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"La Edad Media árabe fue un
periodo sombrío para los tesoros del Egipto antiguo; gran cantidad
de monumentos y de textos fueron destruidos. El inmenso Templo de Thot,
en Hermópolis, por no tomar más que un ejemplo, desapareció
totalmente. Si Champollion no hubiese intervenido ante Méhémet-Aii,
apóstol de modernismo y gran masacrador de viejas piedras, no
quedaría casi nada de edificios cuyo esplendor,
aunque herido y mutilado, aún nos fascina.
Pese a estos siglos de oscurantismo,
pillajes y destrucción, algunas páginas esenciales de la
espiritualidad faraónica han sobrevivido. Tal fue el caso, por fortuna,
de las Máximas de Ptahhotep, caso tanto más milagroso cuanto
que poseemos un ejempla completo de la obra, el papiro Prisse.
Este papiro inmortaliza el nombre
de un curioso personaje, Prisse d'Avennes (1807-1879), ingeniero, pintor
y dibujante, que se apasionó por el arte egipcio.
Residió largo tiempo en Luxor, donde
poseía un castillo y se hacía pasar por noble inglés.
Es sobre la ribera occidental de la antigua Tebas, la rica y poderosa capital
del Nuevo Imperio egipcio, donde tuvo la fortuna de comprar un papiro,
portador del único ejemplar completo de la enseñanza de Ptahhotep.
Así, en el siglo diecinueve, resucitaba el pensamiento del viejo
sabio.
Vino el tiempo de los eruditos, de los
Jéquier y los Dévaud, que publicaron el texto jeroglífico;
pero es al egiptólogo checo Zbynek Zába al que corresponde
el inmenso mérito de haber dado la primera traducción coherente
de las Máximas de Ptahhotep. Trabajando en condiciones materiales
muy difíciles, privado de utensilios tan preciosos como los diccionarios
y los léxicos de que disponemos hoy en día, llegó
a ofrecer una notable comprensión de este texto tan difícil,
del que ciertas
partes permanecen oscuras. Los estudios y las
traducciones posteriores a la de Zába, publicada en 1956, proporcionaron
muchas aclaraciones, tenidas en cuenta para nuestra traducción,
que generaciones futuras de egiptólogos mejorarán. Lo esencial,
en nuestra opinión, es que el texto de Ptahhotep permanece vivo,
que la transmisión, según el deseo mismo del viejo sabio,
no se interrumpa."
"¿Quién era Ptahhotep?.
Ptahhotep, «amado de Dios», había llegado a los ciento
diez años de edad cuando estimó necesario redactar una enseñanza,
al término de una larga carrera consagrada a servir al Faraón
y a Egipto. Portaba una serie de títulos, el más importante
de los cuales era el de visir; el término, que no es egipcio, fue
adoptado para designar al principal colaborador del rey, su primer ministro
por así decirlo. El visir accedía ritualmente a su cargo
por medio de una ceremonia iniciática celebrada en un templo, en
presencia de un número restringido de dignatarios; luego su misión
era proclamada en el país entero. A cargo de la justicia, y por
tanto de la traducción terrestre de Maát, la justicia divina
y celeste, debía velar por su aplicación en todos los dominios,
desde la necesaria rectitud de los tribunales hasta la buena marcha de
la economía.
La tarea del visir era aplastante; hombre
de deberes, y no de derechos, reinaba sobre una administración compleja
cuya eficacia aseguraba. Todos los días, rendía cuentas al
Faraón. Los visires de Egipto fueron hombres excepcionales; cuando
poseemos su testimonio, como el de Ptahhotep o el de Rekhmiré, visir
de Tebas en e Nuevo Imperio, nos damos cuenta de que concebían su
tarea como una función sagrada, y que su individualidad se borraba
detrás de aquélla. Ninguna búsqueda de
poder personal, ninguna avidez de dominio,
sino una extraordinaria voluntad de servir, y la conciencia afirmada de
la indispensable armonía entre lo espiritual y lo temporal.
