Para poder ver el film (Los códigos sub-fílmicos )
Los códigos sub-fílmicos, también llamados códigos perceptivos, son protocolos que se suponen previamente adquiridos por el espectador que va al cine, sistemas que rigen el reconocimiento de las formas y de las figuras en la vida cotidiana. Es posible estudiar dicho proceso de reconocimiento atendiendo a dos "etapas" (separadas para fines de análisis): la visión, referida a la percepción de elementos básicos, como la luz o el color y la visualidad, actividad a través de la cual son discernibles construcciones más complejas, como los objetos, los cuales, entre otras cosas, permanecen idénticos a lo largo de varios "actos de visión".

La percepción visual. Enfoques.

Antes de ver cine, simplemente se es capaz de ver. Pero la visión – por lo menos para muchos estudiosos del problema - no constituye una cualidad que pone al hombre directamente en contacto con el universo que lo circunda, sino que pasa por un trabajo de codificación, o más propiamente, de semiotización.

Aun cuando el fenómeno de la percepción visual ocupa el pensamiento de filósofos y fisiólogos desde la antigüedad, el estudio sistemático del mecanismo perceptivo visual viene a concretarse sólo a partir del siglo XIX. Las teorías que han intentado explicar dicho mecanismo, se han ceñido fundamentalmente a dos enfoques. En primer lugar, hay un enfoque analítico del problema, cuyas raíces pueden encontrarse en los trabajos de Berkeley y de Helmholtz. El enfoque analítico sostiene que la visión se produce cuando el cerebro aprende a analizar correctamente los impulsos que provienen de los ojos a través del análisis de datos visuales que proceden de la estimulación luminosa y de otros datos sensoriales no visuales que derivan de su relación con el entorno. Se inscriben dentro de las aproximaciones analíticas las denominadas teorías combinatorias o algorítmicas, desarrolladas durante los años sesenta. Para estas teorías, el sistema perceptivo engendra perceptos verídicos, es decir, conformes con la realidad del mundo circundante, y que permiten especialmente la predicción, combinando unas variables según ciertas reglas. Los códigos perceptivos vendrían a ser, de acuerdo con ellas, procesos que pueden ser descritos mediante algoritmos capaces de computar tanto variables provenientes de la información retiniana (llamadas variables intrínsecas),como señales que provienen del exterior del aparato visual, por ejemplo, del uso de la memoria (llamadas variables extrínsecas). De esta interacción del aparato visual con el mundo, simulada así por el modelo, surgiría la visión.

El otro enfoque es el de las denominadas teorías sintéticas, caracterizadas por la búsqueda de correspondencias únicas entre un estímulo y la percepción visual que éste genera. Las teorías sintéticas estuvieron representadas en el siglo diecinueve por el innatismo, tendencia sustentada en la hipótesis de que la actividad perceptiva se rige únicamente por patrones adquiridos y que, por tanto, es impermeable al aprendizaje. La interpretación sintética, en nuestro siglo, encuentra uno de sus mejores exponentes en la Gestalttheorie, con su énfasis en la capacidad natural del cerebro para organizar lo visual según leyes innatas eternas. Hoy en día, las teorías sintéticas se han visto reforzadas por los aportes de la psicofísica, en particular por la denominada teoría ecológica de la percepción visual de James J. Gibson, uno de cuyos valores consiste en haber aportado la idea de que las superficies físicas de los objetos del mundo son directamente observables, debido la existencia de un gradiente de textura que permite distinguir superficies frontales de superficies longitudinales, precisamente por la densidad microestructural.De acuerdo con las teorías sintéticas el carácter códico de la visión es altamente reducido, ya que el aparato visual, lejos de comportarse como un instrumento descodificador de la "realidad del mundo" el cual está obligado a aprender el manejo de ciertos códigos "interpretativos" a través de la experiencia, se comporta más bien como un filtro único (e innatamente adquirido) de información, capaz de manejar variables complejas (como el gradiente de textura). De acuerdo con esto, no "vemos" el mundo como es, pero, a través de los dispositivos orgánicos que poseemos, extraemos de él la información pertinente. Por lo demás, las actuales teorías de la percepción, como por ejemplo la que deriva de los trabajos de Ulric Neisser parece haber superado la mutua exclusión de los enfoques analíticos y sintéticos e incluyen consideraciones tanto innatistas como empirista:

