Descubrimiento

Las circunstancias y el anecdotario del hallazgo de la entrada por Modesto Cubillas en 1868, y del yacimiento arqueológico por Marcelino Sanz de Sautuola en 1875Cuaderno Marcelino (primeras excavaciones) y 1879 (pinturas policromas) son sobradamente conocidas.
La polémica sobre la antigüedad de Altamira debe ser además contemplada en el contexto de varios hechos no menos polémicos de unos años en que las discusiones científicas tenían un fuerte trasfondo ideológico. Las causas de la no aceptación de la antigüedad (y, por tanto, de la autenticidad) de Altamira hay que buscarlas también en la ausencia de cualquier evidencia estratigráfica. La aceptación de Altamira se produjo en el momento en que en Francia fueron localizadas pinturas y grabados cubiertas por niveles arqueológicos del Paleolítico Superior (cuevas de Pair-non-Pair, Font de Gaume, etc). No obstante, frente a la discrepancia e incluso la hostilidad de diletantes y de fundamentalistas, Marcelino Sanz de Sautuola contó con el respaldo de varios destacados científicos, entre los que destacan Augusto González de Linares -Catedrático de Biología e introductor del darvinismo en España- y Juan Vilanova y Piera, catedrático de Geología de la Universidad Central.
Augusto Gonzalez de LinaresLa publicación en L'Anthropologie por parte de E. Cartailhac de su conocido artículo: "Les cavernes ornées de dessins, la Grotte d'Altamira (Espagne). Mea-culpa d'un sceptique" (1902), no sólo supuso la aceptación oficial, Juan Vilanova y Pierasino también la apertura de una autentica carrera de descubrimientos a partir de actuaciones individuales (Alcalde del Río, Lorenzo Sierra, H. Breuil y el propio E. Cartailhac) que pronto dieron paso a iniciativas institucionales (Institut de Paléontologie Humaine, Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas). En la actualidad el número de cuevas cantábricas decoradas se acerca al centenar.