El nombre del visir Ptahhotep, formado
de dos términos, Ptah y hotep, significa *(el dios) Ptah está
en plenitud*. Ptah reinaba sobre la capital del Antiguo Imperio, Memfis
la blanca, «la balanza de las dos Tierras»; patrono de los
artesanos, creaba el mundo por medio del Verbo. El término hotep,
«plenitud, paz, equilibrio», es el que mejor conviene para
designar a un sabio que ha llegado al ocaso de SU vida; el final del día,
donde el creador aparece bajo la forma de un sol que se hunde en el Occidente,
con una sinfonía de colores admirables, se llama precisamente hotep.
No tenemos ninguna anécdota sobre
Ptahhotep: fue visir, cumplió su tarea y redactó su enseñanza,
en la que evoca la conducta a seguir para volverse un hombre de rectitud
y mantenerse como tal.
Ptahhotep tuvo el privilegio de reposar
para la eternidad en la inmensa necrópolis de Saqqara, dominada
por la pirámide escalonada, pero su tumba no es identificada con
certeza, pues el nombre de Ptahhotep fue portado por numerosos sabios,
y sobre todo por dos visires que vivieron en la misma época.
El Ptahhotep de las Máximas fue
el confidente y colaborador del faraón Djedkarê-Isesi. Este
último, cuyo nombre significa «Estable es la potencia creadora
(ka) de la luz divina (Ré)», pertenece a la quinta dinastía,
y reinó poco después de mediados del tercer milenio a. de
C., veintiocho años según el Canon de Turín, cuarenta
según Manetón, historiador de la Antigüedad que consagró
una obra a las dinastías de los faraones.
Poseemos pocas indicaciones sobre este
reinado. El país era próspero, se consagraba a la práctica
de Maát, la Regla eterna, y vivía un bienestar tranquilo.
Djed-karê-Isesi envió expediciones
a las canteras del Sinaí y de Nubia, y a la región de Abu
Simbel, en donde se extraía una bella calidad de diorita. Canteros
y talladores de piedras estaban encargados de hacer llegar a Egipto bloques
perfectos para la construcción de los templos y de las moradas de
la eternidad. Los marinos de Djedkarê-Isesi navegaban al fabuloso
país de Ponto, donde recogían el incienso (sentjer, «lo
que diviniza»), utilizado durante los rituales.
Para el alma del rey fue edificada una
imponente pirámide que los árabes llamaron «la pirámide
del que acecha»; alza su masa arruinada, pero todavía imponente,
en la zona arqueológica de Saqqara sur, al sur de la pirámide
escalonada. Pese a algunas campañas de excavaciones, no es seguro
que el monumento haya desvelado aún todos sus secretos."
(1) 2 Sabiduría (o: enseñanza)
del
(4) director de la ciudad 3, el visir Ptahhotep,
(5) bajo la Majestad de Aquel del junco
y de la abeja 4, Isesi, que vive según la eternidad de los
ciclos y la eternidad del instante 5.
...........................
(36) La Majestad de este dios 17 ha dicho:
(37) En cuanto a ti, enseña (a tu
discípulo) la palabra de la tradición 18.
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(Notas del autor)
1 Los intertítulos y los títulos
de las máximas son de nuestra mano, pero corresponden a las
divisiones del texto egipcio.
2 Estos números corresponden a la
división del texto en versos establecida por el egiptólogo
Dévaud. Ello facilita a los especialistas la cita de los pasajes.
Nuestra traducción sigue el texto íntegro del papiro Prisse,
la única fuente completa. Si algunos números faltan [por
ejemplo, en estas primeras líneas, se pasa de (1) a (4)], es porque
los versos numerados (2) y (3) por Dévaud corresponden a otra fuente,
que traduciremos en nota (ver, por ejemplo, nuestra nota 3) cuando la variante
al texto principal suministre aclaraciones notables o procure un texto
diferente.
