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Intinerario poético de Marechal.
En la juvenil colección de poemas Los Aguiluchos, 1922, aparecen
casi todos los objetos poéticos que caracterizan la lírica de
Marechal, exaltada celebración, de tónica exhortativa cuando no
imperativa. En estos poemas la forma se aprieta en los módulos
romanticos y modernistas que formaban entonces el clima poético
americano; hay influencias de Victor Hugo, de Olegario V.
Andrade, el primer Leopoldo
Lugones, característicos ecos parnasianos, pero estos estímulos
interesaban a Marechal siempre que le permitiesen exhaltar la
vitalidad y su hermosura (las notas elegíacas, muy juveniles,
son las más borrosas): ¡Ah, la vida es hermosa porque es
multiple y varia!, vida resuelta en luz fuerza y calor. Esta
actitud frente a los objetos, como frente a los sentimientos,
prefiere algunos términos, no muchos, que el poeta destaca
singularmente, y que han de persistir en la obra posteior:
"luz matutina, alba radiosa, fuertes melodias, valle de
fecundado seno, frutos sazonados, perfume savaje de la tierra,
toro pasional, duces racimos, Abuelo... bueno y sencillo como un
dios pastoral". La violencia agresiva de los términos
encuentra ya la forma de imágen -desbocado movimiento o avance
de guerra- que luego se elaborará finalmente. Sobre estas
diversas realidades se impone una especial confusión de
movimiento, brillo y fuerza, que dificuta la integración del
poema.
Días como Flechas, 1926, afina las características anteriores ;
persiste, sin embargo, la desmembración del poema por el
desarrollo insistente y diverso de cada una de las imágenes que
debieran integrarlo: es ejemplo típico de un momento especial de
nuestra poesía, influenciada por los líricos imaginistas
franceses.
En Días como Flechas el poeta celebra la hermosura de lo creado,
aprendiendo a celebrarse a sí mismo, tema cercano y comprobable:
"En el corimbo rojo de la mañana -zumban tus colibríes ¡Maravilla!;
Mi alegría se vuela- y hace temblar el gajo reciente de la luz!;
Pastor de grandes cosas que se mueven, -yo conduje el rebaño de
los días piafantes." Elogio para las cosas y para el poeta,
instalado entre ellas con alegría de juego; se construyen asíterritorios
ideales, con objetos rescatados del undo de los días vividos; la
palabra sensualísima, a veces violenta; el poema pocas veces
recogido en sí mismo. Sin embargo, la necesidad de odenación
subyace en la pimerísima poesía de Marechal y se confirma en Días
como Flechas: "Todo está bien, ya soy un poco dios -en esta
soledad,- con este ogullo que ha tendido a las horas- una
ballesta de palabras..." Violencia para rendir los términos
poemáticos, exaltación acomodada a rigurosas noras dentro de la
libertad métrica -ritmo apropiado a la andadura intuicional que
caracteriza a estos poemas.
Odas para el Hombre y la Mujer, 1929, en la ascendente gradación
de los títulos, es obra de equilibrio que cierra una primera
etapa en la creación de Marechal. "Y edifique su imágen
según peso y medida" se define el poeta frente a Niña de
encabritado corazón , o celebra la mujer y su número,
-Faternidad gozada en las tres dimensiones. Sin peder su
sensualismo -Y a la manea de un vino paladear la mañana- el
poeta se serena; las comarcas líricas, elevadas en el elogio,
adquieren justas proporciones: Fructificaba el árbol con altura
de árbol- Y al sol el buey mugía con altura de buey.
Estas Odas identifican la mitologización del paisaje, constante
en la lírica de Marechal. Como un jóven y urgido Garcilaso, a
veces con heráldica prestancia gongorina, necesita que los
objetos de su territorio ideal -alegrías en selva, monte y mar-
consuelen la Ciudad, Para que baile junto al agua y su rio sea en
verdad el rio-de-la-plata. Ese afán mitologizador, a veces irónico,
a veces sentimental, casi nunca jardina elementos, le importa más
el equilibrio natural de lo creado.
Hasta Laberinto de Amor, 1936, el poeta había estado entre las
cosas y sus bellezas -¡Y vienen los llamados de toda criatura-
Dichos con el metal de voz de la hermosura!-, el canto lleno de
admiraciones súbitas o compentiativas. Laberinto de Amor
recuerda: "Si el corazón madura, va del rojo al morado.
