|
¿
Qué será el Amor?¿Una caricia tal vez, un beso quizás?
¿Una sutil energía que transforma el sentimiento?
Una brisa refrescante en medio del desierto.
Un murmullo de Dios que te dice: "Vivo aquí dentro".
Un pedacito de cielo en la Tierra descubierto.
¿Qué será el Amor? _Pregunta el viento al soplar.
¿Una caricia fugaz o es la energía total?
¿Música sin sonido, rumores en concierto,
que vibran desde muy dentro donde se gesta el sentimiento?
¿Energía que transforma a la Tierra en sus cimientos,
a las cumbres en sus nieves, a los hombres desde adentro?
Es sutil como la brisa, poderosa como el fuego,
es el reflejo de la vida que se vive allá en el cielo.
Es el Amor, la esperanza del nuevo despertar.
Es el verbo que ha alcanzado su pureza virginal.
_Se escuchó una voz decir desde el cielo años ha:
"Hoy el Amor ha bajado entre hombres a morar".
La escucharon las estrellas, y los soles por igual,
Animales y montañas, y los peces en el mar.
Encended pues las antorchas de la vida de verdad
porque hoy los ojos se abren a la nueva realidad.
Surjan los coros divinos en los cielos de turquesa
porque es la hora marcada para la felicidad suprema.
¡Salve oh KWAN YIN! Maestra del buen amor
pues tus palabras son el néctar de los corazones en flor.
Hermano A.
![]()
![]()
![]()
Hermanos:
que la luz del Padre llegue a sus corazones encendiendo la llama del amor.
YO SOY KWAN YIN y vengo a dedicar una líneas a los corazones afligidos de los hermanos que hacen de estos; sus propias sendas de victoria.
Cuando la luz del alma ilumina al ser interior, surge el torbellino más potente: la necesidad de entregarse al servicio por la humanidad. Y con esta misma energía; con ese mismo ímpetu, el ser humano se lanza por las calles del dolor, de la desesperación, tratando de hacer algo por aliviar esas emociones que él mismo siente; lastimando su alma.
Consolando el dolor ajeno, logra acallar momentáneamente su propia desesperación; aligerando la carga de los que sufren, siente que su propia vida es necesaria para sus hermanos; en la mirada de los niños o de los ancianos, escucha las voces pidiendo a gritos un poco de amor; en los enfermos desahuciados, tras las pobres vestiduras de los que mendigan en la calle, escucha un desesperante auxilio y él; sintiendo la responsabilidad de su propia alma que le pide el servicio, se desborda como un torrente de amor hacia todos aquéllos que reconoce como hermanos, sufre por los que sufren, llora por aquéllos que ya no tienen lágrimas para derramar; hace suyos los problemas del mundo y se siente desfallecer cuando reconoce la magnitud de su misión.
De pronto vuelca toda esa angustia hacia su interior; traduciéndola en palabras que elevan; como si fuera humo de un incienso, en que se está ofreciendo el corazón; y el aroma que se percibe en los mundos celestiales por ese ser que ofrenda su vida en holocausto de servicio, es música gozosa que inmediatamente es respondida con potentes rayos de energía espiritual; entonces el dolor se apaga, la angustia se alivia y en la faz del discípulo una serena calma empieza a brillar, una poderosa energía lo invade interiormente; y regresa al mundo de su servicio sintiendo la cruz más ligera y ayudando a sus hermanos, no únicamente con sus cargas; sino proporcionándole la energía, para que ellos mismos puedan salir por su propio pie, de ese callejón en que la vida los ha colocado.
Nace así, el verdadero discípulo del servicio, como una respuesta a su ferviente oración de ayuda, como una respuesta del cielo a su llamado angustiante de auxilio. Y su vida se convierte en un faro de luz que disipa nieblas en donde hay obscuridad; que alivia enfermedades en donde hay sufrimientos, que aporta el consuelo aún en los corazones más encerrados y que extiende la mano para alcanzar a aquéllos que se han sumergido en los abismos. Nada es imposible para un discípulo en servicio, nada es incansable para aquél que se ha erigido como instrumento de Dios. Así sean las montañas más elevadas o los abismos más insondeables; el corazón que habla en el lenguaje Divino rompe las cárceles, las barreras, franquea distancias, disipa tinieblas, alcanza lo inalcanzable y engrandece aún lo paupérrimo.