3 Literalmente: «el que está
en la boca». Variantes: «(enseñanza) que ha compuesto
el noble, el jefe, el padre divino, el amado de dios, la oreja de los seis
grandes tribunales, la boca que apacigua al país entero».
4 Es decir, el Faraón, el rey del
Alto y del bajo Egipto, simbolizados por el junco, material utilizable
en muchos dominios, y por la abeja, productora del oro vegetal.
5 La eternidad de los ciclos (djet) está
ligada a Osiris y al mundo subterráneo; la del instante (neheh)
a Rê y a la luz.
17 En este contexto, la palabra «dios,
potencia creadora» (net-jer), designa al Faraón mismo. No
se trata en modo alguno de idolatrías; nunca han creído los
Egipcios que un individuo, sometido al ciclo del crecimiento y la decadencia,
al juego de la vida y de la muerte, sea un dios. Pero la función
del Faraón es de origen divino; pensemos en la estatua de Keprén,
en el museo de El Cairo, donde se ve al rey sentado, majestuoso, con los
ojos alzados hacia el cielo; sobre su nuca, el halcón Horus. El
ser del más allá está unido a la envoltura humana:
es la ka del Faraón, su potencia creadora, lo que representa esta
estatua, no el individuo perecedero. El Faraón es el canal por el
que pasa esta divinidad; sin él, no hay lazo posible con el cielo,
ninguna armonía es posible sobre la tierra. Como bien subraya Ptahhotep,
no es un individuo cualquiera el que se expresa, sino el dios
presente en el Faraón.
18 Traducimos por «tradición»
la expresión kher-hat, «el antaño», «el
ayer», «el pasado», literalmente «lo que antecede»,
«lo que está antes». Volvemos a encontrar aquí
el doble sentido del término at, que significa también «comienzo»,
«principio».
Como los ancestros, la tradición
no está detrás de nosotros, sino por delante; es ella la
que nos enseña los principios de base de la sabiduría, en
el origen de una conducta recta. Quien olvidare el ayer, quien no tuviere
en cuenta la tradición, sería un ignorante, sin corazón
y sin pensamiento creador.
(42) Comienzo de las máximas de la
palabra cumplida,
(43) que ha pronunciado el noble, el jefe20,
el padre divino, el amado de dios, el hijo primogénito del Faraón,
de su cuerpo21,
(46) el jefe de la ciudad, el visir Ptahhotep,
(47) enseñando el conocimiento al
ignorante,
(48) y la ley de la palabra cumplida;
(49) esto será luminoso22 para el
que entienda,
(50) pero perjudicial para quien no las
entienda.
___________________________
(notas del traductor)
20 Traducimos repá por «nob1e»,
y hât-â (lit.: el de brazo preeminente) por «jefe»;
otros traductores proponen «conde», «príncipe»,
«responsable». Es difícil encontrar, en nuestras lenguas,
equivalencias que pudieran corresponder a las responsabilidades jerárquicas
y sociales que describen los términos egipcios.
21 Esta frase es de una importancia considerable.
Ptahhotep indica aquí, de la manera más clara, que es hijo
espiritual del Faraón, su discípulo fiel a la enseñanza
recibida; sin embargo, precisa «de su cuerpo», lo que podría
llevar a creer que es su hijo carnal. En realidad, el término utilizado
debe comprenderse como «corporación, entidad»; Ptahhotep
insiste para decir que
es un ser salido directamente de la entidad «Faraón»,
que forma parte de su «corporación» más próxima,
en tanto que hijo auténtico. Este tipo de expresión explica
por qué hay que ser muy prudente cuando se trata de establecer las
genealogías en el antiguo Egipto; siendo así que el marido
recibe el nombre de «hermano» y la esposa el de «hermana»,
muchos textos no deben ser tomados al pie de la letra.
22 «Util», «provechoso»
(akhet).