Itinerario de encuentros con el Amor, "idioma puesto sobre
justa balanza, la simbología medieval se desarrola en el lento
ritmo de los pareados alejandrinos, como si Marechal hubiese
necesitado probar, en tema y forma escritas, imposiciones que él
mismo autocelebra.
Cinco Poemas Australes, 1937, es obra de ardor y movimiento
controlados, sabiduría retórica que no desfigura el contenido lírico.
Los cinco Poemas forman una especial elegía -sintetizada en Elegía
del Sur-, donde la recuperación del tiempo de la infancia
-pedido sabor y sed antigua- define lugares y hombres. Los temas
se ilustran en doble prestancia: prestigio de la belleza, o
tradición venerable que ciertos objetos comportan. Cuando la
ddoble lustración confluye, se destaca el valor más alto:
"Pero hermoso era el día y venerable- (tal un abuelo firme-
que aún se tiene a caballo)." Característicos son los
momentos en que el poema se va precisando hasta lograr la
eficacia celebrada: La luz, paloma de oro; otras veces se dá sólo
el resultado de esta condensación : la miel de la palabra
-cuando se pone de rodillas. Circunstancializaciones sensualísimas,
vibrantes de goce, irrumpen en todos los poemas: Y el caballo es
hermoso: -su piel relampaguenate; ¡Oh metales crueles, -oh ejército
animoso de la espuma!
Las realidades espirituales se sitúan en referencia a un mundo
cercanamente real; estas designaciones insisten en contados términos,
de antigua prosapia. En primer término la Biblia, especialmente
el Antiguo Testamento; luego los poetas españoles y americanos
-Garcilaso, Herrera, Góngora, Darío- que Marechal conoce con
detenimiento; pero lo caracterrístico de nuestro creador es la
densidad acumulativa de elementos, precisados con constancia. Por
ejemplo, las uvas y el vino, símbolos de fertilidad y
embriaguez, alegría de peso y color: "Tu corazón maduro y
ofrecido -como un racimo de uvas pesadas en el día- más alegre
del año; y hombre dado al silencio- como a un vino precioso, los
días borrachos que danzaban- sobre la loma de Maipú, en el
tiempo,-de las grandes cosechas; El mediodía es fuerte como un
vino, -jóven la luz, desmemoriado el cielo (característica
acumulación: fortaleza y embriaguez, juventud y desmemoria de
dolores). Otros objetos -sabor y fertilidad son sus
categorizaciones -imponen rasgos afirmativos: "Y la
benevolencia,- como una flor de sal, en tu mirada- se abre";
por eso se define al pez como "grosura de amor de las
aguas", y a la torcaz como "peso de amor del
aire". Los objetos elaborados por el hombre interesan
siempre que comporten antiguos prestigios, o se definan por la
nobleza del material: "Y perdurable como las maderas
antiguas -o los antiguos bronces castigados".
Zonas ideales, lujosas y complacidas, encubren una dualidadd,
tanto más dramática, cuanto mayor es el arraigo en el elogio.
"Dulzura de un tiempo adormecido y maravillosa destrucción
son los términos entre los cuales combate el poeta, comprobando:
"¡Esta fué nuestra culpa, la de haber olvidado -que la
tierra escondía su vejez entre flores! En la memoria de la
sangre el sentido de la destrucción se reconoce desde siempre,
pero se le opone lo victorioso, frecuentación ineludible. Si la
noche resulta: desconocida -ribera en cuyas ondas -el corazón
desnudo se miraba y temblaba", el día -antinomia
irreductible- era hermoso y perdurable; por eso el poeta se
aferra a las cosas, aunque sea agua que se pierde, disipación
de... cuerpos, ausente calor. Los elementos destruíbles no se
condenan: La tierra gris y el cielo rampante, ordena heráldicamente
este coodinado de valoaciones subjetivas.
Cotejo, el más insustituíble de los Poemas Austales, singulaiza
esa dualidad. La pimera estofa, como en casi todas las poesías
de Marechal, sintetiza el asunto y los pocedimientos fomales:
Vestida y adornada como para sus bodas
la Muerta va: dos niños
la conducen, llorando.
Y es en el mismo carro de llevar las espigas
maduras en diciembre.
Es el encuentro con la Muerte -nueva Danza de oposición
concentrada- visto en dos planos: la Muerta, vestida y adornada,
y dos niños, llorando, vida que adquiere conciencia de Muerte.