A todos ustedes que han hecho de su vida un servicio a la humanidad; yo les ofrezco en nombre de Shamballa, el poder de las energías del amor, el poder de las energías que cohesionan los átomos y las moléculas y mantiene a los astros en su movimiento armónico; ofrezco la energía que impulsa desde adentro a todas las criaturas del universo.
Sigan adelante y lean estas líneas cada vez que sientan que vuestra voluntad falla, que las angustias los atrapan, que el fantasma de la soledad empieza a hacer su aparición; YO ESTOY con ustedes allí en donde se encuentre una mano presta al servicio; hablaré con ustedes, trabajaré con ustedes y en el nombre de Dios; nuestra labor, la suya y la mía; serán coronadas con el triunfo. Por más empinada que sea la cuesta, o por más negra que sea la noche; la energía del amor salvará todos los obstáculos.
Con la bendición de mis hermanos y del Cristo, me despido por ahora con un hasta siempre.
Que Así Sea. Que así sea.
![]()
Amados hermanos:
YO SOY KWAN YIN y tal como lo había mencionado hoy estoy entre ustedes.
Mi contribución será en pequeños escritos dirigidos hacia ustedes; que a manera de cartas, irán dirigidas hacia aquellos seres, cuyas vidas se han turbado por carecer de la fuerza purificadora del amor; serán llamas vivas, llamas de amor, dirigidas hacia lo más interno de los seres, para llegar a tocar esas fibras que en algún lugar recóndito del corazón, han quedado insensibles; por haber recibido dolorosos araños en el bregar de la vida cotidiana.
Cartas de amor para aquellos seres que envueltos en sombras, tratan de sobrevivir en un mundo en donde las apariencias valen más que las realidades espirituales, en donde la jerarquía de valores ha puesto por encima de todo, la satisfacción de los deseos carnales, en donde la voz del dinero se escucha más alta que la voz del espíritu.
He venido para regar con amor esos huertos resecos en donde antaño florecieran las más bellas creaciones de Dios, pero que el miedo, la desconfianza, las plagas de la incomprensión, el frío invierno de la indiferencia, trocaron los fértiles campos en áridas tierras.
Soy la portadora de ese Aliento Divino y espero que en estas palabras, surgidas de la misma fuente con que Cristo consumió los pecados humanos; podamos hacer el milagro de crear la vida en un mundo de muertos y en esta primera epístola, quiero referirme a la Navidad, a esa estación en donde el arma de las flores vuelve a perfumar el aire reseco que respiran los hombres.
Un 25 de Diciembre hace muchos años, un beso de amor tocó la tierra y confirmó el pacto que Dios hiciera con los seres humanos en el principio de la creación. Era el amor Divino hecho hombre; era la grandeza de Dios mismo condensada en un pequeño cuerpo humano; cada célula de su cuerpo era luz comprimida, era una llama de amor que consumía todo lo que tocaba y cada palabra; cada movimiento, cada pensamiento, era como el vibrar delicado de la cítaras y laúdes que sublimaba la naturaleza humana, hasta hacerla percibir el maravilloso mundo de DIOS.
Y ese beso bendito caminó por la tierra y su aliento cubrió a los hombres con una maravillosa esencia de amor, y la humanidad, pequeñas criaturas ignorantes, recibieron esa energía y reaccionaron de la manera más diversa, pero a todos llegó y esas luces que conformaban su cuerpo, esos átomos de luz que eran pequeños soles en el universo, quedaron regados por toda la superficie de este planeta, como una herencia Divina hacia las generaciones futuras de esta raza humana.
Cada chispa de luz proveniente de su cuerpo; sigue trabajando a donde quiera que la naturaleza misma la lleve, ya sea purificar la aguas de los mares, limpiar las aguas de los ríos, iluminar la atmósfera que respiran las mentes humanas o fecundando los campos a donde ha llegad. Pero cuando esos átomos de luz son recibidos por la gloriosa ley del Padre en algún ser humano; su vida se transforma y sus pasos se reorientan hasta consumirse, en esa misma llama que animó a Cristo cuando pisó la tierra.
Benditos aquéllos que han tenido el honor de poseer un átomo del Cristo; bienaventurados los otros, los que siguen las huellas de ese amor, porque reconocen en él la senda que el PDRE ha dejado marcada para su elevación.
Bendita humanidad que duerme, pero que ahora mismo, la aurora de un nuevo día empieza a asomarse ya por el horizonte; anunciando una era de amor, de luz y armonía.
