|
La Altamira fue también un espacio artístico
con varias áreas de decoración. Al analizar la distribución
espacial
de
pinturas y grabados conviene tener en cuenta el aprovechamiento
de la arquitectura de la cueva y las modificaciones de origen
natural que se han producido en la misma. Atendiendo a la topografía,
estructura natural y relación entre arte y soporte, hay
tres tramos bien diferenciados:
- Áreas de entrada. Antes del cierre natural de la entrada
y de la construcción de las muros de contención
que
separan es vestíbulo de la primera sala, el conjunto principal
de pinturas y grabados (sala I) era de una prolongación
abierta del área de estancia hasta la que incluso llegaba
algo de luz exterior. Es la única zona decorada en que
se asocian y superponen casi todas las técnicas empleadas
en el arte de Altamira (grabado, dibujo en rojo, pintura roja,
dibujos en negro, policromía y pinturas negras modeladas.
El panel está situado en un techo ligeramente inclinado (buzamiento de 10 grados en dirección S.) correspondiente a la cara inferior de un estrato en la que algunos de los polícromos se inscriben aprovechando relieves naturales.
- Por el contrario, en las galerías II a IX la mayor
parte de las figuras se
ubican
en cornisas correspondientes a antiguas superficies de fractura
de bordes de estratos calizos originadas por los desprendimientos
gravitaciones que formaron -y siguen afectando- a la cueva. En
ellas aparecen sobre todo grabados y pinturas negras.
- La galería X o "Cola del Caballo" presenta una disposición en pasillo, con grabados y pinturas negras en las paredes y el techo. Algunas de ellas parecen presentar un cierto esquema compositivo, en que se integran varias "mascaras" en emplazamientos especiales. Las técnicas utilizadas siguen siendo el grabado y la pintura negra, aunque en las llamadas "mascaras" la intervención del artistas se apoya en formaciones naturales.