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*(42) Él (Ptahhotep) dice a su hijo
(espiritual):
(52) Que tu corazón no sea vanidoso
a causa de lo que conoces;
(54) toma consejo tanto junto al ignorante
como junto al sabio,
(55) pues nunca se alcanzan los límites
del arte24,
(56) y no existe artesano que haya adquirido
la perfección25.
(58) Una palabra perfecta está más
oculta que la piedra verde26;
(59) se la encuentra (sin embargo) junto
a los que sirven27 (que trabajan) en la muela28.
-----------------------------
*(el número 42 repetido viene así
en el libro, no es un
error)
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------------------------------
(Notas del traductor)
24 En el sentido de artesano, de capacidad
de trabajar la materia volviéndola bella y armoniosa, al servicio
de una idea simbólica. El personaje del artista moderno, esclavo
de sus compulsiones y que actúa al capricho de su fantasía,
es inconcebible en el Egipto antiguo. El arte es un rito, un acto esencial,
pues permite a la energía celeste y creadora encarnarse en una materia.
El escultor, por ejemplo, porta el nombre de «aquel que hace vivir»,
pues anima una materia aparentemente inerte, deviniendo la piedra el receptáculo
de lo divino.
25 Rendimos así akhou, que implica
los conceptos de eficiencia, de luminosidad del acto, de excelencia.
26 Se han propuesto numerosas identificaciones:
turquesa, malaquita, feldespato, esmeralda. El término utilizado,
oudjat, está ligado a la raíz que significa «crecimiento,
expansión». Este tipo de piedra era colocada bajo la protección
de la diosa Hathor,
encarnación del amor celeste. Se ve que
esta «piedra verde» es una especie de Grial; sin embargo, la
palabra perfecta es todavía más preciosa, pues sirve de vehículo
a la energía creadora en estado puro.
27 El término utilizado, hemout,
deriva de una raíz, hem, que es una de las más sorprendentes
de la lengua egipcia.
Aquí está implicada la noción
de «servir»; pero este mismo término es aplicado igualmente
al Faraón y traducido por «Majestad». De hecho, se trata
de una mala costumbre, pues también es el Faraón un servidor,
e incluso el primer servidor de su pueblo, ya que se halla en contacto
directo con lo sagrado y lo divino, que debe a continuación redistribuir
bajo la forma de bienestar moral y material. Un simple término,
como el de esta raíz hem, nos muestra la profunda coherencia de
la sociedad
egipcia y pone en evidencia su tejido metafísico.
28 La palabra utilizada es benout; ahora
bien, la raíz ben significa también «piedra primordial»,
«piedra original», es
decir, una de las primeras manifestaciones
de la creación. Sobre esta piedra se posó el Fénix,
el pájaro bendito. El
piramidión era una de las formas
aparentes de esta piedra única, conservada en el gran templo de
Heliópolis.
(39) Pueda él* actuar como un modelo
para los hijos de los grandes.
(40) Que penetren en él el entendimiento
y la justicia de todo corazón, de quien le habla,
(41) pues no existe sabiduría de
nacimiento19
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*(nota mía: él=el discípulo)
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(Notas del traductor)
19 Con esta fortísima conclusión
acaba el prólogo. Egipto piensa que ciertos individuos, en razón
de su condición de
nacimiento, querida por los dioses, son
incapaces de acceder a la sabiduría; como contrapartida, incluso
los más favorecidos por la suerte deben efectuar un enorme trabajo
para aproximarse a ella.
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(173) Al que está solo es a quien
Dios permite la mutación90,
(174) mientras que el dueño de un
clan familiar ruega (con ansiedad) que se tome su puesto91.
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(Notas del traductor)
90 El verbo utilizado aquí es muy
significativo; sekheper significa «hacer ser», «hacer
existir», «hacer devenir», «hacer crecer»,
y asimismo «criar» un hijo. Se podría por tanto traducir:
«es sólo al que Dios cría (como a su hijo)».
