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1896 el ilusionista francés Georges Méliés demostró
que el cine no sólo servía para grabar la realidad, sino
que también podía recrearla o falsearla. Con estas imaginativas
premisas, hizo una serie de películas que exploraban el potencial
narrativo del nuevo medio, dando inicio al cine de una sola bobina. En
un estudio en las afueras de París, Méliès rodó
el primer gran film puesto en escena cuya proyección duró
cerca de quince minutos: L'affaire Dreyfuss (El caso Dreyfuss, 1899) y
filmó Cendrillas (Cenicienta, 1900) en 20 escenas. Pero sobre todo
a Méliès se le recuerda por sus ingeniosas fantasías
como Viaje a la luna (1902) y Alucinaciones del barón de Munchhausen,
en las que experimentaba las posibilidades de los trucajes con la cámara
de cine. Méliès descubrió que deteniendo la cámara
en mitad de una toma y recolocando entonces los objetos de la escena antes
de continuar podía, por ejemplo, hacer desaparecer los objetos.
Del mismo modo, retrocediendo la película unos cuantos centímetros
y comenzando la siguiente toma encima de lo ya filmado, lograba superposiciones,
exposiciones dobles y disoluciones (fundidos y encadenados, como elemento
de transición entre distintas escenas). Sus cortometrajes fueron
un éxito inmediato de público y pronto se difundieron por
todo el mundo. Aunque hoy en día parecen curiosidades, son precursores
significativos de las técnicas y los estilos de un arte que entonces
comenzaba.
El
estilo documentalista de los hermanos Lumière y las fantasías
teatrales de Méliès se fundieron en las ficciones realistas
del inventor estadounidense Edwin S. Porter, a quien se le atribuye en
ocasiones la paternidad del cine de ficción. Trabajando en el estudio
de Edison, Porter produjo la primera película estadounidense interesante
Asalto y robo de un tren en 1903. Esta película, de 8 minutos, influyó
de forma decisiva en el desarrollo del cine porque incluía innovaciones
como el montaje de escenas filmadas en diferentes momentos y lugares para
componer una unidad narrativa, culminando en una persecución que
lograba dar una gran sensación de intriga. Al hacer esto, Porter
inició el montaje, uno de los fundamentos de la creación
cinematográfica, proceso en el que diferentes fragmentos elegidos
de las diversas tomas realizadas -o disponibles- se reúnen para
conseguir un conjunto capaz de llegar a provocar emociones y a influir
en los pensamientos del público.
Asalto
y robo de un tren tuvo un gran éxito y contribuyó de forma
notable a que el cine se convirtiera en un espectáculo masivo. Las
pequeñas salas de cine, conocidas como nickelodeones, se extendieron
por los Estados Unidos, y el cine comenzó a surgir como industria.
La mayoría de las películas, de una sola bobina, de la época
eran comedias breves, historias de aventuras o grabaciones de actuaciones
de los actores teatrales más famosos del momento. |