Utilización paleolítica

Altamira fue un lugar de ocupación paleolítica como hay otros muchos en Europa Occidental, y que su excepcionalidad radica únicamente en una parte de sus pinturas rupestres.
En Altamira hay dos tipos de evidencias: un área de asentamiento y varias áreas de decoración. Su entrada fue frecuentada como lugar de habitación de una manera intermitente por grupos de cazadores-recolectores. La decoración aparece en varios puntos de la cueva, pero el papel principal es el de la llamada "sala de los polícromos", que en realidad no es literalmente una sala, sino una parte del vestíbulo.
La información arqueológica de Altamira se refiere a un intervalo de tiempo relativamente corto (como máximo dos milenios) en que la cueva fue varias veces frecuentada en distintas épocas del año. Hay dos tipos de evidencias conservadas, el yacimiento arqueológico de ocupación, y unas 250 figuras parietales (pinturas y grabados). La ocupación paleolítica se limitaba a la sala de entrada, en una tramo en que la anchura original de la boca (unos 15 m) permitía aprovechar la luz exterior y la protección del techo y las paredes rocosas.
Las representaciones rupestres prácticamente aparecen en la totalidad de la cueva, Repartición de temas y tecnicas. LEYENDA: Policromía (Rojo); Grabados (azul); Pintura roja (verde); Pintura negra (negro).a lo largo de la cual se observa una repartición aparentemente no aleatoria de temas y técnicas. Sólo en la sala I, la mundialmente conocida como "Capilla Sixtina del Arte Prehistórico" se superponen diferentes técnicas y estilos que culminan con las famosas pinturas polícromas. El resto de la cueva contiene pinturas o grabados en varios tramos: galería I (la conocida "sala de los polícromos"), galerías II-IX y "cola del caballo (galería X).

El yacimiento arqueológico del área de estancia fue objeto de excavación por parte del descubridor de la cueva, Marcelino Sanz de Sautuola, entre 1875 y 1880, por E. Harlé en 1881, Hermilio Alcalde del Río en 1904, H. Obermaier (1924-25) y, más recientemente, por Joaquín González Echegaray y L.G. Freeman (1980-81). Las distintas campañas indican la existencia de varios niveles de ocupación con materiales pertenecientes a dos tecnocomplejos del Paleolítico Superior: el Solutrense Superior y el Magdaleniense Inferior.
La evidencia paleoeconómica indica la explotación del territorio inmediato a la cueva en todas las épocas del año, incluido el invierno. En ambos periodos está documentada la existencia de masacres de manadas de ciervos (restos de individuos de diferentes sexos y edades), la caza de varias especies de ungulados (grandes bóvidos, caballo, cabra, rebeco) y la pesca de río y estuario. En el Magdaleniense hay además una intensa actividad marisquera de roquedo (lapas, bígaros).
Para el Magdaleniense de Altamira se dispone de dos fechas de C 14 convencional obtenidas de carbones de las excavaciones antiguas y de los trabajos de la década de los 80, que han dado resultados de 15.500+700 BP y 15.910+230 BP respectivamente. Por su parte, los recientes análisis AMS de las piezas del yacimiento han proporcionado fechas del 14.520+260 BP y el 14.480+250 BP. Para el nivel solutrense, la única datación AMS, procedente de un objeto óseo de arte mueble corresponde al 18.450+320 BP.
La relación entre determinadas fases de las pinturas y grabados del yacimiento cuenta con algunos datos estratigráficos relevantes, como la presencia de los mismos recursos estilísticos tanto en el arte rupestre como en el arte mueble. En este sentido hay que destacar la presencia de algunos omóplatos de ciervo con representaciones grabadas del mismo animal cuyas cabezas aparecen sombreadas mediante técnicas y convenciones idénticas a las de algunas figuras rupestres. Recientemente se han conseguido fechas de C 14 por acelerador de una de esas obras de arte mueble del nivel magdaleniense: 14.480±250 BP.