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El lenguaje 
del cine aplicado a la educación

 
 
 
APARICIÓN DEL CINEMATÓGRAFO 
 En   mayo de 1896 se presenta el Madrid el cinematógrafo, conociéndosele entre el público como “cinematógrafo Lumiére”. En otoño del mismo año visitó Sevilla y, a partir de ahí, al resto de Andalucía. En el libro del periodista José Francos, “Contar vejeces”, se relata cómo eran aquellas primeras exhibiciones: “El espectáculo produjo asombro, ganando desde el primer momento las simpatías del público.   Algo molestaba la vibración luminosa de las proyecciones; pero el cansancio de los ojos lo aminoraba el recreo de asomarse a panoramas interesantes, sugestivos; el gusto de asistir a alardes de la realidad, mirar múltiples cuadros que superaban a los de la invención, porque con lo efecto no caben pujas, viéndolos con todos sus detalles y pormenores. Era preciso que nos exhibiesen rincones desconocidos para la mayoría de los españoles...” (4). 
 Aquella novedad inicial pasó y la gente culta de las ciudades  optaron por volver a sus alicientes tradicionales. Cuando el cinematógrafo se extendió al resto de las provincias y pueblos comienza su popularidad al tiempo que los espectadores de la época, chiquillería traviesa, modistillas, parados etc., quedaban adscritos al espectáculo de barraca de feria y era  pasto del  chusmerío.  Lejos de la atención de las  gentes  instruidas de los  intelectuales, de los escritores, cronistas y, en general, de buena posición social.  
  
 Los hipotéticos espectadores jienenses del nuevo invento ven transcurrir sus existencia presidida, pues, por conflictos sociales, inmersos en un clima muy politizado, y soportando calamidades. La inseguridad y la arbitrariedad presiden el final del siglo XIX y el comienzo del XX. La vida en la calle, con todas las tensiones y los conflictos que se vivían, transcurría bien al margen de los debates eruditos y de la dialéctica de las columnas de prensa. Era una vida cotidiana llena de contrastes y de innovaciones tecnológicas que afectaban las formas de vida y de trabajo. Paulatinamente llega a nuestra provincia la red ferroviaria y los automóviles van a hacer su aparición, pero la  carretera era todavía patrimonio de los carros tirados por animales  y de las tartanas colectivas y particulares. La innovaciones aparecen sobre todo en el transporte público urbano con la aplicación en Linares de la electricidad al tranvía.  
 La radio, a partir de la primera emisión en todo el Estado el año 1924, desde Radio Ibérica, Radio Barcelona y Madrid, EAJ1 y EAJ-2R, respectivamente, va a suponer un medio de comunicación de masas que ejercerá una verdadera fascinación. 
 La ilustración gráfica en Jaén sigue la corriente nacional   y adquiere también un momento de esplendor. La prensa de la España de entonces estaba en pleno auge, dominando netamente los periódicos políticos, seguidos muy de cerca por los de información. Las publicaciones semanales eran las más numerosas con el 33 por 100 del total, seguidas por las mensuales, 24 por 100, y los diarios, con un 16 por 100, aunque la recepción de la prensa diaria, gracias a las tiradas, debía ser mucho más importante en proporción.  El 42 por 100 de las publicaciones tenían cuatro páginas y en ellas entraban casi todos los diarios de entonces, que valían cinco céntimos.  Es preciso anotar que, con ser Jaén una de las provincias que más número de periódicos publicaba, apenas si queda constancia actual.  Sirva la referencia, a título de ejemplo, que sólo Jaén y Linares en el período 1898-1934 contaban con 33 periódicos, encontrándose entre las provincias que más publicaciones de todo tipo tenían como Madrid, Barcelona, Baleares, Cádiz  y Álava.  Clasificación que no se corresponde con la de las publicaciones cinematográficas que es el 5,3 por 100 del total de las publicaciones en Barcelona, el 2,3 de las de Madrid y el 2,2 de Valencia y, en Andalucía, sólo Huelva contaba con una publicación cinematográfica en 1927 denominada «¡Éxitos!» (5).  
 
 Copright Marzo 1999. Derechos reservados. J-236.1999 Consultar al autor para reproducción.