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ENSEÑAR
EL LENGUAJE DEL CINE: UN PROYECTO DIDÁCTICO EN LA ESCUELA
El
problema educativo.
Treinta años frente a
una piazarra de clases no pasan impunemente: lo modifican, lo marcan, lo
hacen a uno. O también lo destruyen, creo yo. En todo caso, no pasan
inadvertidos. Yo creo que la enseñanza es una práctica marcada
y a su vez, marcadora, un hacer retroalimentador y en ninguna medida neutro.
Por eso voy a comenzar por disentir con una afirmación -a veces
implícita a veces explícita- que ha venido asomándose
en las intervenciones y que presupone que el alumno -ese tercer factor
que convertimos en objeto de nuestras discusiones pero que no lo es tanto-
constituye, para cada uno de nosotros, una suerte de materia prima de mejor
o peor calidad, sobre la cual, como si se tratara de un tallador de diamantes,
uno hace lo mejor que puede. Yo creo que esto no es cierto en varios sentidos:
en primer lugar porque esa materia prima es bastante más dinámica
que la de los diamantes en bruto y es más receptiva y susceptible
de ser modificada que lo que a veces suponemos. En segundo lugar, porque
nuestra actitud como tallistas influye grandemente en los resultados e,
invariablemente, si tratamos compasivamente o subestimamos la calidad de
la materia prima, los resultados que obtenemos resultan en gran medida
marcados por la proyección de nuestras propias limitaciones. En
tercer lugar, y como consecuencia, creo que la enseñanza no solamente
sirve para educar, para mejorar las cosas. También las puede empeorar
bastante. Yo creo que la "enseñanza" -la escolaridad- (como el cine,
como la psicología, como cualquier instancia en la cual el saber
pueda ser utilizado como una forma de poder) es una arma. Un arma muy peligrosa
y que puede hacer mucho daño.
Particularizando. Se ha dicho
mucho que la enseñanza del cine -sobretodo la enseñanza del
análisis fílmico- es una manera de enseñar a abrir
los ojos, sobre todo, frente a una realidad mistificada e interesada, manipuladora
en más de un sentido. Que debemos emprender o estamos emprendiendo
una cruzada contra la "ideología" que impregna los discursos bastardos
que nos rodean. Que lo que se nos impone una suerte de alfabetización
"desideologizadora". Pero como se ve, esto presupone, por lo menos dos
cosas:
1.- Que uno o se imponga un cuestionamiento constante de su hacer educativo,
el cual es siempre ideológico (si no fuera ideológico, ¿de
qué estamos hablando?)
2.- Que este hacer educativo -inserto en un poderoso y consecuente sistema
de ineducación y desenseñanza- logre enseñar, educar
y formar.
El problema ético.
Yo no veo ninguna otra salida
para la enseñanza del cine y para todo lo demás que
no pase de lleno por el problema ético y no encuentro, a estas alturas,
otro principio que nos pueda servir de guía en nuestra tarea educativa
que no sea el de la honestidad intelectual. Yo creo que si no somos honestos
intelectualmente -si no enseñamos todo lo que sabemos para que nuestros
alumnos nos superen, si no nos damos, en principio nosotros completos y
con pasión, si no renunciamos al recurso fácil de convertir
nuestro supuesto conocimiento en poder escrupulosamente administrado en
beneficio de nuestra imagen o del control que éste nos facilita
-no solamente no estamos enseñando: estamos corrompiendo.
Y creo que si queremos enseñar, realmente, tenemos que aprender
a renunciar al poder que nos otorga ser "maestros" y darnos todos.
Concretemos: la enseñanza
teórica del cine. La enseñanza práctica.
He de confesar que
hablo de todo porque quizás he estado en demasiadas cosas y no he
permanecido sistemáticamente en una sola de ellas, es decir, que
como el país, he sido bastante inconstante. Esta inconstancia, sin
embargo, me ha provisto de algo que agradezco mucho: de ópticas.
Yo creo que el conocimiento es un punto de vista, que cada ciencia es una
ventana. Como debo comenzar a concretar quiero hablar de dos ópticas
que nos ocupan en relación a la enseñanza: la óptica
teórica -y en particular, la óptica analítica- y la
óptica de la enseñanza práctica. Y la necesaria distancia
dinámica que debe existir entre una y otra.
