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Elaboración
temporal de la imagen cinematográfica
Desde sus orígenes, el
cine se presentó como un nuevo soporte para transmitir relatos.
Ningún otro medio planteó tal cantidad de experimentación
con el trabajo de controlar el tiempo y su elaboración dramática.
La idea de ofrecer espacios distintos y ofrecerlos a través de la
narración fue uno de los puntos de interés de aquellos pioneros
cinematográficos. Y uno de los elementos que más reflexión
atrajo fue el raccord cicinematográfico. Se trataba de someter
el tiempo a la construcción de unas relaciones imaginarias que conectaran
con los diferentes lugares expuestos en la acción, relacionándolo
con una especie de economía narrativa alejada de lo que antes era
concebido en las escenas teatrales. La consolidación del nuevo lenguaje
pasaba por fragmentar; el montaje vino a romper la supuesta homogeneidad
de las representaciones para componer, a partir de esas fragmentaciones,
una pluralidad de puntos de vista y miradas. Con todo, el tiempo se trata
de manera semejante a la novela y tos continuos saltos son unidos a través
de un fluir narrativo que a su vez ata a los diferentes segmentos espacio-temporales.
Y la figura clave, haciendo referencia a la elipsis como elemento
de continuidad, es el "raccord".
El raccord se refiere a cualquier clemento de
continuidad entre dos o más planos y da unidad a todos los elementos
que componen la significación. El sentido sería unir dos
planos de manera que la falta de coordinación entre ambos rompiera
la ilusión de estar viendo una acción continuada. El proceso
se transforma en la reconstrucción de una acción que ha sido
desarticulada de acuerdo a un orden narrativo. Y el roccord abarca una
función más amplia de la antes definida, llegando a designar
otras componentes de la puesta en escena. De esta forma puede tratarse
de raccord de luz, raccord de objetos, etc., o las nociones de raccord
de posición, de mirada y de dirección.
Pero para obtener dicha continuidad es preciso que
la organización de todos los fragmentos que van a recrear la realidad
sean dispuestos y diseñados con arreglo a esa futura homogeneidad.
En dicho proceso también será necesario que los controles
del tiempo se sometan a la mirada de la percepción. En definitiva,
se trata de convertir en un solo tiempo el tiempo de la percepción
y el tiempo de la historia. La manipulación que se realiza es fundamental
para la elaboración del universo fílmico. El director tiene
la posibilidad de alargar o acortar la duración de las acciones
y jugar con el factor temporal.
Relaciones
temporales entre das planos
Noél Burch establece cinco relaciones posibles
entre el tiempo de un plano A y el de otro B que se siguen inmediatamente
en montaje.
Los planos pueden ser rigurosamente continuos en el
sentido más amplio del término. En una situación de
un plano-contraplano supondría el paso de un personaje a otro mientras
uno habla y el otro escucha. También podríamos situarlo en
lo que se denomina raccord directo, aunque esta idea podría
referirse más a una dimensión espacial que temporal. Imaginemos
que la acción muestra a un personaje que se dirige hacia una puerta
tomado desde el plano A y desde el otro plano de la puerta, el plano B,
prosigue la acción, mostrando la continuación: el personaje
abre la puerta y cruza el umbral.
La siguiente relación es lo que se llama elipsis.
Es decir, puede haber hiato entre las continuidades temporales de los dos
planos. En el ejemplo anterior del paso de la puerta, se puede eliminar
parte de la acción, continuando con el raccord, y estrechar dicha
acción en el plano A, el personaje coloca la mano en la empuñadura
de la puerta, y en el plano B, cierra la puerta tras de sí. Las
variaciones pueden ser muy amplias y las «supresiones temporales»
pueden durar desde cinco segundos hasta 5 minutos. La realidad es que este
tipo de elipsis es lo suficientemente corto como para ser medido. El montaje
y las características mismas de la narración nos dirán
cuál sería el punto adecuado tanto para la elipsis como para
el raccord directo. Pero esto ocurre desde el punto de vista del
cine más académico, donde, en principio, se busca una escritura
cinematogrófica más o menos fluida. Lo importante es que
la presencia y la amplitud de la elipsis debe señalar la ruptura
de una continuidad virtual. En el ejemplo anterior, como en otros ejemplos
de elipsis, se anima al espectador a que complete mentalmente el tiempo
y el espacio suprimido. Por tanto, la elipsis se puede medir.
