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Sacados del manuscrito de un filósofo
americano llamado Ireneo Filaleteo,
inglés de nacimiento, habitante del universo
Tomé una parte del dragón ígneo,
y dos partes del cuerpo magnético, las preparé conjuntamente
mediante un fuego de rueda, en la quinta preparación fueron hechas
ocho onzas de verdadero arsénico filósofico
Mi metodo consistia en tomar una parte de arsénico
filosófico muy bueno, que yo casé con dos partes de la virgen
Diana, y las uní en un solo cuerpo, el cual trituré y reduje
a partículas menudas; con ello preparé mi mercurio, trabajando
todo el conjunto al calor requerido, hasta que estuvieron muy bien obrados;
luego, purgué la composición mediante la sal de orina para
hacer que se desprendieran las heces, que recogí por separado.
Destilad tres o cuatro veces el mercurio preparado,
y que tenga aún alguna impureza externa, en un alambique apropiado,
con una cucúrbita calibrada, luego lavadlo con la sal de orina hasta
que se clarifique, y no deje ninguna cosa al correr.
Tomad diez onzas de sal decrepitada, y otro tanto
de escorias de Marte, o de hierro, con una onza y media del mercurio preparado;
triturad en un mortero de mármol la sal y las escorias, reducidlas
a particulas menudas; añadid entonces el mercurio; moledlo todo
con vinagre, hasta que esté tan bien mezclado que no se distingan
sus partes; Ponedlo en un recipiente filosófico de vidrio y destiladlo
en un alambique también de vidrio por mediación del nido
que le sirve de arena, hasta que todo el mercurio se sublime, puro, claro
y resplandeciente; realizad por tres veces esta operación y tendréis
el mercurio muy bien preparado para el magisterio.
Cada preparación del mercurio con su arsénico
es un aguila; cuando las plumas del águila han sido purgadas de
la negrura del cuervo, haced de manera que el águila vuele hasta
siete veces, es decir, que la sublimación se realice otras tantas
veces; entonces el aguila o la sublimación está bien preparada
y dispuesta para elevarse hasta la décima vez de un modo natural.
Tomé el mercurio necesario y lo mezclé
con su verdadero arsénico. La cantidad de mercurio fue de cuatro
onzas aproximadamente, e hice que la mezcla tuviera una consistencia ligera;
la purgué de la manera conveniente, luego la destilé, y me
dió el cuerpo de la Luna; lo cual me hizo reconocer que había
hecho mi preparación según el Arte, y muy bien.
A continuación, añadí y
aumenté a su peso arsenical del antiguo mercurio, tan pesado como
fue necesario para que ese mismo mercurio hiciera la composicíón
fluida y ligera, y lo purgué asi hasta que la negrura y las tinieblas
se disiparon, hasta que la Obra adquirió la blancura de la Luna.
Entonces tomé media onza de arsénico, cuya ligazón
necesaría realicé. Añadí esto al mercurio,
uniéndolo, formándose una materia dispuesta en forma de barro
de alfarero, aunque un poco más ligero. Lo purgué nuevamente
según la costumbre requerida. Esta purgación exigía
mucho trabajo; lo cual hice con un tiempo largo para la sal de orina, que
encontré muy buena para esta obra.