OPÚSCULO ANTIDÓTICO
 por Joesi L. F.

 
"Este arte es un don de Dios que con él hace un regalo a los buenos."
Llul

"Dios ha comunicado el conocimiento a la operación a muy pocos y sobretodo
a aquellos que ruegan con grandes instancias y oraciones por este precioso don"
Basilio Valentín


  Es bien sabido, y conocido por incluso por el neófito menos impenitente, la preponderancia que los autores clásicos más difundidos (casi unánimemente) otorgaban al ente abstracto conocido como Dios y a la voluntad de este, en un afán religioso ciertamente moralizante y a menudo típicamente cristiano. No engrosaré este escrito con una miríada de extractos corroborantes de lo antedicho; sino que realizaré una síntesis de las principales premisas que se desprenden de esta índole de elucubraciones religiosas, a saber:

1. La sabiduría alquímica es, de forma ineluctable, inaccesible mediante procederes humanos laicos.
2. Dios somete al buscador a un severo examen de bondad, humildad y otras cualidades nobles.
3. Dios impregna de sapiencia a quien le ama y supera la premisa anterior.
4. La pleitesía, oración, plegarias y ruegos a Dios, potencian su condescendencia en la revelación.

  Aduciré, además, que son los propios iniciables los que careciendo de base hermética fundada pueden verse, y lo son de ordinario, enredados en la zarza cancerosa de la religión, sea cual sea esta. Pues estos iniciables, se aferran con manos suaves a todo aquello que de alguna manera pueda izarles hasta el barco hermético, siendo este ancla familiar, cercano y en ese momento considerado accesible, la religión, que termina por desgarrar los tendones de sus manos mientras sollozando ellos caen al vacío existencial. Ya que como se repite hasta la saciedad, los maestros se expresaron mediante enigmas alegóricos, y en palabras de Andrea Aromatico:

"(...) cuando en los textos clásicos de los adeptos aparecen pasajes incongruentes, largos capítulos de especulaciones metafísicas, descripciones cosmológicas y cosmogónicas, alegorías místicas y otros efugios, el lector no debería llamarse a engaño: no hay duda de que fueron incluidos en el texto para engañar al profano (...)"

o de Schroeder:

"Cuando los filósofos hablan sin rodeos, desconfío de sus palabras; cuando se explican por enigmas, reflexiono."

  Y no es necesario refundir más el hecho de la enquistación de múltiples añadidos francamente espurios con el fin de obnubilar, desorientar o desmoralizar al indigno. Cabe destacar, y es esclarecedor, el hecho de que los alquimistas más diáfanos y sinceros, especialmente los reputados modernos (entre los que destacan Fullcanelli, Canseliet, Alleu, etc) renuncien a toda actitud o presentación religiosa canónica sobre la alabanza a voluntades divinas y su mucho menos refiriéndose a ellas como Dios salvo como referencia a un extracto ejemplificador. Especialmente notorio en Fulcanelli, que admite confiesa no haber incluido en sus dos obras falacia alguna, y que se refiere a lo que otros tildan perpetuamente como Dios, bajo otros sobrenombres como "el Creador", "el Destino", o "el todo", entre otros,  términos más asépticos, mucho menos antropologizados y más cercano al verdadero espíritu hermético. Con la sinceridad contemporánea han muerto muchas plantas de bayas ponzoñosas, porque han desaparecido algunos de los sofismas reputados de antaño entre los que se encuentra la alabanza a Dios bajo tintes doctrinales.

"Cuando hablábamos abiertamente no decíamos (en realidad) nada. Pero cuando escribíamos en lenguaje cifrado y en imágenes ocultábamos la verdad"
Rosarium philosophorum

  Y sabido es por todo hermetista digno de tal calificativo que a la verdadera deidad no se le puede adscribir personalidad, carencias o debilidades propias de la humanidad, incluyendo entre esas debilidades la susceptibilidad frente a la adulación (premisas 3 y 4), lo cual hace ciertamente ímprobo el que los vetustos alquimistas en esa comunión pretendiesen sino condenar a los ingenuos al laberinto de su probablemente buena fe. En otro caso, sus exposiciones religiosas ajenas a la praxis personal y artística sólo entorpecían la lectura de sus escritos. El Arte nada debe ni se relaciona con la religión y las morales religiosas. Estas sólo constituyen una obstrucción al sencillo camino de la naturaleza. El filósofo por el fuego no es instrumento de la Alquimia; la Alquimia es su instrumento y de ella se sirve para ascender, y en general se debe mantener una actitud crítica hacia toda presumible emanación de la misma cuyo propósito no sea natural y armonioso con nuestra alma y ética, ya sean estas de base fanática, creyente, agnóstica o atea.
Osvaldo Pegaso, realizó la siguiente observación:

"Muchos teólogos se hallaban convencidos de que la filosofía hermética no se conformaba con el dogma eclesiástico y no se dejaban engañar por las frecuentes citas bíblicas de los alquimistas. La aparente modestia de los herméticos escondía un orgullo ofensivo, y sus enseñanzas indicaban un ideal diferente al señalado por la Iglesia (...) el concepto del bien, según los herméticos, no coincidía con el concepto que tenía la sociedad de este término, y los poderes seculares y espirituales estaban en duda de considerarlo, bien un sabio, bien un sacrílego impostor "

  Entonces, queda dilucidar el porqué de la decisión de incluir en el grueso de sus legados escritos estas referencias y consejos aparentemente inofensivos y bondadosos según el cánon social. Se descarta, por supuesto, que su único fin fuera el de la distracción sobre la auténtica materia a tratar, pues para esto cada autor empleaba resortes de ofuscación propios que no coincidían con los de los otros autores hasta el punto de un consenso tan vigoroso como el asentado en materia deífica. La respuesta dimana de las premisas expuestas al principio, y que revelan aspectos herméticos ignotos para el vulgo.

a. La sabiduría alquímica es, de forma ineluctable, inaccesible mediante procederes humanos laicos. Para comenzar reducían los candidatos a los creyentes de la religión más extendida, pues se consideraba que serían, en principio, más bondadosos en base a la religión que decían practicar.
b. Dios somete al buscador a un severo examen de bondad, humildad y otras cualidades nobles. De este grupo de creyentes ortodoxos, se apartaban también a los que no cumplían con su pretendida nobleza espiritual.
c. Dios impregna de sapiencia a quien le ama y supera la premisa anterior. Quedando sólo las auténticas almas bondadosas, esta cláusula complementa la anterior.
d. La pleitesía, oración, plegarias y ruegos a Dios, potencian su condescendencia en la revelación. De este reducido resto, se trataba de fomentar la paciencia y un sufrimiento innecesario que rompía los huesos a algunos.

"En el fondo, la Verdad es simple. (...) Sólo se encuentra en la Naturaleza y sólo se debe decir a personas de confianza"
Canseliet

  Los viejos y honorables hermetistas necesitaban casi desesperadamente una autoridad omnipresente y omniabarcante que actuara de vigilante simbólico (pero sugestivo para el crédulo). La figura de este vigilante artificial la encontraron en un maniquí llamado Dios, en unas épocas en las que la religión poseía una influencia mucho mayor que en la actualidad, por lo que de esta forma conseguían desviar a la mayoría de los que de antemano pretendiesen utilizar la piedra para la explotación ajena y el enaltecimiento egoísta propio, pues sabían que Dios no permitía tales agravios, y cesaban en su búsqueda; pues a pesar de todo, los beneficios derivados de la alquimia se puede emplear tanto para el bien como para el mal (lo que está arriba es como lo que está abajo) permitiendo actuar de acuerdo a cualquiera de los dos polos. De esta forma ingeniosa, y que tanta confusión causa en nuestros días se aseguraban en base a su propia moral benigna, que el iniciable era benévolo en esencia. Además, muchos adeptos alegorizaron el corpus alquímico con simbología y extractos bíblicos sólo para evitar que la fanática Iglesia de antaño persiguiera y calificase de herética su obra. La técnica del nacimiento de los metales es una, aunque sean muchas las formas posibles de explicarla en enigmas; bien con metales y minerales, bien con animales, cuerpos celestes u otros. Cualquiera de estas hipótesis pueden articular el motivo de la elección religiosa del material prescindible y gratuito de los tratados.

  Es notorio que estas argucias o apologías del propio criterio personal desorientaban a los carentes de base filosófica, o que no fuesen herederos de la cábala traditiva de la que hablaba Flamel, y que lamentablemente aún siguen siendo un plúmbeo postizo para algunos filósofos; postizo, que si bien no reprime la inspiración y estudio real, sí lo enturbia.

"A los tontos les señalas la luna y se quedan mirando el dedo"
Proverbio Zen

Espero, en todo caso, que estas palabras no sean mancilladas por la boca sin mente de la ignorancia, y que arrojen luz sobre los que estén dispuestos cambiar la luz de una vela por la luz áurea del Sol, aunque me conformaré si los induzco a la reflexión y a una revisión del mercurio con el que trabajan.