El descubrimiento fortuito, alrededor
del año 1000 de un texto breve y misterioso revolucionó el
pensamiento medieval: se dijo que contenía los arcanos de un saber
inmenso, tan antiguo como el mundo. La historia atribuyó su difusión
a la copia latina de un antiguo manuscrito árabe llegado a Europa
por extrañas vías. Estudios modernos han determinado su procedencia
de un original egipcio en lengua griega, que se remonta al siglo IV de
nuestra era. Sobre este texto aparecieron un sinnúmero de leyendas.
La más famosa explicaba que su autor mítico la había
inscrito sobre la esmeralda caída de la frente de Lucifer, el día
de la derrota del ángel rebelde: de ahí que se le diera el
nombre de Tabla Esmeralda. Antaño, como hoy, fue considerada el
texto fundador de la filosofía hermética, de esa extraordinaria
forma de saber a la que occidente dió el nombre del alquimia.
Os digo una cosa bien cierta. Lo que está
abajo equivale a lo que está arriba, y lo que está arriba
equivale a lo que está abajo, en lo que concierne a la realización
de los milagros de una obra única.
Y así como todas las cosas provienen del
Uno por la obra del Uno, así todas han nacido de esa cosa única,
por adaptación.
El Sol es us padre, la Luna es su madre. El viento
la ha llevado en su vientre, la Tierra la ha alimentado.
Ella es el principio de la perfección
en todo el mundo. Su poder es infinito cuando se ha transformado en tierra.
Sube de la tierra al cielo y desde el cielo vuelve
a bajar a la tierra, y restablece la unidad de las fuerzas de las cosas
superiores y de las inferiores: por esa vía, conquistarás
la gloria de todo el mundo y alejarás de ti todas las tinieblas.
Separás la tierra del fuego, lo sutil
de lo denso, lentamente, con gran arte.
Ella es una fuerza más fuerte que cualquier
otra fuerza, porque puede sobrepasar toda cosa sutil y penetrar toda cosa
sólida.
Así fue como se creó el mundo.
Son maravillosas las operaciones que de esta manera fueron realizadas.
Y aquí concluye lo que yo debía decir sobre la obra del Sol.