La tercera relación entre dos planos consecutivos
corresponde con el segundo tipo de elipsis: la elipsis indefinida. El tiempo
eliminado puede ser una hora, un año, cinco años etc. La
característica clave de este tipo de elipsis es que el espectador,
para medirla, necesita de una ayuda «de fuera»: un diálogo,
un cartel, un reloj, un calendario. Es una elipsis que encontramos en el
guión ligada al contenido de la imagen y de los acontecimientos.
La frontera entre esta elipsis y la antes referida como mensurable es bastante
compleja, ya que, a pesar de lo planteado, podemos decir que se mide mejor
el tiempo de abrir una puerta que el tiempo que se tarda en ir a la oficina
desde que se sale de casa. Sin embargo, este último constituye una
unidad (el tiempo necesario para salir de casa, coger el coche, desplazarse
a la oficina, aparcar, entrar en la oficina y sentarse en la mesa de trabajo)
que no es igual al planteamiento de «unos días más
tarde que sería la elipsis indefinida.
También puede haber retroceso. Volviendo al
ejemplo de la puerta, la acción del plano A muestra al personaje
que llega a la puerta y la abre; el plano B repite la acción de
la apertura de la puerta de manera deliberada. Es un pequeño retroceso
utilizado para dar, como en la elipsis, apariencia de continuidad.
Es interesante señalar que, cuando se habla del raccord de dos planos,
hay que tener en cuenta que, por razones de percepción, a veces
es preciso que el montador realice un retroceso o una elipsis. Son fracciones
de segundo eliminadas o añadidas para que el movimiento filmado
entre dos planos A y B sea lo más continuo posible.
Pero el retroceso temporal que aparece de forma más
evidente es el flashback. De la misma forma que una elipsis puede
abarcar varios años, un retroceso se plantea en los mismos términos.
Y ésta es la quinta y última relación entre dos planos:
el retroceso indefinido. Nos encontramos en el mismo paralelismo respecto
a la elipsis indefinida y el pequeño retroceso mensurable,
ya que, como referíamos anteriormente, la amplitud del salto atrás
en el tiempo es tan compleja de medir como el "salto adelante" La posibilidad
A tiene lugar cuando los acontecimientos simultáneos presentes en
el argumento se corresponden a acontecimientos simultáneos de la
historia. Una composición con gran profundidad ofrece este claro
ejemplo; también una división de pantallas, el sonido off
u
otros recursos expresivos plantean este tipo de posibilidad.
El tipo B, simultaneidad en el argumento y sucesión
en la historia, se refleja cuando unos personajes ven una película
o un programa de televisión en que se muestran acontecimientos previos
de la historia, de manera que el acto de ver y los acontecimientos pasados
se muestran simultáneos en la historia.
La posibilidad C se suele dar más a menudo.
Tiene su expresión más clara en el montaje paralelo, que
desde la época de Grifiitb ha mantenido una notable presencia en
el relato fílmico.