Lo que pretendo decir al respecto,
que es un pensamiento en voz alta, proviene de una reflexión que
me he venido haciendo y que puede traducirse en una pregunta. ¿Cómo
puedo compaginar yo estas dos ópticas al enseñar? Vale decir:
¿Qué es la teoría y qué óptica impone?
¿Cuál es la óptica que proviene de la técnica?
Que interrelaciones hay entre una y otra? Mis conclusiones han sido las
siguientes.
En el afán de revisar
lo que hacemos (lo que hago) he creído descubrir varios problemas.
El primero de ellos lo llamaría contaminación, creo que ejercemos
una enseñanza de la teoría (del análisis, sobre todo)
y de la práctica, contaminadas. Que no hemos tenido tiempo de desarrollar
todavía una enseñanza teórica lo suficientemente sólida
(lo suficientemente teórica) como para que no esté impregnada
de una apreciación (repito: de una óptica, se trata de conservar
las ópticas) ligada a la practica. Y viceversa. Así, creo
que a veces se práctica el análisis fílmico como una
filmación inversa. Se cree, creo que ingenuamente, por ejemplo,
que así como hacer una película es "ir de la idea al guión
y del guión al filme" el análisis consiste en ir del "filme
hasta la idea", procedimiento reñido con la más elemental
consideración teórica.
Resumo. Creo que es muy importante
la teoría . Creo que es fundamental la práctica. Pero sobre
todo creo, y me parece que ese es uno de los deslindes necesarios, que
hay que buscar la manera de situarse entera y lúcidamente en cada
óptica y desde allí tender los vínculos y las relaciones
necesarias para potenciar los recursos de enseñanza.
Por fin: la teoría.
En primer lugar, creo
que enseñar es abrir a la diversidad sin dejar de formar en lo concreto.
Creo que, cuando se enseña, se debe preparar a la gente paralelamente
en la fe y la tolerancia. Por cada cosa que enseñamos y que creemos
quedan mil conocimientos afuera. En el campo de la teoría
hay muchos ángulos, muchos sistemas, interesantes, respetables,
nunca prescindibles y cuyo estudio no puede ser eludido con prejuicios
de un sólo trazo. Creo que nuestros alumnos serán mejores
en la medida en que los sepamos conducir hacia la libertad de lo diverso,
guiados de la mano, pero, como decía Cooper, el psiquiatra inglés,
sabiendo cuando nuestra presión sobre sus dedos comienza a ejercer
el efecto de un cepo. Creo que hay que darle completo y absoluto acceso
a los alumnos a las fuentes, animarlos a que las lean, retarlos, exigirles.
Creo que hay que respetarlos. Creo, en definitiva, que la enseñanza
de la teoría es un reto cambiante y por eso combato y he combatido
todo aquellos que se me ha presentado, en el terreno de la docencia, como
el producto de prácticas monolíticas, poco retadoras y parcializadas.
Vuelvo al comienzo. Yo creo que
la enseñanza comienza por nosotros y que somos sujetos y objetos
de este problema. Creo que no podemos exigirle a los alumnos profundidad
y conocimiento si lo único que le suministramos al llegar es un
resumen de nuestro conocimientos (eso que en el lenguaje terriblemente
limitado del viejo BUP se suele llamar "guía"), que no podemos
exigir pasión si no la tenemos y no la remozamos constantemente,
que no podemos evaluarlos si no nos evaluamos, que no podemos esperar de
ellos unos profesionales profundos y honestos si utilizamos el conocimiento
como poder. Creo que la enseñanza de la teoría y la de la
practica, es un proceso que nos invita a formarnos todos. Ojalá
que educar nos permita no solamente hablar de la enseñanza
como un proceso que hacemos, sino que nos hace y el hacerse comienza con
la crítica y con la pasión de uno.
“Enseñanza de los medios
audiovisuales en Venezuela”, publicada en Objeto Visual 4 en 1996
Frank Baiz Quevedo
frankbaiz@cantv.net
http://www.geocities.com/hollywood/hills/7084

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