La idea está en relación
con la entrada en el templo; para viajar ahí de manera definitiva,
hay que estar libre de todo apego, asumir una cierta forma de soledad.
Este pasaje capital de las máximas de Ptahhotep es a menudo omitido
en las traducciones, y muy raramente comentado, pues se halla en contradicción
con la imagen humanista que se ha querido dar de la familia egipcia. Ptahhotep
no descarta la vida familiar, pero indica aquí sus límites.
Quien se apega exclusivamente a los valores familiares, no puede ir hacia
Dios, o, dicho de otro modo, hacia el templo.
91 Para ouhyt, «clan familiar»,
ver Revue d'egyptologie 26, p. 57, nota 7. Quien tiene a su cargo una familia,
se preocupa de su sucesión y del bienestar de sus hijos; no hay
apenas posibilidad de que se desprenda de esta forma de realidad.
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(186) Sigue tu corazón101 durante
el tiempo de tu existencia,
(187) no cometas excesos en relación
con lo prescrito102,
(188) no abrevies el tiempo de seguir al
corazón103.
(189) Desperdiciar104 su momento de acción
(del corazón) es la abominación de la ka105
(190) No desvíes tu acción
cotidiana
(191) de manera excesiva en el mantenimiento106
de tu casa107.
(192) Las cosas advienen, sigue al corazón108;
(193) Las cosas no aprovecharán
al negligente109.
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(Notas del traductor)
101 Traducir esta expresión por «haz
lo que te plazca, diviértete» es un contrasentido. El corazón
es el órgano inmaterial de la conciencia, un vaso capaz de recoger
lo sagrado. «Seguir el corazón», es respetar nuestro
deseo espiritual, llevar una existencia en conformidad con aquél.
102 Ptahhotep, y muchos otros textos egipcios,
insiste sobre la necesidad de la justa mesura. No actuar correctamente
en relación con la Regla es una insuficiencia grave, pero observarla
en exceso haría caer al individuo en el dogmatismo y el fanatismo.
103 En toda existencia humana hay un tiempo
para vivir una aventura espiritual y abrir nuestra conciencia a lo sagrado;
abreviar este tiempo en provecho de otras tareas condenaría al hombre
a no franquear la puerta del tribunal del otro mundo.
104 Hedji: «hacer mal, desobedecer,
destruir, desperdiciar».
105 En ciertos momentos, los rituales por
ejemplo, la conciencia humana está en contacto con lo sagrado; desperdiciar
estos momentos es una pérdida de energía catastrófica.
106 Gereg: el término implica las
dos ideas de «fundar» una casa y de mantenerla.
107 El ser que vive una experiencia espiritual
no debe trabajar más de lo que conviene en asumir tareas materiales
en las que dispersaría su energía. Lichtheim traduce: «no
dilapides tu tiempo en tareas cotidianas más allá de la educación
de tu casa».
108 Pase lo que pase, sean buenos o malos
los acontecimientos, el sabio «sigue el corazón», es
decir, su conciencia de lo esencial. No se deja aprisionar por la materialidad,
no se deja envolver ni por la suerte, ni por la desdicha. El corazón
es el órgano del equilibrio interno, nacido de la comunión
con lo sagrado.
109 Si no hay que desperdiciar la energía
en las tareas materiales, tampoco hay que ser sefa, «negligente,
perezoso». Quien descuidara sus obligaciones materiales se manifestaría
igualmente indigno de ser un sabio, pues sucumbiría bajo el peso
de las tareas no cumplidas. Ni pereza, ni agitación: cualquiera
que sea el caso, el exceso es una traba.
181 Nefer, «bueno, cumplido».
182 El verbo nehem, «librarse de,
quitar, levantar», es determinado por un personaje que sostiene un
bastón. Esta liberación, por tanto, es concebida como un
serio esfuerzo, e incluso como un combate; djout, «el mal»,
implica también la noción de tristeza, de soledad dolorosa.
