrocarriles o el tendido eléctrico,
sino que las tarifas bajaran de precio conforme crecía la escala
del mercado.
El precio de un
billete de Jaén a Madrid o de Jaén a Sevilla
equivalía aproximadamente a un mes de trabajo de un obrero. Después
del ferrocarril, la electricidad, que va cubriendo poco a poco
la geografía provincial a partir de principios de siglo.La electricidad
hace su aparición en Linares y se extiende a los pueblos más
importantes, a través de un sistema de libre producción de
fluído, de tal modo que cada localidad lleva a cabo su contrato
con diferentes empresas . Este hecho lleno de novedad resulta importante,
puesto que, a pesar de existir pequeñas dínamos y aparatos
generadores del fluido necesario para los proyectores de cine, estos
funcionaban con mayor nitidez en los lugares donde existía red eléctrica.
Linares, que contaba con 38.200 habitantes
en 1901, y debido a su capacidad industrial, fue en 1896 una
de
las primeras ciudades que se equipó,
en menos de una década, con varias centrales eléctricas;
la Electro Industrial de Úbeda e Hidalgo en 1900 y 1892, respectivamente;
la Baezana de Electricidad en 1894; Trinidad-Prieto en 1894 para Andújar-Arjona.
Otros pequeños pueblos estaban en manos de pequeños
empresarios que fueron capaces de poner en marcha una central generalmente
diminuta y hacer funcionar con ella una reducida red de distribución
de energía eléctrica para alumbrado exclusivamente, como
la Electro Guadalquivir de Andújar, fundada en 1900, que suministraba
a los pueblos vecinos, más los negocios de Navas de San Juan, Santa
Elena, Torres;La Carolina y Bailén a cargo de la empresa Borsi y
Cía. En 1900 la empresa de Beas de Segura, propiedad de Tomas
Vélez Ayuso, inaugurada en 1903; la
Electra Industrial de Martos en 1905; la Jauret de Mancha Real en
1905.
Cuando se bucea en la historia
de un país, de un pueblo, de una comunidad social es siempre gratificante.
Cuando me propuse sumergirme en una
parcela de la historia local de la provincia de Jaén, la que hace
referencia al cine y, en concreto, la que va desde sus inicios hasta la
llegada del cine sonoro, es decir, desde 1898 hasta 1932, no se podía
sospechar que fuese tan enriquecedora. Además de descubrir
la aparición, el desarrollo y la popularización del séptimo
arte en Jaén he pulsado el ambiente de la sociedad jienense
a lo largo de estos agitados y apasionantes años, constatando la
enorme influencia social y cultural que ejercía el cine sobre la
población, a espaldas del silencio que los intelectuales y escritores
jienenses dedicaron al cinematógrafo.
La Filmoteca Nacional de España,
el Archivo Municipal de Madrid y Jaén, la Hemeroteca Provincial
de Jaén, los Archivos Municipales, los Cronistas Oficiales de nuestra
provincia, la Filmoteca de Andalucía conocen las consultas
hechas de datos,fechas y personajes.
El interés por el tema
iba «in crescendo» a medida
que se aportaban datos y daba forma a este
trabajo de investigación que se hace sobre la historia del
cinematógrafo en la provincia de Jaén, una época profundamente
oscura por el vacío documental
existente. Este comentario me lleva a significar
el interés que se ha mantenido con respecto a la búsqueda
y recuperación de todos los datos,
las barracas, pabellones y carpas ambulantes.
Como es natural, para poder detenernos
en una visión del cine en Jaén, hay que tener presente la
evolución del cine español, hecho que dejo, con mayor o menor
fortuna, reflejado en la Introducción.
Es preciso dejar bien claro que a los
datos aportados habrá que ir añadiendo los resultados de
las investigaciones que se puedan continuar en este campo. Creo,
pues, que el presente trabajo abre un camino para posteriores estudios
que pudieran hacerse sobre el cine en nuestra provincia.
INTRODUCCION
Después
de la primera presentación pública realizada por los hermanos
Lumière en París, el cinematógrafo se extiende rápidamente
por todos los paises europeos.
