Investigación, uso social y conservación

Los tres desafíos más importantes de Altamira, que no necesariamente tienen que estar contrapuestos, son su conservación, la investigación de sus contenidos y el acceso de la sociedad al conocimiento de los mismos.
Tanto el medio subterráneo como la estructura de la cueva se encuentran amenazados por agentes naturales y antropogénicos, estos últimos derivados directamente de la propia presencia humana o de las modificaciones estructurales introducidas para facilitarla. Algunas de ellas son anteriores a su descubrimiento, como las canteras que se explotaban junto a la cueva en el siglo XIX y la propia estructura tabular de las calizas en que se abre, que a lo largo de su historia geológica hace que la cueva evoluciones de manera natural hacia su destrucción.

Pero el problema de la conservación de Altamira ante todo está íntimamente ligado a la incidencia directa (la propia presencia humana) e indirecta (obras de iluminación y acceso) de las visitas públicas. Entre las primeras, las voces de alarma surgieron a raíz de la deteccíon de alteraciones en el microclima subterráneo y en la presencia de formaciones vegetales o calcáreas sobre las paredes. La afluencia de visitantes produce aumento de la temperatura y de la cantidad de anhídrido carbónico y la disminución de humedad. Estos cambios se manifestaron en el desprendimiento de pequeñas escamas y en la aparición de neoformaciones y cristales de calcita (mal blanco) sobre el techo. La introducción de contaminación biológica desde el exterior es lo que dá lugar a la formación de colonias de bacterias, hongos y algas (mal verde).

También el medio interior ha sufrido importantes modificaciones de origen natural y de origen humano: derrumbe y taponamiento de la entrada, desprendimiento de bloques en diferentes galerías, construcción de muros de contención y refuerzo, excavaciones arqueológicas y del suelo, etc. El resultado es una cavidad con una planta y perfil sensiblemente diferentes a lo conocido y utilizado por sus ocupantes paleolíticos. Como dato, baste señalar que la sala original de entrada ha pasado de unos 3.000 m3
a los 300 a que ha quedado reducida la sala de los polícromos.

La filosofía de estas actuaciones parte de dos principios: necesidad de compatibilizar la conservación de la cueva con la legítima aspiración de la ciudadanía a conocer el patrimonio de su pasado, y el convencimiento de que esa conservación es inviable en el marco de un régimen de visitas similar a de comienzos de los 70. Una esas alternativas es la construcción de facsímiles, como los realizados en Lascaux.

La idea de reproducir Altamira apareció ya en 1928 -ciertamente de una manera voluntarista-, en que el Prof. Hugo Obermaier intentó gestionar una posible réplica del techo de los polícromos con destino al Field Museum de Chicago. El primer proyecto materializado fue la copia existente en la Sala de la Prehistoria de la Tecnología Química del Deutsches Museum de Munich, elaborado entre 1952 y 1962. En principio esta copia no tenía una relación directa con la conservación sino con la experimentación en el empleo de colorantes, pero no dejaba de señalarse el riesgo de deterioro producido por el elevado número de personas que entraban en la cueva.

El proyecto en que se trabaja a partir de los años 80 desde el Ministerio de Cultura (hoy integrado en el Ministerio de Educación y Cultura) supone una remodelación del espacio museístico que incluirá una restitución del panel polícromo y parte de la sala de entrada original.

Con ello se pretende la restitución del aspecto de la cueva antes de los procesos naturales (desprendimiento y cierre de la boca) y de las intervenciones humanas para reforzar la estructura y facilitar las visitas. La idea de esa neocueva -con boca, vestíbulo y sala de los bisontes como un ensanchamiento de éste- permitirá que los visitantes tengan una idea mucho más real de cómo era la vida cotidiana en la boca de la cueva, del territorio terrestre y marino que se controlaba desde ellas y de la proximidad del "gran panel" al exterior. De todas formas, no se trata de una innovación. ya que esta filosofía de "restitución" del aspecto "físico" de la cueva durante el Paleolítico estuvo presente en todos los proyectos manejados en el Patronato de Altamira e incluso fue dada a conocer con motivo de la publicación de un volumen conmemorativo del centenario del fallecimiento de Marcelino Sanz de Sautuola.

La larga historia de la reproducción se ha ido retrasando por ausencia de voluntad política o de patrocinio para hacer frente a su elevado coste. El Consorcio creado en 1997 por el Gobierno de Cantabria, el Ministerio de Educación y Cultura y la Fundación Marcelino Botín, ésta última como mecenas, ha permitido la puesta en marcha de un proyecto que habían sido aparcado en varias ocasiones.

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