183 Âoun ib. El término âoun
implica también la rapacidad, el deseo de hurtar algo a alguien,
la voracidad. Un mal así corroe el alma y condena a muerte a la
conciencia, pues la avidez es insaciable.
184 La palabra enfermedad es khat, en relación
con «cadáver» «masacre»; hay que comprender
el término como una enfermedad fatal que conduce inevitablemente
a la muerte. La noción de «incurable», betjou, se aplica
a un mal galopante que el médico es incapaz de tratar.
185 Ha de comprenderse: una enfermedad
del interior para arrancar su raíz, y por tanto penetrar en ella.
Lichtheim traduce: «no hay para ella tratamiento».
186 Si es que hay que leer bien el verbo
sebin. Faulkner traduce «alienar, alejar»; Zába y Lichtheim:
«confundir».
187 Tjaout: «conjunto, acumulación,
montón, reunión, compuesto». El sustantivo está
formado por la raíz tjaou, «coger, atrapar, quitar».
188 El verbo ouah significa «ser
duradero, vivir largo tiempo», pero también «ser ponderado».
Pensemos aquí en una analogía con el concepto del hara extremo-oriental,
según el cuál el hombre es equilibrado y duradero si posee,
en su fuero interno, cierto «peso» espiritual. El ser «ponderado»
es dueño de sí mismo.
189 Âqa: «aplicar correctamente».
Conocer la regla, Maât, no basta; hay que ponerla en práctica
de manera directa, leal y precisa (âqa).
190 Nemtet, «marcha» (a seguir),
con la idea de dar grandes zancadas.
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(428) Si eres grande tras haber sido pequeño280,
(429) y si haces fortuna281 tras haber
sufrido la miseria282 anteriormente,
(431) en la ciudad que conoces,
(432) no evoques gimiendo283 lo que con
anterioridad sucedió.
(433) No pongas la confianza de tu corazón
en la acumulación de bienes materiales,
(434) pues lo que te ha sido otorgado es
un don de Dios.
(435) No estarás por detrás
de otro, tu semejante, que haya vivido similar suceso.
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280 Âa, «grande» (que
puede tener un sentido peyorativo), opuesto a nedjes, «pequeño»
(que puede designar simplemente una condición humilde). En esta
«grandeza» social se corre siempre el riesgo de manifestar
una vanidad de la que el sabio debe desconfiar.
281 Literalmente: «si haces cosas»,
en el sentido de acumular bienes.
282 Gaou: «carecer, estar privado
de», con el sentido primero de «ser estrecho, carecer de espacio».
283 La antigua traducción de Zába,
«al contrario (?) de lo que adquirías anteriormente»,
reposa en una mala lectura.
Faulkner propone «no te jactes».
Nuestra interpretación se funda sobre la lectura sesha, «suplicar,
implorar» (Faulkner, Concíse Dictionary, 247), que presenta
la ventaja de no corregir el texto.
(507) Si has escuchado las máximas
que acabo de transmitirte,
(508) todos tus designios irán hacia
delante.
(509) Su rectitud, es su riqueza;
(510) su recuerdo camina en la boca de
los hombres
(511) a causa del carácter cumplido
de su discurso coherente.
(512) Se debe transmitir cada palabra
(514) a fin de que no perezca nunca en
este país.
(515) Que una máxima sea formulada
para el bien
(516) de suerte que los notables hablen
de ella.
(517) Es enseñar a un hombre lo
que debe decir a la posteridad.
(518) El que eso escucha, deviene un artesano
al escuchar.
(519) Es bueno formular para la posteridad;
es la que oirá eso.
[...]
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-------------------
(534) Es útil escuchar para el hijo
(espiritual) que escucha.
(535) Si el acto de escuchar sin cesar
penetra en quien escucha,
(536) el que escucha deviene el que entiende.
(537) Cuando la escucha es buena, la palabra
es buena.
(538) Quien escucha es el maestro de lo
provechoso,
(540) escuchar es provechoso al que escucha.