La oposición entre innatismo y aprendizaje de la visión ya no es actual; Gibson no supone necesariamente el innatismo de los mecanismos ligados a sus <<variables complejas>>, y éstos se adquieren probablemente en parte por una educación <<normal>> (lo que encaja por otra parte muy bien con la noción de <<ecología de la visión>>); inversamente, los algoritmos de los constructivistas [actuales representantes del enfoque analítico] no suponen en modo alguno que, para todas estas construcciones se necesite un aprendizaje especifico La visión

Un primer nivel de consideración de los códigos perceptivos se refiere a la simple visión, es decir, a la percepción de los elementos básicos de lo visible: la luminosidad, el color, los bordes visuales, la interacción entre la luminosidad de un objeto y dichos bordes visuales, y las manifestaciones que se derivan de la variación en el tiempo de los fenómenos luminosos. Los códigos perceptivos intervienen, en este caso, como protocolos de mediación entre los estímulos y los perceptos que se generan a partir de los mismos.

La percepción visual es así el tratamiento, por etapas sucesivas, de una información que nos llega por mediación de la luz que entra en nuestros ojos. Como toda información, ésta es codificada, en un sentido que no es del todo el de la semiología: los códigos son aquí reglas de transformación naturales (ni arbitrarios ni convencionales) que determinan la actividad nerviosa en función de la información contenida en la luz.
Esta actividad de interpretación de los estímulos luminosos toma en cuenta ciertas características de la luz, a saber:
  • La intensidad de la luz que es emitida o reflejada por un objeto, la cual puede medirse mediante parámetros muy diversos: el flujo luminoso, la intensidad luminosa, la luminancia y la iluminación. La intensidad constituye la fuente de lo que percibimos como la luminosidad de un objeto.
  • La longitud de onda de la luz emitida o reflejada, característica que se traduce en nosotros en la visión del color.
  • La distribución espacial de la luz, la cual da lugar a la percepción de los bordes visuales de los objetos
  • El contraste entre las diferentes luminosidades, fuente de todos los fenómenos de interacción entre la luminosidad y los bordes de los objetos.
  • La variación en el tiempo de los fenómenos luminosos, condición que da lugar a fenómenos perceptivos como la persistencia retiniana (prolongación de la actividad receptora de la retina algún tiempo después de finalizado el estímulo), el centelleo (fenómeno que se ponen en evidencia con el empleo de las luces estrobocópicas) y el enmascaramiento visual (la perturbación de un estimulo dado por parte de un estímulo luminoso posterior en el tiempo).
  • Lo visual

    Un segundo grupo de códigos perceptivos es el que actúa dentro de la categoría propiamente humana de lo visual. Lo visual, en este sentido, no se limita a la pura percepción de la luz, sino que incluye tanto la representación visual del espacio y como la percepción del tiempo. En el primer caso, aun cuando la percepción del espacio no es puramente visual (dicha percepción esta ligada al desplazamiento corporal y requiere de la intervención de percepciones táctiles y kinésicas), ciertas informaciones derivadas de la actividad visual actúan como claves de primordial importancia. Algunas de estas claves derivan de dos características fundamentales de la percepción visual: en primer lugar, de la constante perceptiva, según la cual, las propiedades físicas (al menos macroscópicas) del mundo, son constantes en relación con la mirada. En segundo lugar, de la estabilidad perceptiva, es decir, de aquel fenómeno visual que nos indica que a pesar de que percibimos los objetos a través de una sucesión de pequeñas vistas, interpretamos nuestra percepción como la de una escena estable y continua.

    Algunas informaciones relevantes para el sistema óptico en términos de espacio ya son producidas en la visión monocular (uno de cuyos modelos explicativos – necesariamente simplificador – es el de la cámara obscura). Son indicadores de profundidad de la visión monocular el ya mencionado gradiente de textura, los indicadores de perspectiva lineal, las variaciones de la iluminación y fenómenos como la interposición entre un objeto y otro que le sirve como fondo. La visión monocular también cuenta con indicadores de profundidad dinámicos: la transformación del campo visual en el movimiento hacia adelante (en virtud de la cual, cuando nos desplazamos, los objetos más cercanos parecen desplazarse más aprisa y los muy lejanos, lentamente), el paralaje de movimiento (que hace variar la posición relativa entre objetos cuando uno se desplaza lateralmente, como cuando se lee la medida en una pipeta de laboratorio) y otros.