Hombres de la tierra, hijos de DIOS, la Navidad es el símbolo permanente de la esperanza de que el día del despertar se está acercando, de que llegará el día en que todos los corazones permanezcan unidos en sagrados lazos luminosos, y las voces en coro se levanten a un tiempo, para entonar la nota que el universo reclama a este planeta.
Mi amor queda entre ustedes y la luz que les dejo llévenla más allá, hasta los lugares más recónditos de los corazones humanos, para que hasta el ser más infortunado tenga conocimiento de que la distancia que lo separa de DIOS, es exactamente igual a la distancia que separó a CRISTO de Él.
Lleven estas líneas a los corazones oprimidos para que beban el consuelo de ese amor que no pide nada, sino tan sólo ser aceptado.
Llévenlas también a los enfermos, para que su atención no se ponga en ese cuerpo que por designios misteriosos no ha sido lo armónico que ellos desearan; sepan que más allá de todas las apariencias, el espíritu humano vive en eterna armonía y comunicación Divina y que en ese reino de luces no hay lugar para los dolores.
Llévenlas a todos, para que cada quien perciba y tome de ellas el mensaje que su corazón le pide y que su mente no encuentra.
Con todo mi amor, como un regalo para ustedes.
Que Así Sea.
![]()
A ti, que llevas un dolor en tu alma; a ti, a quién los trinos de los pájaros no logran hacer olvidar tu pena; a ti, que sufres en silencio pensando que nadie comprende la magnitud del dolor que llevas; a ti, que te sientes olvidado por los ángeles del cielo y por el DIOS omnipotente;. a ti van dirigidas estas palabras.
Porque hasta aun el zumbido de las moscas en su volar silencioso, es escuchado por el oído atento de DIOS y aunque Él te ha hablado, aunque Él ha dirigido hacia ti los rayos del SOL para que alumbren tu interno, tú persistes en tu soledad ingorando esas muestras de amor infinito.
Aun cuando Él a hecho florecer miles de plantas a la orilla de tu camino, tu las has ignorado y has seguido de frente sintiéndote solo.
Aun cuando Él ha puesto cerca de ti muchos niños con sonrisa en sus labios, tus ojos y oídos se han cerrado para todo aquello que no sea tu dolor.
Aun cuando DIOS mismo te ha hablado desde muy dentro de tu ser, haciéndote recordar los momentos felices que has vivido en tiempos pasados, tu mente obstinada continua reviviendo esos instantes de dolor que han cambiado tu vida y que ahora prefieres recordar, en lugar de pensar que el dolor ya pasó y lo que vives ahora es un mundo distinto, diferente, que sólo espera tu atención para volver a tomar color y alegría dentro de tu ser.
Mira que eres esclavo de los recuerdos, y que éstos rondan tu cabeza como si fueran fantasmas de tristeza, que se regocijan en mantenerse en ese estado de depresión. Date unos instantes; tan sólo unos momentos; por atención a estas palabras y dirige tu mirada a ti mismo preguntándote: ¿Por qué sufro?, y esa razón, por más poderosa que sea, se encuentra ya en tu pasado, en tu historia. Es tan sólo un recuerdo, no es un presente, lo que en tu presente te aqueja, es la imposibilidad de aceptar eso que te ha pasado.
Ahora, sigue en estos momentos de reflexión pensando así: Mi vida es ahora distinta y no me es posible saber si mañana tendré alegrías o fracasos, por lo tanto: ¿Debo gastar mi vida lamentándome de cosas que han pasado?, o ¿buscaré vivirla aceptándola tal como DIOS mismo me la ha dispuesto? De tu respuesta dependerá probablemente tu felicidad futura.
Eleva tus ojos al cielo y observa ese Sol que te alumbra o esa Luna y Estrellas que adornan la cúpula celeste bajo la cual moras. Míralas y piensa: ellas son eternas, han permanecido allí desde hace miles de años y continuarán allí miles de años más, mi vida es como el mar que se agita al llegar a la playa y se convierte en olas que suben, bajan y arrastran las arenas. Pero más adentro, en lo más interno de mi ser; mora el gran océano en calma, infinito, inmutable, sin los vaivenes de las olas en la playa, sin los altibajos que mi conciencia humana me hace pasar.