El tipo D constituye la solución más
habitual. La sucesión en la historia se presenta como sucesión
en el argumento. Pero hay que señalar que no siempre el argumento
presenta los acontecimientos sucesivos de la historia siguiendo un orden
cronológico, sino que se puede alterar el orden de los mismos. Genette
las denomina anacronías y éstas se pueden clasificar en dos
categorías principales, según la correspondiente maniobra
narrativa sitúe por adelantado en el argumento acontecimientos que
en la historia son posteriores (salto adelante), o bien que en el argumento
se presenten con posterioridad a los sucesos que en la historia son anteriores
(salto atrás). Estos saltos que pueden producirse en el relato reciben
los nombres de prolepsis y anolepsis, respectivamente. Estas
dos categorías establecidas por Genette en su análisis del
relato literario es posible trasladarlas al relato cinematográfico,
constituyendo lo que llamamos flashback y flashforward. Claro
que el relato fílmico, al disponer de una doble banda expresiva
sustentada por la imagen y el sonido, puede presentar anacronías
más complejas. En estos casos, la imagen y el sonido tienen la posibilidad
de divergir con respecto al orden de la historia: "La imagen puede estar
en el presente del argumento, mientras que el sonido puede estar en el
pasado ( por ejemplo, un flashback auditivo), o ambos, imagen y
sonido, estar en el pasado") . Las manipulaciones del orden de la historia
ofrecen posibilidades narrativas claras. Cuando se sigue fielmente el orden
de la historia, los acontecimientos van creando el devenir lógico
de la narración y las expectativas van centrando la atención
en el argumento. Si, por el contrario, alteramos el orden de la historia,
se fuerza a evaluar el material ya expuesto y se plantean nuevos puntos
de atención, incluso llegando a crear curiosidad. Las manipulaciones
de orden pueden servir, por otro lado, como dilación v también
para favorecer las necesidades narrativas de reconocimiento de lo que ocurre
en la historia. También un cambio de orden puede ser justificado
por la representación subjetiva de algún recuerdo de un personaje.
La construcción temporal del film.
He hablado de la articulación temporal
de la narración cinematográfica. Vamos a volver sobre esta
idea de una forma más concreta y a establecer una relación
más directa entre el tiempo y dicha narración.
En la narración clásica se sucede una
cadena de acontecimientos con relaciones de causa-efecto que transcurren
en el tiempo. Todo lo que se desarrolla lo deducimos como espectadores
y ejercemos toda una serie de actividades en la que reconocemos los diferentes
elementos que componen la historia. Para describir las relaciones temporales
que se plantean en la construcción del film podemos establecer la
diferencia entre historia y argumento (también llamados historia
y discurso). Historia la definiríamos como el conjunto de
hechos que se plantean en una narración, tanto los que se presentan
de forma explícita como los que el espectador deduce de los datos
expuestos. Y el argumento hace referencia a los espacios de tiempo que
la película dramatiza, es decir, todo lo que vemos y oímos
en ella. A los tiempos de la historia y el argumento habría
que añadir el tiempo de la proyección, el tiempo de la duración
en la pantalla.
Construimos la historia a partir de lo que se presenta
en el argumento. Toda película está sometida a un control
temporal programado por ella misma en la que las relaciones temporales
son encajadas por el observador en los indicios que le ofrece la narración
e intenta colocar los acontecimientos en un orden, dándoles una
duración y una frecuencia,
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Pero
volvamos a los efectos narrativos del flashback y del flashforwardque,
aunque comparables, tienen implicaciones narrativas bastante diferentes.
El flasback puede representar acontecimientos en el argumento que se desarrollaron
en un punto tardío respecto al de la historia; puede representar
unos hechos que ocurrieron antes de que se iniciara el primer hecho del
argumento. Se trata de un flashbackexterno. De igual manera, el
flashback
es
interno si ha ocurrido dentro del propio límite temporal
del argumento.
El flashforward, sin embargo, crea otros problemas.
Es difícil encontrar flashforward externos, porque claramente
el final del argumento pone el límite temporal de la historia. Los
flashforward
constituyen
unos apartes narrativos que no se pueden atribuir a la subjetividad de
un personaje, sino conscientemente al argumento de la historia. En resumen,
el flashforward representa un movimiento hacia adelante del argumento.