    A pesar de la potencia con que cuenta cada ojo aisladamente para percibir el espacio, es en la visión binocular donde pueden encontrarse las principales claves visuales de la percepción de la distancia y de la profundidad. Nociones como la de disparidad binocular (diferencia en las imágenes de un mismo objeto percibida por ambos ojos) conjuntamente con la de puntos correspondientes (para un punto de fijación dado, se demuestra - geométricamente - que existe un conjunto de puntos del campo visual binocular que se ven como únicos) permiten comprender el proceso complejo que da lugar a la percepción tridimensional.

    La percepción del tiempo, por otra parte, consiste en la capacidad de interpretar cambios en la percepción de estímulos sensoriales con respecto a las relaciones temporales de orden y duración. Un claro factor de apoyo en la percepción de dichos cambios proviene de la percepción visual del movimiento, actividad que engloba aspectos como la detección del movimiento, la información sobre los movimientos corporales propios, los umbrales de percepción del movimiento Un aspecto importante de la percepción visual del movimiento, por cierto, es el denominado movimiento aparente debido al efecto fi, denominación que reúne una serie de manifestaciones visuales similares designadas con letras del alfabeto griego. Como se sabe, el efecto fi es responsable de la impresión de continuidad y del movimiento interno de la imagen que son propios del cine y, por ende, garante de su existencia.

    Un modelo semiótico del sistema visual.

    Así como es posible establecer algunas características de los códigos perceptivos atendiendo puramente a conceptos que provienen la Psicología y de la Fisiología, es también posible utilizar dichos conceptos como base de elaboración de un modelo semiótico del sistema visual que intente integrar en su descripción de las formas [semióticas] los caracteres que son la consecuencia de las sujeciones del canal., tal como lo ha venido planteando el Grupo m (1992).

    El modelo construido por el Grupo m parte de algunas limitaciones propias de nuestra actividad perceptiva: dado que el sistema visual tiene que verse con una cantidad enorme de información, se ve en la obligación de simplificar. Esta simplificación es tanto de naturaleza cualitativa (sólo se perciben visualmente las ondas que caen en una estrecha banda del espectro de ondas conocido), como cuantitativa: la intensidad sensorial tiene límites inferiores y superiores fuera de los cuales el sistema retinex (retina+cortex) no es capaz de excitarse. Además, el sistema requiere de un tiempo útil fuera del cual el estímulo no produce excitación alguna. Sobre la base de estas restricciones, el sistema está programado para actuar activamente desprendiendo similitudes y estableciendo diferencias.

    El establecimiento de similitudes y diferencias da lugar a los primeros perceptos: el campo (ángulo sólido que engloba lo que es visible por el ojo y cuya característica básica es la indiferenciación) y el límite (lugar que marca las diferencias de cualidades que afectan a una zona de terminaciones nerviosas y que son llamadas cualidades translocales). La separación entre ambos perceptos conduce a la distinción entre la figura (sometida a la atención y al escrutinio local y reconocible en atención a la textura y al color) y el fondo (no sometido a la atención) y, además, permite una modificación del estatuto del límite (el cual se convierte en contorno de la figura o en línea, es decir, en límite potencialmente asimilable como contorno de la figura o del fondo). Finalmente, la figura puede cambiar de estatuto dejando de ser simple ocurrencia para convertirse en tipo, esto es, en objeto, construcción que aparece como una suma de propiedades permanentes y que, por tanto, pone en funcionamiento el mecanismo de la memoria. El modelo global estatuido por el Grupo m (1992:79) para explicar la descodificación visual, se formula el trayecto que va desde los perceptos vistos, a los objetos visualizados El reconocimiento del objeto, pone en actividad los mecanismos cognitivos a través de la idea del repertorio.


                          © 1999,Ignacio Ortega Campos. EL LENGUAJE DEL CINE APLICADO A LA EDUCACION
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