Las interrogaciones de la penúltima estrofa insisten en la
dualidad sustentadora de todo el desarrollo poemático: "Y
ese en el mismo carro de llevar las espigas -aduras en diciembre;
de ahí el contenido pormenorizado de las estrofas: "cuerpo
tendido sobre lanas brillantes; carro de los trigos maduros;
clavado en la pradera como una lanza de oro -fulgura el mediodía;
flores y linos que cecean -el idioma del viento; los dos niños
espectadores y actores, según el paréntesis estrófico que
resue cíclicaente el poea. La Muerte es considerada en realidad
de camino -va, se adelanta, la conducen-, frente a la perenne
coprobación de vida. La alternancia de alejandinos y heptasílabos,
marca el avance en cada estrofa, celebrando en obstinación de términos.
El poea A un doador de caballos consigna las pecisiones de mito y
compás que justifican la imposición del lírico, es coo su poética:
Cuatro elementos en guerra
forman el caballo salvaje.
Domar un potro es odenar la fuerza
y el peso y la medida:
Es abatir la vetical del fuego
y enaltecer la horizontal de agua;
Poner un freno al aire,
dos alas a la tierra.
En esta imposición de medida a lo libre, el poeta armoniza y tañe
seguridad de leyes. Por eso los poemas se apoyan en elementos
reales: belleza del sexto día se recuerda en el Buey, Bello,
como nacido del Amor arquitecto: amor y arquitectura en igualación
armónica. El poeta es también constructor, y con objetos
adquiridos en goce dispone lo que por eso mismo celebra: ¡Edificada
tarde!
Los mismos elementos se depuran en los heptasílabos de El
Centauro, 1940, nuevo itinerario hacia la Gracia, en donde
Marechal abrevia los términos de Laberinto de Amor. La nostalgia
mitológica de este poema ejemplifica temas decisivos en la
caracterización de nuestro poeta: cosmos ideal donde los térinos
se renuevan en frescura lírica, instalándose súbitaente
ennoblecido. Dentro del retono al poeta con argumento, característico
de la poesía contemporánea en lengua española, El Centauro se
diferencia por la precisión de circunstancias que sitúan los
momentos narrativos y la imposición de las actitudes: el Mito y
el Poeta, una triple interrogación -viaje, guerra, canto- al
mundo antiguo. La respuesta de Centauro -fin de las inquietudes
espirituales de Marechhal- alcanza la precisión peculiar de
todas sus definiciones, suma de términos que afirman variantes
temáticas y lingüísticas en unidad decisiva:
No esconde su dulzura
ni se rinde a las armas
del rigor o la astucia.
Porque sale al encuentro
de la sed que le busca:
Porque su canto hiere
las orejas nocturnas.
Hay otro tercer itinerario en la poesía de arechal, Sonetos a
Sophia, 1940, poemas que celebran un encuentro previsible en la
evolución espiritual del poeta, Su fe adura y su esperanza
verde. Variable y estrictamente construidos, estos sonetos
cierran otra culminación en la poesía de arechal: ahondamiento
metafísico de los temas, sin pérdida de las decisivas
felicidades de visión y de novedad expresiva.
Otros poemmas posteriores, como Nacimiento de la Elegía y los
perfectos endecasílabos de El Viaje de la Primavera, en la misma
modalidad de los poemas anteriores, alternan con un gozoso
retorno a las formas tradicionales de nuestra versificación
popular cantable: ejemplo, algunas de las Canciones Elbitenses.
Marechal, el más sabio en construcciones de los poetas
argentinos actuales, ha probado diversas imposiciones, salvando
las más incitantes facilidades. Temáticamente impuesto sobre
lugares y hechos de la tierra, ha impreso en ellos una prestancia
heráldica que lo singulariza en línea muy especial de la poesía
americana. Es, sin duda, nuestro más alto representante del
barroquismo americano, en el cual luchan violencia y contención,
desenfreno y medida, mostración poética de los motivos en que
parece satisfacerse su maestría.
Juan Carlos Ghiano.
Buenos Aires, Diciembre de 1949.
| En una tierra que amansa potros de cinco años el olor de tu piel hace llorar a los adolecentes. Yo se que tu cielo es redondo y azul como los Por otros arroyos los días descienden como piruguas. En un país más casto que la desnudez del agua Te levantarás antes de que amanesca Pizarás el maíz a la sombra de los ancianos Sentados en el craneo de buey (Junto al palenque los niños En una tierra impúber desnudarán tu canto Pero no es hora, duermen Y danza el humo de mi pipa |