Frecuencia
Esta categoría distingue las relaciones temporales
entre historia y argumente de la narración. Se centra en el estudio
de las repeticiones que pueden operar en las dos instancias. El término
repetición debe entenderse en un sentido más amplio, como
una construcción mental que identifica acontecimientos idénticos
considerados como semejantes.
Basándose en estas repeticiones de los
acontecimientos, Genette establece una serie de relaciones que reduce a
cuatro: puede contar una vez lo que ha ocurrido una vez, a veces lo que
ha ocurrido a veces. n veces lo que ha ocurrido una vez, y una vez lo que
ha ocurrido, veces. Veámoslo más detenidamente:
Contar una vez lo que ha ocurrido una vez.
Es
la forma más habitual y, en ella, un acontecimiento de la historia
encuentra una única y singular enunciación en el argumento;
Genette lo llama relato repetitivo.
Contar x número de veces lo que he
ocurrido
x veces. Este tipo de frecuencia sigue siendo singulativa y equivalente
a la anterior, ya que las repeticiones del argumento no hacen sino corresponder
a las de la historia. En una película de carretera, por ejemplo,
a lo largo de toda la narración los planos del trayecto se convierten
en un elemento identificador del filme.
Contar n veces lo que ha ocurrido
una vez. Lo llama relato repetitivo. El mismo acontecimiento puede
contarse varias veces, ya no sólo desde una perspectiva estilística,
sino como variación de diferentes puntos de vista. Un ejemplo característico
es
el
de la película Rashonmon de Akira Kurosawa, en la que toda
la estructura narrativa se fundamenta en esta categoría "frecuencial":
el mismo crimen es contado varias veces y según el punto de vista
de cada personaje.
Contar una sola vez lo que ha ocurrido x veces.
En
un único y particular fragmento del argumento se integran
varios acontecimientos de la historia. "Mucho tiempo he estado acostándome
temprano" (comienzo de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust).
Relato iterativo, en el que una sola cosa asume varios casos juntos
del mismo acontecimiento; es el ejemplo de las palabras gotear, goteo,
o la acción de apagar el despertador todas las mañanas.
Si además de esta clasificación le sumamos
al relato cinematográfico la doble banda (imagen y sonido), como
hemos visto en algunos ejemplos, las cuatro posibilidades se multiplicarán
según nuevas opciones. Un acontecimiento de la historia podrá
ser expresado en el argumento de manera mostrada, de manera contada, de
las dos maneras, de ninguna y, ademas, una o varias veces en cada posibilidad.
Duración
El estudio de los efectos de la duración en
el análisis narrativo se basa fundamentalmente en las relaciones
que puedan establecerse entre el tiempo del argumento, es decir, el tiempo
que requiere su lectura, y el tiempo necesario para los acontecimientos
en la historia. De la misma forma que no se puede saltar temporalmente
en una película, o ir hacia atrás o adelante para ver parte
de ella, tampoco se puede controlar el tiempo que le llevará a la
narración desarrollarse; para la construcción y comprensión
fílmica esto tiene una importancia capital.
Vamos a analizar este desarrollo. En la narración
cinematográfica hemos observado tres variables: las que hacían
referencia a la duración de la historia, del argumento y de la pantalla.
Estos tres tipos de duraciones operan en el conjunto: narración
global y tiempo total transcurrido. Pero también la duración
opera desde la fragmentación local de manera muy importante: partes
del argumento (acciones, secuencias) y segmentos del tiempo en pantalla.
Normalmente, desde un punto de vista de conjunto se espera que la historia
dure mucho más que el argumento y éste, un poco más
que la duración de la pantalla. Muy pocas narraciones representan
la totalidad de la acción. Desde las partes, los recursos expresivos
intervienen decisivamente. En condiciones normales, la duración
de un plano se asume como la duración de la acción que representa;
también las escenas que se presentan en continuidad espacio-temporal
se aprehenden como una representación fiel de la duración
de la historia y del argumento. En resumen, es la naturaleza de las partes
la que configura la duración de la historia.