(541) Escuchar es mejor que nada,
(542) (así) nace el amor perfecto.
(543) Qué bueno es que un hijo acepte
lo que dice su padre;
(544) portador de este mensaje, alcanzará
gran edad.
(545) Dios ama al que entiende;
(546) quien no entiende es aborrecido de
Dios.
(550) Es el corazón quien hace nacer
su maestro
(551) como el que entiende o el que no
entiende.
(552) Para un hombre, su corazón
es vida, prosperidad y salud.
(553) El que escucha es el que entiende
lo que se dice,
(554) el que ama entender, el que consigue
lo que es dicho.
(556) ¡Qué bueno es que un
hijo obedezca a su padre!
(557) Qué dichoso para aquel al
que se le dice:
(558) «un hijo, es benévolo
en tanto que poseedor de la capacidad de escuchar.
(560) El que escucha, el que dice esto,
está bien dispuesto en su fuero interno
(561) y bienaventurado con su padre
(562) Su recuerdo subsistirá en
la boca de los vivos que están en la tierra o que lo estarán.
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(588) Un hijo que entiende es un seguidor
de Horus
(589) y es bueno para él haber entendido.
(590) Cuando es viejo, alcanza el estado
de bienaventurado.
(591) Que transmita el mismo mensaje a
sus niños
(592) renovando la enseñanza de
su padre.
(593) Todo hombre recibe la enseñanza
de acuerdo con su acción;
(594) pueda él efectuar un acto
de transmisión hacia sus niños.
(595) de suerte que ellos puedan hablar
a sus niños.
(596) Forma el carácter, no des
curso libre a la destrucción,
(597) consolida la rectitud y tu descendencia
(espiritual) vivirá.
(598-9)En cuanto al primero que viniera
portando el desorden,
(600) puedan los hombres decir lo que verán:
(601) «¡Eso es conforme a este
miserab1e!».
[...]
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(Texto 12)
(608) No quites una palabra y no la añadas,
(609) no pongas una cosa en lugar de otra,
(611) ten cuidado de romper las trabas
que hay en ti,
(612) presta atención a lo que dice
el que conoce las cosas.
(613) «Escucha, (si) deseas
(614) perdurar en la boca de los que entienden,
(615) habla (solamente) cuando hayas alcanzado
la maestría del artesano;
(616) si hablas de manera cumplida,
(617) tu manera de vivir será recta».
(638) El Faraón está satisfecho
de todo lo que se ha producido419;
(639) puedas tú adquirir años
de vida420.
(640) No es pequeño lo que he realizado
sobre la tierra.421
(641) He adquirido ciento diez años
de vida
(642) que el Faraón me ha concedido.
(643) Las alabanzas deben ser preeminentes
para los ancestros422,
(644) porque actuar rectamente para el
Faraón conduce al lugar donde se realiza el estado de bienaventurado423
(645) Es ir de un comienzo a un final,
(646) conforme a lo que fue encontrado
por escrito424.
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(Notas del autor)
419 El Faraón ha leído el
texto de Ptahhotep y ha manifestado su satisfacción.
420 El verbo utilizado es itj, «tomar,
prender por la fuerza», lo que implica un vigoroso esfuerzo por adquirir
tantos años de vida. Ciento diez años, como precisa más
abajo, es la edad tradicional de los sabios.
421 Sher, «pequeño, magro,
corto». Ptahhotep no da pruebas de vanidad, sino que quiere señalar
que la sabiduría que ha recibido y transmitido es de una gran importancia.
422 O bien: «los honores sobrepasan
a los de los ancestros».
423 Quien cumple Maât para el Faraón,
mediador entre el cielo y la tierra, y no para sí mismo, deviene
un ser de luz.
424 Estas dos últimas frases se
deben al escriba que ha recopiado la enseñanza de Ptahhotep, y que
precisa que ha respetado bien el texto, original, transmitido íntegramente.