El cine empieza a hablar

1.2.3.4.5.6.

La transición del cine mudo al sonoro fue tan rápida que muchas películas distribuidas entre 1928 y 1929 que habían comenzado su proceso de producción como mudas, fueron sonorizadas después para adecuarse a una demanda apremiante. Los dueños de las salas se apresuraron también a convertirlas en salas aptas para el sonoro, mientras se rodaban películas en las que el sonoro se exhibía como novedad, adaptando obras literarias, e introduciendo extraños efectos sonoros a la primera oportunidad. El público pronto se cansó de los diálogos monótonos y de las situaciones estáticas de estas películas, en las que un grupo de actores se acercaba a un micrófono fijo.

 Tales problemas se solucionaron en los inicios de la década de 1930, cuando en varios países, un grupo de directores de cine tuvieron la imaginación necesaria para usar el nuevo medio de forma más creativa, liberando el micrófono de su estatismo para restablecer un sentido fluido del cine y descubrir las ventajas de la postsincronización (doblaje, efectos sala y sonorización general que sigue al montaje), que permitía la manipulación del sonido y de la música una vez rodada y montada la película 

 


















 

 

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