¿Dónde estás, misteriosas alma humana que moras dentro de mí y que sutilmente percibo sin llegar eternamente a comprender? Y ahora esta voz te responde: Estoy tan dentro de ti, que ni el más interno de tus huesos lograría siquiera acercarse a la periferia donde resido. Estoy en cada célula de tu cuerpo y aún estoy en cada átomo de luz que conforman esas células; soy tu conciencia Divina, soy tu Dios interior, soy tu contacto permanente con el CREADOR de todas las cosas, y soy también, la garantía de que tu felicidad y tu paz interior, se encuentran siempre dentro de ti.
¿Qué dolor puede ser tan grande que mi poder no pueda vencer? ¿Qué tristeza puede hundirte al grado de que sientas separarte de mi?. Entiende que es tu resistencia a aceptar las cosas, la razón de tu tristeza. Entiende también, que en el girar de los mundos y en las leyes que gobiernan a este Universo la separación de dos seres, las enfermedades del cuerpo y todo aquello que pudiera haberte causado esa tristeza, son manifestaciones temporales de una misma esencia que es eterna.
Penetra en los misterios del cosmos; siente tu grandeza cuando mires al mundo y comprendas que tu eres responsable de esa creación; olvida momentáneamente tu pequeñez con todos los dolores que van asociados a ella para percibir de una ojeada, el gran reino que fue puesto bajo tu cuidado.
¿Qué tristeza o que dolor puede ser tan grande, que te haga olvidar la gran responsabilidad que tienes para con el Universo?
Hombre pequeño, reconoce que eres pequeño únicamente en tu comprensión, pero de la misma manera como una pequeña nuez rompe su dura cáscara para convertirse en un frondoso y majestuoso nogal; de la misma manera Yo espero y esperaré eternamente; a que tu rompas la dura corteza de tu inconciencia y puedas erguirte majestuoso, tomando plena posesión de tu Divinidad.
No importa lo que pienses, no importa lo que sientas, todo es temporal; hoy sufres, mañana reirás, y después volverás a sufrir, hasta que entiendas que esos cambios en tu conciencia, son derivados de tu escasa comprensión, y al alejamiento que tienes de esa fuente interior desde donde te estoy hablando.
Recuerda siempre que no importa donde te encuentres, no importa la situación, estado de salud o de conciencia en que estes morando; Yo moro dentro de ti, en cada átomo, en cada órgano y en cada pensamiento que tú emanas, parte de mi energía va con él, SOY tu mismo pero desde muy dentro de ti. Por eso ahora que escucho tu dolor y siento tus reclamos, te hablo y hago un llamado, para que abras tu mente y percibas la luz que te estoy enviando.
Los corazones humanos muchas veces actúan como cárceles cuando han sentido los rasguños de la incomprensión humana, pero si es triste contemplar la ignorancia de los hombres, más triste es observar corazones encarcelados.
Quita las cadenas de tu corazón, vuelve a encender la antorcha del amor y entrégalo a cuanto ser encuentres a tu paso, porque debes saber: que el amor es para el hombre, lo que el agua es para las plantas. Es la vida, es la energía y es el motor de la existencia.
Recuérdalo siempre, y cada vez, cuando presa de tu tristeza y de tu dolor, vuelvas a sentir soledad, toma estas lineas y repitiéndolas en voz alta, repítelas una y mil veces; hasta que sientas que esta voz proviene de ti mismo; hasta que sientas. MI presencia en tí y a MI amor inundándote y desbordándose de adentro hacia afuera.
Si lo haces, serás una flor renacida, la primavera volverá a llegar a tu vida, y el frio invierno se alejará de tí. Un nuevo sol alumbrará tus pasos y la vida entera retomará su curso, porque una flor se ha abierto nuevamente.
Benditos sean.
![]()
Escuchen esto con mucha atención porque hoy cantaremos a la Fe.
Estas palabras irán dirigidas a los que sufren. A los que se sienten solos. A aquéllos que luchan y se sienten desmayar a mitad del camino. A aquéllos que se creen demasiado alejados de Dios, los que sufren pensando que sus pecados son tan grandes que eternamente sufrirán la condena sin ninguna esperanza, y también para aquéllos que no creen más que en ellos mismos; pero muy en lo interno saben que eso es tan sólo una postura psicológica. A todos ustedes les diré:
Que Dios está con ustedes. Que no importa donde se encuentren; porque si entre todas las arenas del desierto un pequeño polvo de arena clamara a Dios pidiéndole ayuda, ese polvo sería levantado inmediatamente y bendecido en toda su gloria.
Si una hoja de entre los millares que existen en la selva levantará su voz pidiendo a Dios, esa hoja sería escuchada y sería bendecida por voluntad de Dios.
