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Nos en-contramos ante uno de los artefactos más representativos del símbolo, cuya identidad habla y se desenvuelve en un idioma que tiene muy poco que ver con el lado racional e intelectivo del hemisferio izquierdo del cerebro. Este hecho determina que cuanto más "racional" sea el acento que una persona pone en su actividad cerebral -acento que se expresa en la forma de hablar, en la utílización de la imaginación y la capacidad creativa-, tanto más impacto, respeto e incluso desprecio le causará la lectura de sus símbolos. En este contexto racionalista se suele pensar que las reflexiones derivadas de su lectura están más bien dirigidas a crédulos incultos que a "gente seria".
En la sociedad actual el Tarot ha sido muy devaluado de su históríco contenido iniciático, relegando su uso al mundo oracular o de la adivinación; con la proliferación que todos conocemos de echadores de cartas. Y sucede que cuando cualquier ciudadano pasa por un estado de angustia, tiene muy pocas oportunidades de conseguir una expansión a través de los servicios convencionales u ortodoxos de "ginecología psiquica" que este sistema económico y social pone a su alcance.
Hasta hace muy poco tiempo, los sacerdotes (etimológicamente,
"hacedores de lo sagrado") se ocupaban de las aspectos evolutivos y atemporales
de los fieles que, a través de la confesión y rituales destinados
a sus áreas rnentales, simbólicas y transpersonales, equilibraban
energéticamente a la persona en crisis. Estos ministros de lo atemporal;
a la manera de chamanes tribales, balanceaban lo concreto de la vida mundana
con lo abstracto de la vida sagrada, y equilibraban. Los aspectos científicamente
demastrabtes con el poder de la fé que se encierra en los códigos
centrales y programas profundos que subyacen impresos bajo el neocórtex
del hombre.
En la actualidad son los psicólogos y
los psiquiatras quienes poseen el atributo oficial de encargarse del "cambio
interior" de aqueIlos que, por una razón u otra, bascan algo más
allá de los roles que la sociedad propone como satisfactarios. La
solución de los psicológos ha producido resistencias entre
las personas que simplemente están en crisis y no se considerán
"locas", y que además saben que deberán preparar un importante
presupuesto mensual -para costear una psicoterapia de meses o de años.
¿Qué es lo que le queda al ciudadano
en plena revolución interior y que tan sólo precisa de "un
ajuste"? Posiblemente comenzar a desconfiar del sistema cientifista y estar
atento a todo lo que le suene a humanista. Quizás alguien le hablará
de una "echadora de cartas" y, tarde o temprano, se decida a pedir hora
para curiosear.
Este hombre o mujer, posiblemente; no sabrá
que las características evolutivas de la persona que "lee" las cartas
del Tarot son absolutarnente determinantes en la calidad de las "semillas"
que inseminará en la mente del visitante, tanto consciente como
insconsciente. Es por ello que aquel que busca códigos más
amplios de expresión existencial. Deberá acceder, sobre todo,
a lectores de Tarot positivos que no proyecten su propia visión
negativa y que además, creen y orienten caminos neuronales de esperaranza
y opciones más amplias y expansivas que sirvan de analgésico
para el alma y ayuden a mirar en una dirección mucho más
sana y objetiva.