Promio, enviado por Lumière
a Madrid en el mes de mayo de 1896, ofrece las primeras vistas animadas
que podían ser proyectadas ante un numeroso público. El mismo
Promio lleva a cabo, en estas fechas, la impresión de las primeras
películas en suelo español, que tuvieron una gran aceptación
por el público. Un discípulo de Promio, Félix
Mosguich, impresionó en 1903 vistas de Jaén, Córdoba,
Granada y Sevilla.
Los primeros empresarios españoles
son los Jimeno, padre e hijo, quienes difundieron el cine por varias capitales.
Ellos son, además, los que realizan las
películas que dan pie al nacimiento
del cine español.
Otro pionero del cine español, Fructuoso
Gelabert, impulsa el cine no sólo a nivel técnico y creativo,
sino también a nivel comercial, efectuando las primeras ventas al
extranjero. Posteriormente, Segundo de Chomón revoluciona
el arte cinematográfico ofreciendo una nueva dimension del mismo
a través de los trucajes y efectos técnicos. Ricardo Baños
se destaca en la incipiente industria cinematográfica a partir de
1904, realizando sus primeros reportajes en la capital catalana, que era
por el momento el centro de producción más importante en
la primera década del siglo, y filmando en 1907 reportajes de
fiestas populares y paisajes típicos
de Vélez-Málaga, Granada y Sevilla.
Los pabellones cinematográficos
peregrinan por toda la geografía nacional ofreciéndole a
los nuevos públicos sus películas, ocupando un lugar preferente
entre las variedades de las ferias y fiestas. La consolidación de
las salas fijas llegarían más tarde.
El cinematógrafo, por la sencillez
de los temas y la corta duración de las películas, cautivó
al público de primeros de siglo. Conforme se iba complicando la
técnica iban apareciendo unos expertor en el arte de la inventiva
y el discurso, «los explicaores», que revolucionaros en cierta
medida el negocio cinematográfico, ya que el público asistía
en muchos casos a las barracas más para oir los comentarios del
explicador que por las películas en sí.
Con el paso de los años los rótulos
explicativos se impusieron, provocando un gran revés para el oficio
del explicador. Las películas se hacen más largas y las casas
editoras se afanan en producirlas con varios episodios que, en ocasiones,
duraban varios dias.
En 1913, debido a la fuerte presión
de la Iglesia
española, se publica el primer decreto
sobre censura cinematográfica y sobre el cine pesan ya tres cargas
abrumadoras: la censura, el impuesto de mendicidad y la inspección
anual sobre los cines. En 1914 aparece el Diccionariod e la Real Academia,
que recoge dos voces directamente relacionadas con el hecho cinematográfico:
cine y cinematógrafo.
La fuerte presencia de películas
extranjeras en el cine español es cada vez más acuciante.
La producción catalana, después de unos años muy productivos,
se paraliza y el control de la industria se polariza en Madrid.
José Buchs y Florián Rey
son los principales realizadores de la industria nacional en los
años veinte, aunque no desmerecen Benito Perojo, Fernando Delgado
y Eusebio Fernández Ardavín. Los éxitos de «La
verbena de la paloma», «La casa de la Troya», «El
Lazarillo de Tormes» o «El negro que tenía alma blanca»
son títulos que recogen con mucha aceptación el público
jienense.
EL CONTEXTO SOCIAL DEL CINEMATÓGRAFO
Si fuera posible retroceder al pasado
todo un siglo, el viajero que visitara la provincia de Jaén de entonces
descubriría un mundo cuyas semejanzas con el actual le parecerían
tan lejanas que, buscando una comparación,
es como si se situara en el Tercer Mundo.
Una provincia donde la tasa de mortalidad a principios
de siglo era del 152 por 1000, es decir, uno de cada cinco recién
nacidos no llegaba al año y medio de vida.
La razón no era otra que un nivel de desarrollo muy precario.
Cando “Azorín” en su “Andalucía
trágica” mostraba el odio creciente de “estos labriegos acorralados,
exasperados” que se rebelaban contra una situación social
injusta, no estaba sino fotografiando la más
realista de las descripciones. |