Si una sola célula de entre todo su cuerpo pidiera ser atendida en su sufrimiento; esa célula sería encontrada y consolada inmediatamente por los misterios Divinos, porque Dios es la fuerza que conecta a todas las creaturas a una fuente infinita de poder y nada existe que pudiera decirse separado de ese poder inconmesurable que es Dios.
Podrían desatarse las tormentas y entre relámpagos y truenos verse perdida de pronto una criatura del Señor; pero bastaría que murmurara su nombre, para que la tormenta hiciera un espacio de calma; alrededor de ese ser que ha orado con fe.
Podría tronar la tierra y derrumbarse los muros, podrían caer edificios enteros y entre llamaradas de incendios y explosiones, la fe de los justos los llevaría a salvo toda esa confusión.
Donde hay fe no hay temor. Donde hay fe está la fuerza y el poder Divino trabajando alrededor; porque la fe es la fuerza que conecta al ser con todo su poder interior, la fe es la puerta que da paso a la Divina Presencia en el hombre.
Podría verse alguien de pronto envuelto completamente entre nieblas, agobiado por los horrores de los vicios o por el peso de sus pecados, sumido completamente en la más espantosa degradación humana, pero mientras su corazón sienta y su mente pueda murmurar para llamar a Dios, esa fuerza lo levantaría de entre los escombros de su vida; para situarlo en el más alto pedestal de la dignidad humana, porque no hay hombre más digno de vivir una vida, que aquél que es movido por la fe de Dios.
¡Qué importa todo lo que haya pasado antes! ¡Qué importa la calidad moral de un pasado, si de pronto, nuestra puerta se abre para dar paso a la presencia de Dios! La fe es un bálsamo bendito que libera de sufrimientos a la persona que la profesa. La Fe es la cura milagrosa para los dolores del pasado y abre los ojos para un porvenir glorioso.
Dios es la presencia omnipotente permanentemente presente en todo ser y es el hombre, el único capaz de accionar esa energía; porque la fé no viene de afuera. Podrán escuchar mil discursos llenos de amor, podrán asistir a mil iglesisas en donde se hable del Señor, podrán clamar mil veces por la ayuda para despertar esa fe, pero siempre al final cada quien deberá hacerlo solo.
Esa fe es la que nace del corazón, la que nace de ese encuentro solitario e íntimo que el ser experimenta, cuando cerrado sus ojos y apretando sus manos contra el pecho, reconoce que su vida puede mejorar y debe mejorar; reconoce que su exitencia es debida a un magnífico poder que mueve los mundos y dirige la evolución de todas las creaturas.
Esa fe nace de reconocerse fruto, hijo bendito de una manifestación incomprendida, inconmesurable y omnipotente. Esa es la fe que mueve montañas. montañas de iniquidad, de dolores, de recuerdos, de rencores; esa fe que nos permite dejar en paz a todos aquéllos que nos han lastimado.
Esa fe que nos abre los ojos hacia un futuro prometedor y nos quita las manos de nuestro propio cuerpo para llevarlas hacia una vida creativa y útil. Esa es la fe que elimina los sentimientos de autoconmiseración, para convertirlos en una eterna alabanza a ese Rey de Reyes.
Esa es la fe que mueve las vidas de aquéllos que escriben la historia, es la fe que impulsa al marino a embarcarse en el mar, y la fe que mueve a los alpinistas a escalar las más altas cumbres, la fe que dirige a los cirujanos en las más delicadas operaciones.
Es la fe que hace reir a los humildes aún sin tener nada que comer, la misma fe que brilla en los ojos de los niños aún sumidos en la miseria, la misma fe que reflejan los padres cuando ven en su cuna al récien nacido, es la fe que siente la madre cuando poniendo la mano sobre su vientre recita dulces palabras a ese fruto de su amor que se encuentra en gestación.
Es la fe que hace madurar los frutos en los arboles de la naturaleza, la fe que mueve los ríos en su camino al mar, la que vibra en los corazones humanos cada vez que hay Navidad, la que inspira, la que mueve, la que motiva, la que despierta, la que agiganta.
Esa es la fe que hace santos a los santos, la fe que llevó a Cristo a la resurrección, la fe que ha guiado a los hombres desde el inicio de los tiempos, la misma fe que llevará a todos ustedes de retorno al PADRE.
Estas son mis palabras y con ellas dejo mi bendición entre ustedes.
Que Así Sea.
ANTERIOR ___________ SIGUIENTE