Todas estas ideas sobre la duración se basan
en las convenciones del cine narrativo tradicional. Es posible, por ejemplo,
que un plano sugiera más tiempo de duración que la historia
y el argumento. También que la duración del argumento pueda
ser disminuida. E incluso que, en el contexto adecuado, cualquier técnica
fílmica pueda modificar el hecho de que el tiempo de la historia
sea mayor o igual que el tiempo de proyección. Estas tres relaciones
se pueden resumir, según Bordwell, de manera genérica: «Equivalencia,
cuando la duración de la historia es igual al argumento y a la duración
de proyección; reducción, cuando la duración de la
historia se narra de forma abreviada o resumida; expansión, cuando
la duración de la historia se narra aumentada.
Vamos a ver cada una de estas posibilidades. La equivalencia
se
puede encontrar en narraciones muy simples de filmes primitivos. El argumento
no demanda la construcción de unos acontecimientos previos a la
historia, sino que la acción se reduce a lo que se ve en pantalla.
Pero este tipo de situación no es frecuente, porque la historia
suele sobrepasar el tiempo del argumento y el tiempo de la proyección.
En el film "Solo ante el peligro",( Fred Zinnemann, 1952), la historia
no son los acontecimientos que ocurren en esas dos horas, sino que se introducen
otros elementos (antecedentes, el envío de Frank Miller a la cárcel,
etc.) que, a pesar de la aproximación al tiempo del argumento y
de la proyección, confirman que la duración de la historia
es más amplia. Sin embargo, si analizamos esta equivalencia desde
una perspectiva parcial vemos que es posible, y con frecuencia ocurre así,
que la representación de un suceso se ajuste a la duración
de la historia y del argumento. Esta representación se consigue
mediante un solo plano o con el montaje continuo.
La narración fílmica también puede
reducir
el
tiempo de la historia. Generalmente, éste es el procedimiento más
común. El argumento representa cinco años o dos días
que en pantalla se convierten en dos horas. Igualmente, algunas partes
de la película pueden reducir el tiempo de la historia. También
se puede conseguir que una acción dure unos diez minutos en el argumento
y en pantalla se resuelva en dos minutos. Otra forma de reducción
del tiempo es el movimiento rápido o acelerado. Todas estas técnicas
se denominan elipsis. Matizando lo expuesto anteriormente, se puede decir
que existen dos formas diferentes de disminuir la duración de la
historia; una, que podemos llamar propiamente elipsis, se da cuando el
argumento elimina fragmentos de tiempo de la historia: es el proceso operativo
normal que hemos visto. Pero también el tiempo de la historia se
puede acortar sin necesidad de ninguna elipsis y el tiempo de la historia
y del argumento pueden ser mayores sin que, al final, el de la pantalla
se pueda detectar cómo se ha reducido. Este tiempo no se elude,
sino que se condensa. Esta segunda forma se denominaría
comprensión.
Expandir
la
duración de la historia es otra de las formas de narración
tanto desde un punto de vista general como parcial. Esto supone, por ejemplo,
que un hecho cuya duración sea de un minuto en la historia pueda
consumir, por su composición argumental o su representación
en el tiempo de rodaje, dos minutos en pantalla. Tal como ocurre con la
reducción, en la expansión podemos distinguir dos técnicas:
la inserción y la
dilación.
En la inserción,
el tiempo de la historia se extiende rellenando el tiempo del argumento:
funciona de manera análoga a la elipsis. En el segundo tipo de expansión,
la dilación,
el acontecimiento se expande en representación
de forma continua; la duración de la historia y la duración
del argumento son congruentes; la duración de la pantalla es la
que se alarga en el tiempo. Un ejemplo común es el de la filmación
a cámara lenta. Bordwell resume de una manera sencilla las formas
fundamentales en las que la narración puede manipular la duración
de la historia: Equivalencia: La duración de la historia
es igual a duración del argumento y a la duración de la proyección.
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